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Abandonó su
carrera universitaria para dedicarse exclusivamente a cultivar su
magnífica voz de tenor como discípulo de Irma González en el
Conservatorio Nacional de México. Debutó en el Palacio de Bellas Artes
en el papel de Jaquino del Fidelio de
Beethoven, y en 1974 se trasladó a Europa para perfeccionarse en la
Musikhochschule de Munich con Erik Werba y Richard Holm, dedicándose
especialmente al repertorio mozartiano. Obtuvo grandes éxitos con
Così fan tutte en el Festival de Aix-en-Provence de 1977 y en
el de Salzburgo de 1982. Se distinguió también en el papel de Tamino de La
flauta mágica y en el de Belmonte de El
rapto en el Serrallo, que fue su carta de presentación en la
Metropolitan Opera House de Nueva York en 1982. Sin abandonar este
repertorio, lo amplió progresivamente a partir de 1983 y en la actualidad
se lo considera también un destacado liederista por sus importantes
grabaciones de temas de Schubert.
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