Lo de los autobuses urbanos, bien mirado, tiene mucha miga. Si nos atenemos a la cantidad de anécdotas que rodean el mundillo ‘autobuseril’ extraemos material para escribir un libro o preparar un montón de ‘sketches’ parodiando una realidad que supera, casi siempre, la ficción.
De autobuses ya os he contado unas cuantas. Va otra.
En mi ciudad, Santander, han colocado hace tiempo unos postes informativos en las paradas de autobuses municipales donde aparecen los números de las líneas y el tiempo que falta para que pasen por la parada en cuestión.
Bien. Hasta ahí, todos diremos, ‘jo, que modernos son en esa ciudad. Que gusto de alcalde’. Bueno. Eso es porque no habéis visto el cartelito que acompaña a esos datos. Lleva más de un año con la leyenda “Poste en pruebas”… (y el que haya pensado lo del alcalde, ya le diré yo, ya).
La cosa es que antes, sin poste, cuando tu autobús tardaba, pues te encabronabas. Claro que sí. Pero era un encabronamiento sano, espontáneo, natural. Empezabas a soplar, a mirar a lo lejos a ver si lo veías venir, a moverte de un lado para otro… Ahora, con el poste, puedes programar tus cabreos. Ahora puedes ver lo que falta para que llegue tu autobús, con lo que puedes dosificar tus soplidos, tus movimientos, tus blasfemias…
Claro. No falta quien mira cada 20 segundos el poste de las pelotas, como si por mirarle más se fuese a recortar el tiempo. Las personas mayores son las que más uso hacen del postecito. Lo miran y lo requetemiran. ¿Y esas marujonas (sí, de las que ya hemos hablado otras veces) que van con 30 bolsas del mercado oliendo a verdura y a pescado (ellas, no las bolsas)?. Su relación con los dichosos postes es muy interesante. Parece ser que por alguna extraña razón, estos postes tienen algo que ver con las madres de los conductores de los autobuses. Me explico.
Miras el poste. Para que pase el 1 faltan 9 minutos. Comienzan los marujeos… ‘pero si ha pasado uno hace ya como 10 minutos’, ‘más coches tenían que poner, que mira cómo vamos a estas horas, como sardinas en lata’, ‘pues yo llevo 20 minutos esperando el 5’, ‘ay, hija, qué me vas a decir a mí que llevo desde las 12 esperando el 14’… y así incesantes frases llenas de números y combinaciones. Joer, que parece un bingo.
De repente, donde antes ponía 9 minutos pone de repente 15. ¿Qué pasa?. Ay Dios la que se monta. Ahora los comentarios más o menos se van unificando. Curiosamente, como decía antes, todas las señoras empiezan a acordarse de la madre del conductor de ese coño autobús que debe venir a 5 km/h.
A todo esto, la parada llena de gente, claro, cogiendo lugar privilegiado en la ‘pole’ para ver si pueden subir las primeras. Ya puedes haber llegado hace 20 minutos, que la última lista en llegar es la gilipollas que primero se sube (asco de ciudadanos, oye).
Total. Que llega el bus cuando se le pone en los huevos. O vamos, cuando tiene que llegar. Osea, como cuando no había poste. Que llegaba y se acabó. El tráfico es impredecible, ya se sabe. Y ahí es cuando toda esta gente le echa la granizada de turno al conductor, que lógicamente echa balones fuera…
¡Anda!. Si te fijas en el poste, sigue diciendo que faltan 3 minutos para que pase el 1, y resulta que acaba de pasar. Osea, como para fiarse. Funciona de maravilla el poste de las pelotas.
Pues ale. Que sigan todos mirando la pantallita. Y los de la empresa de transportes municipales que se decidan; o funcionan como Dios manda y quitan el puñetero cartel de “Poste en pruebas”, o que quiten directamente el poste, que además no deja ver si viene el autobús a lo lejos, como hacíamos siempre….