Noche contrastante del tenor Ramón Vargas

por Francisco Arvizu Hugues

 

Tras varios años de su primera incursión frente el público local, como el dignatario Pong, en Turandot, de Giacomo Puccini, cuando la temporada de ópera de 1984, regresó en calidad de figura internacional el tenor mexicano Ramón Vargas, quien se presentó la noche del miércoles 10 de octubre en el Teatro Degollado, de Guadalajara, Jalisco, México, con la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) y el director huésped Enrique Barrios.
Pasajes usados por Hector Berlioz en su ópera Benvenuto Cellini componen la integridad de la obertura El carnaval romano, ejecutada por la OFJ y Barrios con mediana fortuna, carencia de ritmo y anomalías en cuerdas graves. Ramón Vargas inició sus intervenciones con el recitativo y cavatina, "L'amour, l'amour.. Ah, leve-toi, soleil!", de la escena del balcón de Roméo et Juliette, de Charles Gounod. Parsimonioso en sus ataques (dos claudicantes síes bemoles), un frase estudiado y manejo de línea de canto, al lado de una cierta heterogeneidad en timbre y engolamiento en el paso de la voz de tenor. La celebrada aria "Pourquoi me réveiller", de Werther, de Jules Massenet, obtuvo una adecuada interpretación por el cantante mexicano, aceptable mezza di voce y control en el registro alto. Tras un calamitoso "Intermezzo", de Manon Lescaut, de Puccini, por la Orquesta y Enrique Barrios, director enérgico aunque carente de inspiración, Ramón Vargas acometió su pasaje totalmente satisfactorio de la noche, "Una furtiva lacrima", de L'elisir d' amore, de Gaetano Donizetti. Rasgo que no apareció en "Fra poco a me ricovero", con su recitativo correspondiente, de Lucia di Lammermoor, también de Donizetti: problemas en el centro de la voz, aunado a una ruptura tímbrica a la hora del ligado al registro alto; además, no contó el inspirado pasaje con el suficiente aplomo caracterológico. Vargas es un cantante escrupuloso en lo musical, pero frío en interpretación dramática.
Luego de una rutinaria ejecución, por la OFJ y Enrique Barrios, de la obertura ("Sinfonía", aparece en el autógrafo) a Las vísperas sicilianas, de Giuseppe Verdi, el tenor mexicano cantó el aria alternativa de Foresto, de Attila, del joven Verdi, "Oh, dolore". Un ligado de frases centrales, introspectivas, antes que aptas para el lucimiento vocal. El aria de Macduff, del Macbeth verdiano, "Ah, la paterna mano", fue estupendamente recreada por Vargas, con libertad en fraseo, control musical y ligado de verso inmejorable, no así en profundidad sonora e impacto en el agudo. De nuevo la Orquesta Filarmónica de Jalisco y Enrique Barrios intervinieron, ahora con la obertura a Luisa Miller, de Giuseppe Verdi. El programa oficial del tenor culminó con el aria del duque de Mantua (Rigoletto, también de Verdi), "Parmi veder de lacrime"; excelente línea de canto, mejor control en fiato -que casi provocó un tropiezo en el aria de Werther- y superior control en el registro alto. El término llegó con "Quando le sere al placido", de Luisa Miller, en donde Ramón Vargas evidenció cansancio vocal y astringencia en el passagio (fa sostenido-sol- la bemol) a la zona de los agudos. Brindó, fuera del enlistado, el aria "E lucevan l'estelle", de Tosca, de Giacomo Puccini, interpretada correctamente, aunque sin la expansividad sonora necesaria para el instante dramático.
En un gran momento de su carrera, el tenor lírico mexicano Ramón Vargas logró aplausos de pie, aunque sin borrar de la memoria reciente la actuación de Francisco Araiza, por hablar de un artista nacional en el candelero mundial, del 25 de noviembre de 1992, en el mismo sitio y con la OFJ de entonces, con Fernando Lozano al frente.