"El rapto del serrallo" en el Bellas Artes con la Petite Band

por Erick Zermeño Morales
Revista Pro-Opera

 

Por segundo año consecutivo nos visitó La Petite Bande de Sigiswald Kuijken, pero esta vez con todos sus integrantes, para ofrecer como ópera-concierto El rapto en el serrallo de Wolfgang Amadeus Mozart los días 11 y 12 de octubre.

La ejecución, que podría considerarse como uno de los grandes acontecimientos operísticos del 2001, se llevó a cabo en el Teatro del Palacio de Bellas Artes en donde pudimos apreciar como pocas ocasiones el deleite que transmitieron cada uno de los integrantes de la orquesta gracias a su conocimiento especializado y pasión constante.

Fue una pena observar la falta de concurrencia por la escasa difusión que tuvo este evento de tan alto nivel, ya que hacía muchos años que esta obra no se escuchaba en ese recinto que sin duda nunca antes había sido abordada con tal fidelidad en el estilo y apego a la época a través de instrumentos antiguos.

Sin embargo, el público que tuvo la fortuna de asistir pudo ovacionar de pie durante varios minutos la magistral y emotiva interpretación de La Petite Bande, agrupación fundada en Bélgica en 1972 que se ha dedicado desde entonces al repertorio barroco y clásico con reconocidos solistas.

Como Constanze tuvimos a la soprano Isolde Siebert con un desempeño adecuado en cada una de sus tres arias con algunos problemas en el registro agudo y coloratura pero que maravilló por su seguridad y consistencia, virtudes muy difíciles de encontrar en una soprano que se atreva a afrontar esta temible parte.

El tenor que nos visitó fue Christoph Genz, que es hermano mayor del barítono Stephan, con quien comparte créditos en el registro de reciente aparición de Ariadne auf Naxos dirigida por Sinopoli.

Fue como Genz representó a un Belmonte sin afectaciones, con una emisión libre y fraseo envidiables. Su actuación en este rol lo hace un solista muy adecuado para este repertorio, por lo que es muy probable que en un futuro escuchemos con mayor frecuencia su nombre.

Como parte de la pareja cómica, estuvo la soprano Cornelia Wosnitza con un agradable timbre que se complementó con buen manejo del registro agudo. Pedrillo fue cantado y actuado espléndidamente por el tenor Knut Schoch con un buen manejo de la técnica y de las intenciones cómicas del personaje.

Osmin fue conferido al bajo Cornelius Hauptmann, quien es poseedor de un instrumento pastoso y amplio, llenó de gracia al personaje gracias a sus dotes histriónicas especialmente en los duetos con Pedrillo.

El coro estuvo conformado por ocho elementos que se escucharon con sonoridad y unificados ligados siempre a la fluidez que Kuijken imprimió a la orquesta porque de esta forma hizo que fluyeran como pocas veces los tempi mozartianos, así como cada una de las voces, ya que este artista se ha caracterizado desde hace ya varios años por no sólo ser un simple director, sino un motivador de cada uno de sus músicos.

En esta orquesta pudimos observar que se encontraban incluidos los instrumentos exóticos de rigor, como el bombo o tambura granda, los cornos di bassetto o flageolet, algunos de los cuales se utilizaban por los turcos para ahuyentar al enemigo, por lo que Kuijken demostró que esta obra fue compuesta por Mozart bajo la premisa de que deben sonar agresivos.

Con todos estos elementos, se logró una interpretación integral que pocas veces se aprecia en México en la que participaron artistas comprometidos con cada nota y matiz para proyectar naturalmente el más puro sentido de la música del Genio de Salzburgo.