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Considerado
unánimemente sucesor del gran Enrico Caruso, durante las décadas de los
veinte y los treinta no tuvo rivales entre los grandes tenores italianos.
Había nacido en Roma, y su carrera comenzó con su triunfo en una
prestigiosa competición internacional que se realizó en Parma en 1914.
Tenía un sonido de tenor agudo y sobresalía en las partes de lírico y
spinto. Incorporó numerosos papeles protagonistas, de los que los más
memorables fueron su interpretación de Nemorino (L’elisir
d’amore), del duque de Mantua (Rigoletto),
del caballero des Grieux (Manon Lescaut)
y de Mario Cavaradossi (Tosca). |