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Madame Butterfly en Bellas Artes |
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por Erick Zermeño Morales |
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El pasado martes 10 de julio asistimos a la prima de la ópera japonesa del genio de Lucca en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. A la cabeza del elenco tuvimos a la soprano mexicana Silvia Rizo como Cio-Cio San, que si bien no era la primera vez que cantaba este rol, sí lo debutaba en nuestro máximo recinto lírico. Con visibles nervios naturales, que al principio hacen presa a las sopranos cuando afrontan esta parte, Rizo cantó una Butterfly coherente y sencilla dotada de buen fraseo, lo cual se consolidó con el aria del acto segundo para recibir una calurosa ovación. Como el teniente americano Benjamin Franklin Pinkerton, tuvimos el grato y tan esperado regreso a Bellas Artes del tenor hidrocálido de fama internacional, Jorge López-Yáñez. Con una apariencia física ideal para encarnar al abyecto marino estadounidense, nuestro artista tuvo un desempeño óptimo gracias al correcto empleo del legato a través de su brillante y agradable timbre lírico. Esperemos que este regreso sea para verlo con frecuencia, ya que
un artista de la talla de López-Yáñez merece
cantar en su país y darle a su público funciones de
muy alto nivel como la que dio esa noche. Eva María Santana como la camarera Suzuki fue sólida y consistente con una actuación satisfactoria, contrariamente a la del tenor Sebastián Rosas, quien tuvo problemas constantes de proyección vocal, ya que por momentos fue inaudible. La intervención del barítono Guillermo Ruíz como Bonzo fue sólida y altamente satisfactoria como la que presentó el tenor sinaloense José Manuel Chu como el Príncipe Yamadori. En el foso estuvo el mazatleco Enrique Patrón de Rueda con una orquesta que tuvo desde los primeros acordes serias crisis de afinación, las cuales se aunaron a la falta de estudio de la partitura que tuvieron los metales y la sección de cuerdas. Con un seguimiento constante a los solistas en fraseo y respiración que se le agradecen siempre, Patrón nos quedó a deber los matices puccinianos de rigor. El Coro dirigido por Luis Fernando Luna tuvo una actuación
seria y homogénea que se manifestó plenamente con la
llegada de Butterfly o en la escena de la vigilia con el coro de los
pescadores a bocca chiusa, para así transmitir acertadamente
los rigores de la partitura durante toda la función. Una vez más, la falta de preparación de Luis Miguel Lombana llevó al ridículo la régie, al remarcar el texto con ademanes innecesarios, más parecidos a una rutina mímica que a expresiones corporales emotivas. Esto condujo a constantes pleonasmos escénicos, los cuales sobran para la ópera. La escenografía de Leonardo Peláez fue de una pésima calidad, con graves incongruencias como colocar objetos orientales de mercado sobre ruedas en el mobiliario de la casa que pretendía ser japonesa. Patente fue también la falta de conocimiento de la cultura y tradición nipona que tuvo Nuria Marroquín, al presentar a personajes masculinos vestidos con atuendos propios de las mujeres, así como utilizar inadecuadamente el blanco para el connubio de la geisha. La escenificación de una ópera exige calidad en todas y cada una de las ramas artísticas que contribuyen a su representación. Es lamentable que el esfuerzo de los artistas y el interés del público, se vea afectado por una producción poco profesional. No es la falta de presupuesto, sino la carencia de creatividad y preparación lo que explica el resultado mediocre de esta Butterfly. |