Exhumación de la ópera TUCUMÁN de Felipe Boero

por Gustavo Gabriel Otero

 

Buenos Aires, 19 de octubre de 2001. Basílica de Nuestra Señora de la Merced. Versión de concierto de la ópera Tucumán, episodio lírico en 1 acto y dos cuadros, libreto de Leopoldo Díaz, música de Felipe Boero. Coro Polifónico Nacional (director: Carlos López Puccio). Orquesta Sinfónica Nacional. Elenco: Patricia González (Mariana), Christian Casaccio (Fernando), Federico Sanguinetti Pietrafesa (Aráoz), Mirko Tomas (Don Alfonso). Director de Orquesta: Carlos Calleja.

Feliz idea ha sido la de las autoridades de la Orquesta Sinfónica Nacional la exhumación de la ópera Tucumán de Felipe Boero que no se escuchaba en Buenos Aires desde marzo 1958.

Felipe Boero nació en Buenos Aires en 1884 y falleció en la misma ciudad en 1958. Se formó musicalmente en la Argentina y, luego, en el Conservatorio Nacional de París.
La obra Tucumán es la primera aproximación del maestro a la composición operística, es una obra de circunstancias escrita para los festejos del primer centenario de la Independencia Nacional (1916).
Musicalmente tiene influencias de la música italiana y francesa de la época. Debemos destacar que el maestro Boero evolucionaría posteriormente hasta crear la que se considera la ópera emblemática de la argentina "El Matrero".
Es una ópera corta, de menos de una hora de duración, en la que se destacan los momentos corales, el interludio que describe la batalla y los dos dúos de los protagonistas.
La obra cuenta una sencilla historia de amor entre Mariana (hija de un hidalgo español: Don Alfonso de Castro) y Fernando (joven criollo) enmarcada en los sucesos una de las batallas de la Guerra de la Independencia Nacional. Precisamente la acción tiene lugar el día de la Batalla de Tucumán (24 de septiembre de 1812), donde Fernando es herido mortalmente, muriendo en brazos de su amada en medio de los festejos patriotas por la batalla ganada.
Fue estrenada en el Teatro Colón el 29 de junio 1918 por Hina Spani, Pedro Bollo Marín, Marcelo Urizar y Mariano Stábile. El Director de Orquesta fue Franco Paolantonio. En otras funciones actuó el tenor Aureliano Pértile.
Debemos destacar que fue una de las primeras obras nacionales cantadas en castellano y con un elenco integrado mayoritariamente por cantantes argentinos.
Posteriormente fue representada (traducida al italiano) en el Teatro Constanzi de Roma, hoy Teatro de la Ópera de Roma (Italia). Esto ocurrió el 14 de mayo de 1919.
Luego se presentó en el Teatro Coliseo de la Ciudad de Buenos Aires (abril de 1922) y en las Temporadas de Verano organizadas por el Teatro Colón (fuera de su sede) en los años 1942 y 1958.

La Versión:

Resultó significativo que el concierto se desarrollara en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced ya que la Batalla de Tucumán ocurrió el día de Nuestra Señora de las Mercedes y el texto de la obra tiene varias menciones a esta advocación religiosa.
Lamentablemente la condición acústica característica de las iglesias fue en contra de la inteligibilidad del texto y del balance sonoro.
El Coro Polifónico Nacional cumplió con creces su cometido en una obra en la que los fragmentos corales son muchos y comprometidos.
La Orquesta Sinfónica Nacional fue dirigida eficazmente por el maestro Carlos Calleja, a quien deberían confiarse mayor número de obras por parte de las distintas orquestas y teatros argentinos, ya que es un director de primer nivel por su profesionalismo. Mención aparte merece su dedicación para dirigir el repertorio lírico de autores nacionales prestigiosos y a la vez olvidados, especialidad que abordó con éxito en otras oportunidades y en la que sólo se destacan el maestro Calleja y su colega Fernando Álvarez.
El cuarteto solista se lució por su musicalidad y entrega, tanto más cuanto las condiciones acústicas de la Basílica no son las mejores, la orquestación es densa y las exigencias del canto son muchas, destacándose la soprano Patricia González con su canto expresivo y seguro.
Muy eficaz lució el tenor Christian Casaccio y correctos en sus breves intervenciones los jóvenes cantantes Federico Sanguinetti y Mirko Tomas.

En suma: una valiosa experiencia de una obra que merece figurar con mayor asiduidad en nuestros repertorios líricos y que tendríamos que ver representada escénicamente.