'Un ballo in maschera' en el Met el 19 de abril de 2001

por Luis Gutiérrez

 

Director concertador: Plácido Domingo
Producción original, escenografía, vestuario e iluminación: Piero Faggioni
Dirección de escena: Laurie Feldman

Conde Horn (Sam): Paul Plishka
Conde Ribbing (Tom): Julien Robbins
Oscar, el paje del Rey: Youngok Shin
Gustavo III, Rey de Suecia (Riccardo): Franco Farina
Capitán Anckarström (Renato): Juan Pons
Juez: Bernard Fitch
Ulrica Arfvidsson, una adivinadora: Barbara Dever
Christiano (Silvano): Louis Otey
Sirviente de Amelia: Jonathan Green
Amelia, esposa del Capitán Anckarström: Michele Crider

Esta producción, estrenada por el Met en octubre de 1990, sitúa la acción de la ópera en la corte de Gustavo III de Suecia, como Verdi lo pretendió en su momento, aunque los censores de Nápoles primero y después los de Roma lo impidieron llegando como compromiso final a situar la acción en una colonia británica (Boston), pero sobre todo a omitir el asesinato de un rey en pleno escenario, sustituyéndolo por el de un simple gobernador. Hoy, 2001, esto es
intrascendente pues lo mismo nos da el asesinato de Riccardo Conde de Warwick que el de Gustavo III, y es más, podemos asistir al asesinato de Gustavo III bien en Il reggente (1843) de Mercadante o en Gustav III ou Le bal masqué (1833) de Auber, esta última con libreto de Eugéne Scribe, base tanto de la ópera de Mercadante, como del libreto de Antonio Somma para Un ballo in maschera (1859).

Lo que importa es que en esta ópera se traten pasiones humanas elementales como el amor, el remordimiento y el sentimiento de traición a la amistad, en la forma musical maravillosa que Verdi empleó para transmitirlas, aún con un libreto un poco artificial. La frase que dice Amelia después del dueto de amor con Ricardo, el mejor de Verdi en este sentido, "il mio consorte", refiriéndose a la llegada de Renato al lugar de hechos, hizo decir a Luigi Dallapiccola que el melodrama, es decir el libreto operístico, inhibió la existencia de un periodo romántico en la literatura italiana. No creo que nadie diga en la vida real "il mio consorte" en una situación como la que se encuentran en el acto II Amelia, Riccardo y Renato.

Pero vayamos a la función. Hubo un héroe realmente, Juan Pons quién, aun enfermo, cantó un maravilloso Renato. Su "Eri tu" estuvo cargado de resentimiento y tristeza por la traición del amigo y por la que cree de su esposa quien, por cierto, técnicamente, no le es infiel en ningún momento.
Michele Crider también tuvo una destacada en el papel dramático de Amelia.
Otra actriz cantante que cada vez lo hace mejor es nuestra conocida Barbara Dever quien interpretó magníficamente a Ulrica, a quien no se le describe como "Ulrica, dell'immondo sangue de'negri", siendo esto probablemente una de las pocas buenas de la traslación de la ópera a Estocolmo donde, estoy seguro, no había muchos negros a fines del siglo 18. Por cierto en el texto se deslizaron varios Riccardos y algunos Renatos.

Desgraciadamente, la función se vio ensuciada por las pésimas actuaciones de Franco Farina y de Youngok Shin. En realidad estos dos cantantes no merecen actuar en el Met. Por causa de ellos, la transmisión por radio de enero
pasado ha sido considerada como una de las peores en la historia del Met.
Lo que hizo Farina puede considerarse como un caso de lesa ópera, pues asesinó a Riccardo desde la primera nota que emitió.

Plácido Domingo condujo adecuadamente la orquesta del Met, aunque esta contó con segundos y terceros atrilistas, no creo que por Plácido, sino debido a que James Levine condujo cuatro veces esta semana y, por supuesto, Don James se reservó los mejores instrumentistas. Sin embargo y a decir verdad, me hubiera gustado más oír a Plácido como Riccardo aunque la orquesta la dirigiera cualquier repetiteur.

Luis Gutiérrez

Ya no sé lo que es el infierno.