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Fue el primero de
los grandes divos rusos que hizo una carrera internacional y se convirtió
en el arquetipo legendario de los grandes bajos profundos. Deslumbró a
Europa occidental con la producción itinerante del Boris
Godunov, montada por Sergei Diaghilev y, de hecho, su soberbia
actuación favoreció el ingreso de esta ópera en el repertorio clásico.
Independizado de Diaghilev, recorrió múltiples escenarios europeos y
americanos encarnando papeles que hizo célebres, como el de Mefistófeles,
tanto en la ópera del mismo nombre de Arrigo Boito, como en el Fausto
de Gounod, o el protagonista de Don Quichotte,
de Massenet. Cuando se retiró escribió dos interesantes libros de
memorias: Páginas de mi vida (1926) y Hombre y máscara (1932). |