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Fue el último gran cantante de opereta de prestigio
internacional. Trasladado a Francia con su familia durante la guerra civil
española, se quedó definitivamente a vivir allí. En 1944 comenzó a
frecuentar los repertorios de la Opéra Comique y Francisco López lo
eligió como protagonista para el estreno de su opereta La bella de
Cádiz, a la que siguieron títulos como Andalucía o El cantor de
México, que le hicieron muy popular en Francia durante la década del
cincuenta. Para entonces realizó diversas grabaciones y protagonizó
películas (Fandango y, sobre todo, Violetas imperiales, con Carmen
Sevilla) que resultaron éxitos rotundos.
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