CELOS AÚN DEL AIRE MATAN

por Bong

 

Celos aún del aire matan, de Juan de Hidalgo

La ópera de apertura de la temporada tiene que ser algo sonado y pomposo. Pues no, en el Real de Madrid parece que no se enteran y han optado por ponernos en primer lugar la recuperación de ópera española de turno. Y nos tocaron estos celos.

Por partes, a esta ópera hay que acercarse con cuidado, ya que tiene música prebarroca y texto de Calderón. La música se mueve en una especie de eterno recitativo animado por ritmos populares, y al pentagrama parece que le faltan unas líneas por arriba, ya que todo se mueve sin una nota más alta que otra. Esto hace que es una ópera que se puede hacer pesada al no habituado a escuchar este tipo de música. Y efectivamente se hizo pesada ya que la dirección musical no hizo mucho por marcar contrastes. Por su parte, el texto es calderoniano y farragoso a más no poder, buscando siempre efectos literarios. Si a todo esto le añadimos el que juntaran en un solo acto las dos primeras “jornadas” en las que está dividida la historia (una hora y tres cuartos) yo, particularmente, encontré pesadísima la ópera. Y reconozco que durante la segunda jornada (el final de la primera parte) estaba más pendiente de mantenerme despierto que de seguir la ópera. Afortunadamente tras el descanso, con la mente más despejada, llegó el momento más bello de la partitura, un aria lamento de Pocris, la protagonista, que merecería una difusión independiente, una pura maravilla. La música desde este aria hasta el final fue lo que realmente levantó la representación y nos convenció a la conclusión de que habíamos asistido a una gran función y a la recuperación de una buena ópera.

En el terreno vocal tuve la supuesta desgracia de asistir al segundo reparto (este año los del turno B somos los desheredados del Real), que se movió en una simple corrección destacando sólo la portagonista Pocris al final (lo lamento, no recuerdo el nombre).

Finalmente la puesta en escena de Pier Luigi Pizzi fue lujosa, elegante y detallista, pero no fue nada que no se hubiera visto ya en el terreno de la ópera barroca: columnas, perspectivas, elementos astronómicos, mármol negro ... muy bonito todo pero quizás demasiado visto. No obstante, fue un elemento definitivo para hacer más vistosa esta ópera que, por mucho que se empeñen, no es para abrir una temporada.