Ariadne auf Naxos en el Met el 20 de abril de 2001

por Luis Gutiérrez

 

Director concertador: James Levine
Producción original: Elijah Moshinsky
Dirección de escena: Laurie Feldman
Escenografía y vestuario: Michael Yeargan
Iluminación: Gil Wechsler

El maestro de música: Wolfgang Brendel
El mayordomo: Waldemar Kmentt
Un lacayo: Patrick Carfizzi
Un oficial: Mark Schowalter
El compositor: Susanne Mentzer
Bacchus/ tenor: Richard Margison
El fabricante de pelucas: John Fiorito
Zerbinetta: Lyubov Petrova
Ariadne/ la prima donna: Deborah Voigt
El maestro de danza: Graham Clark
Arlequín: Mark Oswald
Brighella: Gregory Turay
Scaramuccio: Eric Cutler
Tufaldino: Paul Plishka
Najade: Joyce Guyer
Dryad:e Jane Bunnell
Echo: Korliss Uecker

Dicen que Richard Strauss fue un compositor que continuó la tradición inaugurada por Richard Wagner, pero que siempre mantuvo una admiración ferviente por la obra operística de un tal Wolfgang Amadeus Mozart. Esto es patente en Ariadne auf Naxos, ópera que en su primera versión siguió a Der Rosenkavlier y que alcanzó su forma final después de Die Frau ohne Schatten.

Fui la noche en cuestión al Met con dos grandes ilusiones: escuchar por primera vez esta ópera y, también por primera vez, tener la oportunidad de presenciar la actuación de una de las estrellas más brillantes del universo operístico actual, Natalie Dessay. Desgraciadamente, la soprano francesa canceló sus cuatro funciones por problemas de salud, pero fui recompensado no solo con una representación estupenda de la ópera, sino también pude admirar el canto y actuación de la joven soprano coloratura Lyubov Petrova, quién seguramente llegará a ser muy importante en un futuro no muy lejano.

La joven cantante rusa exhibió un dominio sorprendente sobre la coloratura legendaria que demanda el papel de Zerbinetta, alcanzando in dificultad el fa sobreagudo, sin que en ningún momento se pudiese sentir tensión en su voz. Su actuación también fue sobresaliente, especialmente dada su juventud, ante un auditorio totalmente lleno que la premió generosamente al final del Prólogo y de la ópera, así como interrumpiendo con sus ovaciones (¡horror
wagneriano!) al terminar su gran aria. Por cierto, además de ser estupenda cantante y magnífica actriz, la señorita Petrova cuenta con un físico muy pero muy atractivo.

Debo de mencionar que existe una cantante norteamericana, mezo es ella, que no cuenta con el aparato publicitario de otras cantantes como René Fleming o Susan Graham. Me refiero a Susanne Mentzer quien tuvo una función fenomenal como el compositor, una más de las funciones sensacionales de las que he sido testigo. El compositor de Ariadne es una parte muy breve, originalmente escrita para soprano, pero cualquier mezo con buenas altas desea interpretarlo. La Mentzer estuvo grandiosa cantando el himno la música que corona la particella de este personaje.

Pero lo bueno no acabó con las dos damas mencionadas. Deborah Voigt es hoy en día la "dueña" del papel Ariadne. Lo cantó con su acostumbrada potencia vocal y con una belleza de tono tal que me hicieron emocionarme como hacía mucho no me pasaba. Richard Margison como Bacchus no se quedó atrás y logró una gran empatía tanto con Ariadne como con James Levine y, sobre todo, con el público.

Para completar esta magnífica noche de ópera, el veterano Wolfgang Brendel logró redondear un gran maestro de música, que en realidad es el director de la orquesta de la ópera a presentarse en la casa "del hombre más rico de Viena".

La última joya de la noche fue la presentación del veteranísimo Waldemar Kmentt, quien debutó en el Met este año no cantando pero actuando un excelente mayordomo. En realidad es una lástima que el Met nunca haya presentado a este gran cantante haciendo eso: cantar.

El reparto fue completado con un gran equipo de cantantes en papeles de apoyo, como los atores de la compañía de la commedia dell'arte y las tres deidades de la opera seria. En este rubro destacó la maravillosa Echo de Korliss Uecker.

La producción de Moshinsky, de 1992, es una de las más bellas e inteligentes que he vito recientemente en el Metropolitan, entendiendo cabalmente tanto la presentación de una opera seria, con esas diosas colocadas a gran altura, como el ambiente dieciochesco en el que se desarrolla esta obra.

James Levine y la orquesta del Met tuvieron una actuación de aquellas que hace decir a mucha gente que este instrumento, la orquesta, es uno de los mejores del mundo en cuanto a ópera se refiere.

En resumen, asistí a una maravillosa interpretación de una ópera muy bella.
Esta función me hizo decir "por algo el Met es el Met".