NABUCCO
en Santiago de Chile

por Hugo Valdivia H.
desde Chile

En 1981, se montó Nabucco en el Teatro Municipal de Santiago, por primera vez en este siglo, desde ese entonces hasta la fecha, se vuelto a montar en dos oportunidades, algo que me parece excesivo, tomando en cuenta los méritos de la obra. En esta oportunidad el elenco lo encabezó en el primer reparto, el Barítono VALERI ALEXEJEV, que ya había cautivado la atención del público en sus anteriores presentaciones como Miller (Luisa Miller) y el Conde Luna; en esta oportunidad, estuvo algo más bajo que en esas presentaciones anteriores, desarrollando progresivamente un personaje que logró finalmente convencer tanto vocal como escénicamente, su mejor parte estuvo en el dúo con Abigaille en el tercer acto y su escena y aria del cuarto. Sin embargo le faltó algo de prestancia para recrear al un rey babilonio de la magnitud de Nabucodonosor.

Como Abigaille, debutaba en el teatro la soprano Susan Neves, que al comienzo desconcertó con una voz carente de incisión en su entrada, pero, al igual que Alexejev, poco a poco fue entrando en el personaje, su mejor momento estuvo sin duda en la escena y aria del segundo acto, donde lució pianísimos de gran dulzura y a la vez cantó con garra y fiereza la cabaletta siguiente. Su voz muy pareja y grande, no es precisamente drámatica pero la maneja con gran inteligencia, sobresaliendo en los concertados, lo que logra entusiasmar al público.

El bajo Azkar Abdrazakov, también debutante en la sala, no logro convencer del todo su escena de entrada careció de toda autoridad vocal, sin embargo lució un importante agudo al terminar la cabaletta, progresivamente su interpretación mejoró logrando su mejor momento vocal en la escena de la profecía.

El tenor Mario Carrara, tuvo a su cargo el rol de Isamele, habiéndo debutado el año pasado como Oronte en I Lombardi, causó una grata impresión, sin embargo fue en Nabucco, lo más bajo de la función, carente de autoridad vocal creó un personaje flojo y languido, lo que resaltaba aún más por su eficientes dotes actorales que le permitieron crear un personaje más activo y creíble que lo normal en este rol.

Marieselle Martínez, mezzosoprano chilena, cantó con eficacia su rol aunque, se notaba por contraste con el resto del elenco, la pequeñez de su instrumento vocal. En el segundo elenco estuvo el barítono chileno Patricio Méndez, que ya escaso de medios después de una dilatada carrera, creó su personaje con más oficio que rol, sin dejar de lado su enorme inteligencia para hacer creíble hasta las partes más absurdas de la acción; la soprano Karen Bureau, descepcionó con una voz absolutamente dispareja, que nunca fue dramática, sino que su propia forma de interpretar hace sentir la sensación de una garra y insisión vocal de la que en vardad carece, Stefan Skafarowsky, estuvo muy correcto como Zaccaria, el tenor José Azócar, cantó con gran ardor el Ismaele, pero como siempre se nota la falta de elegancia y algún problemita de imisión, la mezzo Carolina Ortiz, como los comprimarios fueron correctos.

La escenografía de Enrique Bordolini, fue más bien absurda, privilegiando la funcionalidad (La producción saldrá en gira con el segundo elenco por algunas ciudades de provincia), está dominada por una gran escala, cuya sección izquierda se mueva hacia adelante, ocupando gran parte del escenario, impidiendo un mayor desplazamiento de los cantantes y el coro, no hubo ídolo de Baal que cayera destruído y no hubo diferencia entre el Templo de Salomón y el palacio de Babilonia. La regiè de Marga Niec, fue correcta, aunque haya que reconocerle que desde el comienzo está presente la rivalidad de Abigaille y Fenena, dando a esta últma un caracter más relevante que el que habitualmente tiene; muy lograda es la escena del aria de Fenena en el último acto, en que la joven canta mientras asiste a los torturados hebreos. En definitva, un Nabucco correcto que no justifica su montaje y que no saca de la memoria, la producción de 1995, con Leo Nucci y Linda Roark-Strummer.