La temporada de la Welsh National Opera I: La traviata

por Luis Gutiérrez

 

La traviata de Giuseppe Verdi

Director concertador: Antony Walker
Productor original: Göran Järvefelt
Director de escena: Rennie Wright
Escenografía y vestuario: Carl Friederich Oberle
Iluminación: Robert Bryan
Violetta Valery: Cara O'Sullivan
Flora Bervoix: Helen Knight
Marchese d'Obigny: Gareth Rhys-Davies
Baron Douphol: Eddie Wade
Doctor Grenvil: John Gilbert
Gaston, Vicomte de Letorières: Philip Lloyd Holtam
Alfredo Germont: Jorge Elías
Annina: Ceri Williams
Giuseppe: Michael Clifton-Thompson
Giorgio Germont: Jonathan Summers
Un mensajero: John King

Es una fortuna que La traviata cuente con preludios tanto al acto I como al acto III. Ambos son bellísimos y de una textura que da una sensación de transparencia. La buena noticia es que la orquesta dirigida por Antony Walker interpretó con gran belleza estos preludios, la mala noticia es que esto fue la mejor de la noche. La producción para empezar es una que puede caracterizarse o bien como característica de la enfermedad llamada "produceritis aguda" o, e inglés americano, "eurotrash". El sueco Järvefelt coloca la acción en nuestros días, aunque aún mata a Violetta de tuberculosis, enfermedad prácticamente erradicada, sobre todo en países ricos, y ¡vaya que Francia es rico!.En las escenas de conjunto incluye varias parejas de homosexuales, ellas y ellos, lo que en mi opinión es innecesario a menos que el señor productor quiera ventilar un problema personal en el escenario.

La escenografía constó de una mesa diagonal rodeada por un cuadrilátero de sillas en los dos primeros actos, aunque cambiando el color de blanco en el acto I a negro en la primera escena del acto II y rojo en la segunda escena. En el último acto la mesa es substituida por una cama en la que yace Violetta y se agregan una conspicua cruz y pétalos de claveles en el piso, lo que puede interpretarse como una alusión a los caídos en las guerras europeas del siglo 20. Al expirar la heroína, los paneles del fondo se retiraron para dejar paso una luz intensa que nos indicó que, en efecto, Violetta muere.

De los cantantes, el único que lo hizo bien, muy bien diría yo, fue Jonathan Summers como Giorgio Germont, lo que es un magro logro en esta ópera, ya que la música del papá del mantenido, no es precisamente la más bella de la ópera. Cara O'Sullivan tiene una aceptable voz, pero los desfiguros a que la obliga la producción la hicieron oírse mal en el acto I, lo que afectó fatalmente su gran aria "È strano", incluida la brillante cabaletta "Sempre libera". Afortunadamente se repuso de los efectos de uno de los "vándalos de la ópera" como una Violetta notable, Ileana Cotrubas, bautizó a los productores de "concepto", y logró un buen tercer acto. La soprano irlandesa tiene en su contra su físico que hizo recordar el de la primera Violetta, Fanny Salvini-Donatelli, cuya enorme masa hizo poco verosímil el papel, aún cuando el mismo Verdi decía que cantaba bien. Esto nos hace recordar que la ópera no es solo canto, es mucho más que eso, es una drama a través de la música que se representa sobre un escenario. Hay veces, sin embargo, en que la o el cantante son tan sublimes en su interpretación, que cualquier defecto físico o de la producción desaparecen, sin embargo, esto sucede en contadas ocasiones, por lo que normalmente un desbalance importante puede echar a perder una función, como en el caso que reseño.

La catástrofe de la noche fue la actuación del tenor español Jorge Elías. Este señor se quiere presentar como un clon de José Carreras, y sí logra parecerse físicamente a su ídolo, pero su voz dista mucho de tener el squillo y brillantez de uno de los grandes tenores dl siglo 20. En su descargo, he de decir que el sueco lo hizo dar brinquitos de y hacia la mesa durante casi todo el tiempo que apareció en escena.

En mi opinión lo que pudo ser una Traviata arriba del promedio, fue arruinado inmisericordemente por un productor sin vergüenza y sinvergüenza.