"IL TROVATORE"en Córdoba (Argentina)

por Gustavo Gabriel Otero

 

Córdoba (República Argentina), 23 de noviembre de 2001. Teatro del Libertador. Il Trovatore. Opera en cuatro actos. Libreto de Salvatore Cammarano. Música de Giuseppe Verdi. Iluminación: Francisco Sarmiento. Vestuario: Teatro Colón. Escenografía: Roberto Montes. Dirección Escénica: Eduardo Rodríguez Arguibel Orquesta Sinfónica de Córdoba. Coro Polifónico de Córdoba. Director del coro: Gustavo Maldino. Elenco: Darío Volonté (Manrico), Silvia Ranalli (Leonora), Leonardo López Linares (Conde de Luna), Vera Cirkovic (Azucena), Nino Meneghetti (Ferrando), Claudia Cugnini (Inés), Gerardo Martínez (Ruiz), Marcos Nicastro (un viejo gitano), Andrés Perotti (un mensajero). Dirección general: Fernando Alvarez.


Fin de Temporada:
Con la puesta en escena de "Il Trovatore" de Verdi ha llegado a su fin la Temporada Lírica del 110 aniversario del Teatro del Libertador de Córdoba.
Se programó la trilogía popular verdiana (Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore) la ópera Aurora de Héctor Panizza y la Misa de Réquiem de Verdi.
Son varios los hechos destacables de este temporada lírica cordobesa, en primer lugar el haber sido el único teatro lírico estatal que programó una ópera de autor argentino (Aurora), en segundo lugar el haber sido el que más obras de Verdi (cuatro) programó en este año del centenario de su fallecimiento en la Argentina (tres óperas más el Réquiem), mientras el Colón programó tres obras (dos óperas: Attila y Falstaff y el Réquiem), el Teatro Roma de Avellaneda tres (Alzira, Ernani e Il Corsaro), el Teatro Argentino de La Plata una (las fallidas representaciones de Stiffelio) y el Teatro el Círculo de Rosario una (Nabucco), y en tercer lugar destacamos la coherencia artística, el cumplimiento estricto de las fechas y elencos, la respuesta del público (he visto gente de varios lugares del país que ha viajado especialmente a las distintas representaciones), la seriedad de las propuestas y la acertada elección de los protagonistas en los que priman los mejores artistas argentinos residentes en el país y en el exterior.
Creemos que todo esto se debe al maravilloso equipo que, a pesar de las estrecheces y restricciones presupuestarias, trabaja en el Teatro del Libertador, en especial a su director profesor Carlos del Franco y a su responsable musical el maestro Fernando Álvarez. Recordemos que hasta hace dos años se efectuaban representaciones líricas esporádicas sin ninguna repercusión y en sólo este tiempo el Teatro del Libertador se ha convertido por derecho propio en el segundo Teatro Lírico de la República. Felicitaciones y esperemos que a ningún político se le ocurra cortar esta primavera lírica que está teniendo Córdoba, con los típicos argumentos falaces de los políticos devenidos en funcionarios culturales. ¡Bravo y adelante!

Il Trovatore:
A pesar de ser perfectamente sabido no está demás recordar que el libreto de "Il Trovatore" no es de los más afortunados en la historia de la ópera, entre otros conocidos motivos porque la historia no sólo ocurre en el escenario, sino entre acto y acto, con lo que se hace necesaria la presencia de un narrador que nos vaya contando lo que ha ocurrido, no sólo desde antes de empezar la ópera sino desde que cayó el telón por última vez y hasta que éste vuelve a levantarse; todo esto hace una ópera bastante absurda y con un argumento de los más confusos y complicados que se puedan encontrar.
El sobretitulado al idioma del lugar ayuda bastante para suplir los problemas de la historia.
Pero lo que más hace para que el espectador se olvide de las carencias argumentales es la gloriosa música que Verdi escribió para este drama, cada vez que se escucha la obra surgen unas melodías de una fuerza increíble; desde la obertura al grito E vivo ancor del Conde de Luna, con el que termina la ópera, se van sucediendo páginas y páginas de músicas memorables, de esas que han hecho de la ópera un genero imperecedero. Hay pocas escenas de Il Trovatore que un aficionado no se sepa de memoria de principio a fin.

La versión:
Se presentó una muy buena versión de la obra, con un elenco parejo y sin fisuras, sostenido por la clara batuta de Fernando Álvarez, cuyas virtudes de musicalidad y vuelo expresivo son harto conocidas en nuestro medio.
La escenografía de Roberto Montes, un muro de piedra presente en toda la obra al que se le agregan diversos elementos según las escenas, confirió un marco adecuado al desarrollo del drama. La escenografía fue hábilmente iluminada por Francisco Sarmiento. Adecuados resultaron los trajes cedidos por el Teatro Colón.
Eduardo Rodríguez Arguibel trazó un movimiento escénico inteligente y creativo que ayudó a la comprensión de la acción teatral, muy bien las escenas de conjunto y destacamos que se notaba un trabajo serio de preparación previa.
Es sabido que Darío Volonté encara los personajes operísticos con una entrega total, con un canto visceral y heroico. Su voz es pareja, corre en toda la sala y tiene un volumen apreciable. Todas estas cualidades se reeditaron en este "Manrico", aunque notamos su voz un poco fatigada, tal vez fruto de las extenuantes agendas de presentaciones que tiene que cumplir un tenor internacional como él.
Su entrega al personaje fue creciendo a medida que transcurría la representación, teniendo su punto más alto en la famosa "Di quella pira" del tercer acto, que fue coronada por grandes ovaciones del público del cual es favorito.
La soprano romana Silvia Ranalli, debutante en la Argentina, tiene una línea de canto genuinamente verdiana. Compuso una apasionada "Leonora", interpretó adecuadamente el aria "Tacea la notte placida" del primer acto, destacándose especialmente en "D'amor sull'ali rosee" del cuarto acto. Algunos agudos estridentes no opacan su buena labor.
El joven barítono Leonardo López Linares, en la que consideramos su mejor actuación de las que hemos visto, compuso un muy buen "Conde de Luna" desde lo vocal. Canta con convicción y buenos recursos, no es difícil augurarle, si persevera en el estudio, refina su canto y se preocupa un poco más de lo actoral, una brillante carrera como barítono verdiano, ya que tiene todo para serlo.
Vera Cirkovic impresiona con su extraordinaria presencia escénica y dramática, aunque su canto no pasa de la corrección, el resultado final fue una buena Azucena.
Nino Meneghetti aportó su veteranía y autoridad vocal al papel de Ferrando.
Buena la "Inés" interpretada por la cordobesa Claudia Cugnini y correctos los otros comprimarios.
Muy bueno el desempeño del Coro Polifónico de Córdoba y de la Orquesta Sinfónica dirigidos, respectivamente por Gustavo Maldino y Fernando Álvarez.

En suma: una muy buena representación de una obra inmortal de Verdi.