| REQUIEM de Verdi en Córdoba (Argentina) |
|
por Prof. Juan A. Smith |
|
Giuseppe Verdi: "Messa da Requiem". Solistas: Patricia Gutiérrez (soprano), Alejandra Malvino (mediosoprano), Arturo Valencia (tenor), Gui Gallardo (bajo-barítono). Coro Polifónico de Córdoba (director: Gustavo Maldino), Coro Polifónico de Río Cuarto (director: Jorge Di Renzo), Coro de Cámara de Córdoba (director: Carlos Flores). Orquesta Sinfónica de Córdoba. Director: Francisco Rettig. Teatro del Libertador de Córdoba (Argentina), 9 y 11 de noviembre de 2001. El Teatro del Libertador de Córdoba (que viene llevando a cabo una entusiasmante temporada lírica internacional, con grandes éxitos como los de "Rigoletto" con Marcelo Álvarez, "Aurora" de Panizza con Darío Volonté, "La traviata" con Eteri Lamoris y próximamente "Il trovatore" con la dirección del maestro Fernando Álvarez) tocó su punto más bajo del año con esta versión de la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi. El cuarteto de solistas vocales convocados pareció interesante, aunque no puede decirse que los cantantes que intervinieron posean "voces verdianas" en el sentido más estricto del término. El eslabón más frágil pareció la soprano Patricia Gutiérrez, artista argentina muy meritoria y de buena voz, pero de emisión poco franca y centros carentes de "squillo". Los argentinos Alejandra Malvino y Gui Gallardo cumplieron con una correcta labor. Malvino posee una notable voz, algo acontraltada, que emite con destreza y ductilidad; Gallardo, veterano cantante de amplia trayectoria internacional, aportó su fraseo noble e inspirado y su voz aún sonora. El mexicano Arturo Valencia cubrió la parte de tenor solista. De meritorios antecedentes artísticos, pareciera que su voz (brillante y de bellísimo timbre) es más apta para Donizetti, Bellini y el Puccini más lírico, que para las obras de Verdi, que requieren un peso vocal que este artista aún no posee. Nos gustaría escucharlo en una obra que haga más justicia a sus medios. Los coros oficiales de la Provincia de Córdoba hicieron lo que pudieron. Se trata de voces en su mayoría no operísticas y por ende poco habituadas a las exigencias extremas de tesitura y dinámica que Verdi requiere a los cantantes. El sonido que provenía de la masa coral, musicalmente bien preparada por los maestros Maldino, Di Renzo y Flores, era siempre claro, chato, mal apoyado y poco incisivo; en otras palabras, nada verdiano. Sin embargo, el problema mayor de esta versión fue la orquesta y, más aún, el director invitado en esta oportunidad para hacerse cargo del Requiem: el chileno Francisco Rettig. Siempre correcto a la hora de dirigir cierto repertorio sinfónico, sorprende lo lejano que se encuentra el maestro Rettig de la estética de la música vocal italiana. Con "tempi" singularmente poco adecuados y matices que parecían pertenecer más a Brahms que a Verdi, Rettig dirigió una versión apagada, sin vuelo, carente de dramatismo y, nos atreveríamos a decir, de emoción alguna. Más ocupado por obtener claridad en los ataques orquestales que por infundir a los solistas y coreutas algún tipo de intención interpretativa, Rettig logró que esta obra maestra sonara aburrida e intrascendente. Nos preguntamos: ¿qué necesidad hay de exponer a un
artista profesional y respetable como Rettig a un repertorio que no
domina en lo absoluto y que, en todo caso, no hace más que
poner en evidencia sus límites como director y su falta de
frecuentación de la música vocal italiana? Creemos que
respetar a nuestros intérpretes musicales implica también
permitirles mostrarse en el repertorio que mejor manejan. |