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La púrpura de la rosa (México) |
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por Mario Marín Del Río* |
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Dentro de las actividades del pasado Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México se presentó en el Teatro del Palacio de Bellas Artes La Púrpura de la Rosa de Tomás Torrejón y Velasco con libreto de Pedro Calderón de la Barca fue la primera ópera escenificada en América, ya que data de 1701. Dicha condición, casi arqueológica, bastaría para justificar el montaje de esta obra y despertar el interés del público. La producción del Gran Teatro de Ginebra abordó con gran acierto el reto de dar a conocer una obra tan particular y difícil para el espectador contemporáneo. La concepción escénica y musical del siglo XVII podría resultar monótona en la actualidad, pero la puesta en escena resolvió este problema ¾hasta donde le fue posible¾ de manera ingeniosa. Destacó el recurso de presentar escenas paralelas que combinaron el lenguaje musical con la expresión dancística. La escenografía y el vestuario evocó de manera muy efectiva una sintaxis de elementos clásicos, barrocos y latinoamericanos. En cuanto a los cantantes, las interpretaciones de Venus y Amor (Cupido o Eros) destacaron por su expresividad y por su buena caracterización. En oposición, el vestuario de Marte contrastaba con el resto de la puesta y la interpretación de la mezzosoprano que no transmitió toda la fuerza y el carácter celoso asociados con el dios de la guerra. El esfuerzo de la compañía fue recompensado por el del público, el cual también debió esforzarse para seguir el desarrollo de la obra y apreciar su valor artístico. *colaborador de la revista mexicana especializada Pro-Ópera |