Luisa Miller en Bellas Artes

por Erick Zermeño Morales

 

El pasado jueves se presentó en el Teatro del Palacio de Bellas Artes la ópera en tres actos Luisa Miller de Giuseppe Verdi como ópera-concierto.

La gran sorpresa de la noche fue la que nos dio el otrora tenor mexicano Carlos Almaguer, quien debutó exitosamente como barítono en el Teatro del Palacio de Bellas con una sincera y emocionada ovación ofrecida por el público que valoró notoriamente su interpretación de Miller.

Poseedor de un timbre que recordaba al de Piero Cappuccilli en sus mejores años, Almaguer dejó correr con gran amplitud su voz cálida y bien colocada a pesar de los excesos orquestales de Enrique Patrón.

Después de cantar dos meses antes con éxito un Rigoletto en Sabadell, España, nuestro barítono demostró una consistente aproximación a la partitura con acertadas inflexiones, cuidado fraseo y una notable musicalidad llena de potencia vocal. Esperemos escucharle pronto en otro rol verdiano, ya que es una pena que este gran artista de calidad excepcional sea tan poco conocido y valorado en nuestro país.

En el papel principal estuvo la soprano regiomontana Eugenia Garza con agudos forzados y estridentes precisamente como no se debe cantar Verdi.

Además su forma de abordar el rol estuvo muy alejada del conocimiento vocal de este periodo de la producción verdiana si recordamos que este papel fue conferido a la diva Marietta Gazzaniga quien fue la misma que un año después creara la Lina de Stiffelio.

Dicho papel está escrito también para una soprano que pueda tener piani pero a la vez agudos de fácil emisión para precisamente evitar el forzamiento de la voz, por lo que algunos pasajes están pensados para la ágil coloratura y otros que incluyen notas graves, precisamente como están concebidos los roles de Luisa y Lina respectivamente.

Asimismo, Garza desentonó desde los primeros compases de coloratura en Lo vidi, e´l primo palpito con un desempeño irregular en cuanto al estilo y delicadeza que exige la parte.

Sus prentendidos pianissimi "flotados", fueron en realidad notas emitidas en falsettone, por lo que se observó que la joven soprano no entendió el papel ni vocal ni dramáticamente. Sin embargo, sobrevivió hasta el final con bastante dignidad.

Fernando de la Mora equivocó su parte al creer que cantaba el Rodolfo de La Bohème pucciniana durante acto y medio en el que ejecutó el papel casi marcando las notas, mientras que fue más audible durante el acto y medio restante en donde innecesariamente insertó sobreagudos de mal gusto y que además no fueron escritos por Verdi.

¿Por qué De la Mora ofrece tan malas funciones en su país si ha demostrado que puede hacerlo muy bien como en el Fausto de marzo pasado que cantó Baltimore o en el Roberto Devereux de septiembre pasado que interpretó al lado de Lauren Flanigan en el New York City Opera?
Como el Conde Walter tuvimos nuevamente la presencia del bajo ruso Vladimir Sviétlov Krútikov con una intervención muy mecánica y leída que no le permitió lograr el estilo verdiano en ningún momento a pesar de contar con un instrumento adecuado para el rol.

Como la Duquesa Federica, estuvo la mezzosoprano Carla López Speziale con un canto lineal y sin intención dramática alguna. Por su parte, Daniel Cervantes como Wurm, presentó serios problemas de afinación.

La dirección del mazatleco Enrique Patrón en términos generales fue medianamente eficiente, aunque no pudo extraer los sonidos más finos de la orquesta con notorias fallas en los metales, desafinadas cuerdas y toscos pasajes en donde los colores de la partitura de Verdi fueron hechos a un lado.

El Coro del Teatro del Palacio de Bellas Artes que dirige Luis Fernando Luna, presentó un desempeño ajustado gracias a su uniformidad a pesar de que era evidente que el director concertador les pidió todo plano y en forte.