Antonio Florio y la Capella della Pietà de´ Turchini en Bellas Artes

por Erick Zermeño Morales
Revista Pro-Opera

 

También como parte del Festival Internacional Cervantino tuvimos la suerte de escuchar a una de las agrupaciones más importantes de la actualidad dedicada al repertorio barroco napolitano.

La cita fue en el Teatro del Palacio de Bellas Artes los pasados días 14 y 15 de octubre, en donde La Capella della Pietà de´ Turchini, dirigida por Antonio Florio, ofreció un concierto de escenas de algunas de las joyas de la edad de oro de la ópera bufa napolitana.

Con una discografía de varias óperas completas para el sello Opus 111 que es cada vez más creciente, Florio se ha destacado por su labor de rescate de estas rarezas, por lo que él y su agrupación, fundada en 1987, se han convertido en unos especialistas de este repertorio y han dado la vuelta al mundo para mostrar lo valioso y amplio de éste.

Dicho género deriva de la famosa Commedia dell´arte y tuvo su auge en los teatros de Nápoles en donde destacaron nombres que ahora son muy poco conocidos desde que surgió el Conservatorio della Pietà, llamado de´ Turchini por los atuendos turquesas que utilizaban los alumnos, en el cual se formaron gran parte de los compositores de renombre de la época.

Para debutar en México, Florio y La Capella escogieron una serie de escenas pertenecientes a diversas óperas que fueron cantadas soberbiamente por un grupo de destacados artistas.

En primer término, tuvimos a la soprano Roberta Andalo que tiene un timbre sencillo y con bajo volumen al igual que el tenor Giuseppe de Vittorio, aspectos que pasaron a segundo término debido a la gracia constante que demostraron a cada momento.

No fue así en cambio con la voz baritonal de Giuseppe Naviglio cuyo timbre corría muy bien por toda la sala sustentada en una buena técnica y dicción. La gesticulaciones del tenor Rosario Totaro hacían más pintoresco el texto que cantaba y confirmaban el estilo grandilocuente del género que es sumamente divertido.

La noche fue de la soprano Maria Ercolano con un instrumento singular y de gran calidez, el cual se revestía por un timbre brillante que podría resultar muy satisfactorio para una Contessa de Nozze o una Servilia de Clemenza di Tito. Su interpretación fue plena y muy satisfactoria, por lo que ojalá podamos volverla a escuchar pronto en vivo.

El programa se conformó por escenas y concertanti de diversas óperas como Alessandro de compositor anónimo; La Finta Cameriera de Gaetano Latilla; Lo Matremmonio (sic) de Francesco Grillo, Lo Cecato Fauzo de Leonardo Vinci, Pulcinella vendicato de Giovanni Paisiello; Il fanatico per gli Antichi Romani de Domenico Cimarrosa; La Locandiera de Pietro Auletta, entre otros números.

Como encores ofrecieron el dueto de Dorina y Don Calascione de la Finta Cameriera de Latilla y para probar su castellano interpretaron la Seguidilla a cinco voces del español José de Nebra, partitura que Florio consiguió por un contacto en Zaragoza, la cual causó una agradable sorpresa.

La ovación no se hizo esperar y el público les agradeció de pie la emotividad y jocosidad de sus interpretaciones, lo que en mi opinión convirtió esta presentación, al igual que el de La Petite Bande, en lo mejor del 2001.