PETER GIMES (Opera de París, Bastille), 2 de abril de 2001

por Luis Gutiérrez R.

 

Director concertador: James Conlon
Productor Graham Vick
Escenografía y vestuario: Paul Brown
Iluminación: Matthew Richardson
Peter Grimes Ben Heppner
Ellen Orford: Susan Chilcott
Captain Balstrode: Alan Opie
Auntie: Stephanie Blythe
Frirst niece: Marie Devellereau
Second niece: Lielle Berman (debut)
Bob Boles: Ian Caley
Swallow: Stephen Richardson
Mrs. (Nabob) Sedley: Della Jones
Rev. Horace Adams: Neil Jenkins
Ned Keene: Jason Howard
Hobson: Lynton Black
A lawyer: Christophe Berry
A fisherwoman: Ghislaine Roux

Esta ópera fue la primera obra lírica de gran escala compuesta por Benjamin Britten con libreto de Montagu Slater se estrenó en 1945 y es considerada como una de las grandes óperas del siglo 20. Debo confesar que esta función fue mi primera exposición a la maravilla que es Peter Grimes. La historia de Peter Grimes es la del pescador violento y por lo mismo condenado al ostracismo por sus coterráneos, mezcla algo de ternura en su amor por la maestra de escuela Ellen Orford, que aunque correspondido no llega a feliz puerto debido a la reincidencia en la violencia del pescador, quien hace morir a otro aprendiz. El único ser humano racional de la aldea, el capitán Balstrode convence a Grimes que su única salida es el suicidio, lo que realiza internándose en el mar con su barca, misma que hunde. Estos tres personajes se encuentran sumergidos en una sociedad en la que los convencionalismos se encarnan en Mrs. Sedley, sedienta de justicia del cielo y en Auntie, la dueña de la taberna local y regenta de sus dos "sobrinas". James Conlon dirigió magistralmente la partitura de esta ópera que incluye seis interludios orquestales, los cuales siempre recuerdan al omnipresente mar. Estos interludios conectan el Prólogo y las diversas escenas de los tres actos de la ópera. Escuché a un impresionante Ben Heppner. ¡Qué maravillosa voz!, no sólo por su potencia, sino por su bello timbre y su resistencia, pues en ningún momento perdió intensidad, pese a cantar un papel relativamente largo. Su actuación fue también bastante buena, moviéndose con soltura y agilidad pese a su enorme volumen. Sin embargo, fue otra voz la que más me sorprendió. Susan Chilcott tiene una bellísima voz, de una pureza diáfana para la que emplea el vibrato estrictamente necesario. Pese a ser una mujer delgada, y muy bella, mostró un volumen inesperado que en ningún momento palideció ante el de Heppner. El barítono británico Alan Opie cantó un agradable y simpático capitán Balstrode, el único ser racional en esa maraña de violencia y convencionalismo. La mezo americana Stephanie Blythe cantó con la seguridad y belleza que caracterizan su voz. Actuando lo hizo de maravilla, pese a haber tenido que ser "la mala". Sin embargo, esa maldad, se convirtió en bondad al demostrar al final su desacuerdo con aquellos hipócritas que combaten violencia con violencia. Las dos "sobrinas" presentaron muy buenas voces, pese a tener una presencia muy atractiva y totalmente adecuada a sus papeles de prostitutas. La Mrs. Sedley de Della Jones fue una maravilla de hipocresía. Desgraciadamente, todo esa actuación musical de primera fue opacada un poco por la imbecilidad y obviedad de Graham Vick y su equipo de producción. Nos presentó una aldea de pescadores en el 2001, a la que llega un introductor de pescado que compra a los aldeanos su pesca del día, ¡dos pescados por cabeza!. Las esposas de los pescadores pasaban el tiempo lavando ropa y planchando en unas tablas de planchar que movían muy curiosamente para demostrar que había viento. A decir verdad, no sé que lavaban y planchaban, pues el vestuario podría describirse como las sobras de cualquier bazar navideño chafa. Lo anterior es pasable, pero lo que empezó a calentar el ambiente de la Bastille fue una orgía iniciada por un simulacro de felatio realizado por Marie Devellereau. Esta orgía sucedió cuando el libreto y la música nos narran la persecución de Peter Grimes por parte de los aldeanos. El productor hizo una alusión bastante obvia a la homosexualidad de Britten y Peter Pears, el primer Grimes, al presentar una pareja de hombres desnudos que salió corriendo de un automóvil que se había movido sugestivamente durante la orgía. Al final me uní entusiastamente a la totalidad del público que ovacionó entusiastamente a todos los cantantes, incluido el coro, y el director y que abucheó unánimemente al equipo de producción, llevado al proscenio por Stephanie Blythe, yo creo que en venganza por el vestuario que le asignaron.

Luis Gutierrez
Mexico City