BARBARA HENDRICKS en México

por Erick B. Zermeño Morales

 

Después de más de siete años de no volver a México, pudimos escuchar nuevamente a la soprano estadounidense nacionalizada sueca, Barbara Hendricks el pasado 21 de noviembre en el Teatro del Palacio de Bellas Artes.

Acompañada por la UBS Verbier Festival Youth Orchestra fundada en el 2000 en Suiza al mando de Paavo Järvi se ofreció un concierto conformado por la obertura de La flauta mágica y el vals de Eugene Onieguin para después del intermedio ejecutar la primera sinfonía de Mahler.

Quien fuera la única alumna de Maria Callas que destacó después de las famosas Master Classes de Juillard, la artista se notó cansada vocalmente y con varios kilos de más.

Comenzó con el Porgi amor de Nozze para continuar con el Dove sono, en donde ya no se escuchó aquella belleza y naturalidad en el timbre que alguna vez la caracterizaran. Más bien ahora prevalecía su técnica sobre el sentimiento para dar paso a notas de pecho e inseguras así como un fiato cortado.

En estas arias se evidenció un desgaste en el registro central perjudicado por el paso de un exceso de aire, lo que produjo que sus resonadores no funcionaran plenamente. Fue como recordé la frase de Elisabeth Schwarzkopf quien señalaba que al cantar Mozart todo queda al desnudo a pesar de una buena técnica.

Después del vals de Eugene Onieguin, Barbara interpretó con mucho más soltura el aria de la carta de Tatyana en la cual se pudo notar el engrosamiento natural que ha tenido su voz, la cual ahora tiende hacia el registro grave.

Como encore, ofreció el Come scoglio de Così fan tutte en donde, después de haber calentado más la voz, mejoró bastante su técnica en los registros para interpretar un aria endiabladamente difícil, lo que en mi opinión, fue lo mejor de la noche.

Se despidió de México con un canto espiritual negro que llenó de aplausos el recinto pero que por tristeza no llegó a convencer como lo hizo la vez anterior para dejarnos pensar que la Hendricks ya tiene que pensar pronto en un retiro digno.