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"Rigoletto" en Houston |
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por Luis Gutiérrez |
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Director musical: Patrick Summers Il Duca di Mantova: Roberto Aronica Me persigue últimamente una maldición con "Rigoletto", pues he asistido a dos funciones que prometían un gran cantante en el personaje principal y solo he logrado dos cancelaciones seguidas por dos sustituciones lamentables. La primera sucedió el pasado marzo cuando Mark Delavan fue substituido por Gaétan Laperriére en la New York City Opera y la segunda el pasado 2 de noviembre en Houston cuando Dmitri Hvorostovsky se reportó enfermo y fue substituido por el barítono chino Chen-Ye Yuan. Había leído críticas poco favorables sobre la
actuación del barítono siberiano como Rigoletto, pero
estoy seguro que el señor tiene una bella y potente voz, cualidad
de la que el señor Yuan carece. Su voz no es ni potente ni
bella. La belleza es algo subjetivo, pero no la potencia vocal, que
se evidenció durante "Cortigiani, vil razza danata",
cuando el director redujo ostensiblemente el volumen de la orquesta
después de tres compases, con el objeto de no "tapar"
la voz del señor Yuan. Sin embargo, su interpretación
vocal no fue lo peor. Su actuación puede calificarse como Lo positivo de la función fue la actuación de la soprano tejana Laura Claycomb, quien interpretó bellamente el papel de Gilda tanto vocal como histriónicamente. Durante "Caro nome" mostró un claro dominio de los pasajes de coloratura intrincada y en los duetos su musicalidad. El Duque de Aronica fue un ejemplo de lo que se puede hacer cuando alguien tiene un buen instrumento, pero no se tienen ganas de dar una buena función. En cambio los asesinos, Aceto y Novacek, demostraron lo contrario, es decir muchas ganas de dar una buena función pero sin los atributos básicos. Habré de decir que la producción de Corsaro no me gustó
en absoluto. En primer lugar da a entender durante el Preludio que
la obra se desarrolla entre locos, pues se muestra a Rigoletto conducido
a escena portando una Patrick Summers dirigió con precisión, pero con una
falta de pasión exasperante, aunque uno puede preguntarse cómo
puede cualquier director sentir pasión con la materia prima
que estaba en el escenario. |