Lily Pons

Nace en Cannes (Francia) el 12 de abril de 1898.Se llamaba Alice Josephine Pons. Estudió piano en el Conservatorio de París, y posteriormente educó su voz con Alberto de Gorostiaga, que había sido valet del tenor Florencio Constantino. Debutó en Mulhouse con "Lakmé", en 1928. Luego siguieron giras por provinicas de Francia, durante una de las cuales Giovanni Zenatello y su esposa María Gay tuvieron ocasión de escucharla; inmediatamente la recomendaron a Giulio Gatti-Casazza, quien le dio una audición, y la aprobó como artista del Metropolitan, no si reticencias. Su debut en el Metropolitan se produjo el 3 de enero de 1931 como protagonista de "Lucia di Lammermoor", junto al Edgardo de Gigli, con quien cantaría después "La Sonnambula". Luego siguieron Gilda, en "Rigoletto"; Rosina, en "Il Barbiere di Siviglia"; Olympia en "Les Contes de'Hoffmann"; Philine en "Mignon"; la protagonista de "Lakme" y "Linda di Chamounix; la reina Chemakham en "Le Coq d'Or"; y Marie en "La Fille du Regiment". Sin embargo, fue Lucia su personaje talismán; lo cantó en la sala neoyorquina más de cien veces. En 1931 debutó también en el Teatro Colón de Buenos Aires como Lucía. Interpretó después "Il Barbiere di Siviglia", "Lakmé" y "Rigoletto"; volvió en 1932, 1934 y 1938. Sin embargo, su hogar artístico fue siempre el Met -casi trescientas funciones en veintiocho años-. Fueron muy escasas sus presentaciones fuera de allí. Entre ellas se pueden citar la Rosina que cantó en el Covent Garden, y la muy criticada Violetta que abordó en San Francisco en 1951 y 1952. Se retiró de la escena en 1959. Muchos años antes había adquirido la nacionalidad americana. Fue esposa del director de orquesta André Kostelanetz. Lily Pons falleció el 13 de febrero de 1976, en la ciudad de Dallas (EE.UU.) Una voz cristalina y extendida hacia el agudo, sumada a una grácil figura y simpatía personal, constituyen los pilares del formidable éxito de Lily Pons. Una desbordada publicidad contribuyó a hacer de ella casi un monstruo sagrado del canto; tanto fue así que en la década del '40 se la llegó a considerar como la mejor cantante del mundo. Tenemos a nuestra disposición la discografía completa de la cantante, con grabaciones para las compañías Odeón, Víctor, His Mater's Voice y Columbia. Consideramos que las realizadas para las dos primeras, hasta 1931, son las más satisfactorias y justifican el crédito que se le dio en el Met. Posteriormente la voz se volvió vidriosa y quebradiza; la técnica, audaz, pero desprolija al extremo; al afinación, en general, precaria. Es sorprendente que siendo una soprano ligera, lo más destacable de su canto son los adagios, realizados con timbre parejo y con ese dejo casi imperceptible de nasalidad del idioma francés. A ellos seguían un despliegue de pirotecnia vocal, casi siempre ilógica y en general fuera de estilo. A partir de 1940 se hace difícil distinguir si la cantante ejecuta un trino o es una nota común a causa de un vibrato excesivo. En el plano interpretativo no se la puede juzgar más severamente que a sus colegas de la época, ya que lo que importaba era el acrobatismo vocal. Pensamos que puede haber sido una excelente Lakmé, Olympia o la reina Chemakahn; también oímos un "Rigoletto" grabado privadamente en 1939, donde junto a los consabidos excesos se aprecia una sensibilidad acorde con el carácter de Gilda. Su Lucia di Lammermoor está completamente pasada de moda, y la grabación que hiciera al final de su carrera no la favorece en absoluto.

 

Discografía