Geraldine Farrara (1882-1967)

Pese a que debutó en Berlín con sólo 19 años incorporando la Margarita de Fausto, de Gounod, y se formó en Europa, especializándose en los repertorios italiano y francés, su apogeo coincidió con su retorno a los Estados Unidos, donde había nacido y donde se convirtió en la primera gran diva de la ópera norteamericana. Parece ser que algunas imprecisiones disminuían el nivel de calidad de su canto, pero su hechizo escénico unido a su belleza y a una figura estupenda, le granjearon un ejército de fanáticos admiradores que la convirtieron en uno de los primeros ídolos del Metropolitan Opera House. En los últimos años de su carrera se especializó en los papeles de soprano spinto, entre los cuales se le recuerda una espléndida Leonora en La forza del destino, de Verdi. Se retiró en 1922, cuando se encontraba en la cumbre y no volvió a cantar nunca en público, lo que sin duda contribuyó al aura legendaria que rodea su carrera. Ya en la madurez de su vida escribió una interesante autobiografía: Such sweet compulsion (1938).

 

Discografía