| "EL CIMARRÓN " (México) |
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por Luis Gutiérrez |
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'El Cimarrón' en la ciudad de México. Noviembre 20, 2001. Producción e iluminación Sergio Vela Esteban, el Cimarrón Guillermo Ruiz Hans Werner Henze (n. 1926) es, sin duda, uno delos compositores de ópera más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Entre sus 13 óperas destacan 'Boulevard Solitude' (1952), 'The Bassarids' (1966) y 'We come to the river' (1976). Henze estudió en la connotada escuela de Darmstadt, cuna del movimiento serialista musical. Sin embargo, desde 1950 se independizó de tal movimiento buscando su propia forma de expresión. El texto de 'El Cimarrón' de Magnus Enzensberger está
basado en el libro homónimo de Miguel Barnet, en el que se
narran las aventuras y conceptos del esclavo fugitivo, y por ello
llamado cimarrón, Esteban Montejo. La obra está dividida
en dos partes, la primera es una narración de la vida del esclavo,
primero como tal y después como cimarrón en el monte
cubano. En la segunda parte Esteban nos cuenta su descripción
de personas y hechos que 'El Cimarrón' es una pieza de teatro para cuatro músicos, barítono, flautista, guitarrista y percusionista. La inspiró el percusionista de la Orquesta Sinfónica de Chicago Stamu Yamashita y fue realizada a sugerencia de Benjamín Britten quien la hizo estrenar en el Festival de Aldeburgh de 1970. Henze la dedicó al músico cubano Leo Brower, cuya influencia es notable en la escritura para guitarra. La obra también tiene influencias de música no considerada como clásica, como es el caso del cha-cha-cha cuyo ritmo es tan adecuado para la flauta, que culmina muy sensualmente la descripción de Las Mujeres. De la interpretación musical solo puedo decir que me impresionó
muy favorablemente la del barítono mexicano Guillermo Ruiz,
cuya agradable voz jamás dejó de escucharse bien en
los largos 75 minutos sin descanso en los La producción de Sergio Vela estuvo dominada por algunas de sus ideas que empiezan a ser una especie de leitmotiv, tales como la proyección de sombras humanas en una pantalla al fondo del escenario, así como un manejo brillante de los colores. Por supuesto, siendo Don Sergio un wagneriano irredento, la obra empezó con un círculo de fuego mágico que anunciaba la pureza del esclavo. Salvo por la proyección de las imágenes en la pantalla, realizadas por el bailarín que Vela empleó, en mi opinión el resto de la coreografía fue totalmente innecesaria. El texto de la obra, traducido afortunadamente al español,
suena gastado o mas bien fuera de época por las continuas alusiones
a la crueldad de los colonizadores, los españoles, y de los
liberadores, los "gringos", muy en |