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“CAVALLERIA
RUSTICANA" e "I
PAGLIACCI” |
por Jaime
Torres Gómez |
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Entre los días 4 y 14 de abril
pasados se presentaron las óperas "Cavalleria
Rusticana" de Pietro Mascagni (1863-1945) e "I
Pagliacci" de Ruggero Leoncavallo (1858-1919),
inaugurando la presente temporada lírica del principal teatro
sudamericano y uno de los 5 más grandes del mundo. Estas dos óperas normalmente se
presentan juntas en una sola función debido a su corta duración y al
estilo "Verista"
con el que se emparentan; además, son obras emblemáticas de dicho estilo
musical, influenciado por el Positivismo, en el campo de la filosofía, y
el Realismo y/o Naturalismo, en la literatura / pintura. VERISMO
Para entender mejor la composición de estas óperas, es necesario
remontarse a los orígenes de la estética en las que se inscriben. Así,
podemos definir el movimiento Verista o Verismo como una tendencia de la
ópera italiana que se esfuerza en dar a conocer la realidad (naturalismo)
de manera lo más auténticamente posible. Este movimiento aparece a fines
del siglo 19 como una extensión del realismo de Zola y otros escritores.
Los libretos se basan en aspectos cotidianos de la vida, contrarios a los
temas épicos de la era romántica y anteriores; normalmente las melodías
son de fácil asimilación, pues se tiende hacia un recitativo muy
expresivo y naturalista, produciéndose un "continuum" musical
muy costumbrista o local.
"CAVALLERIA
RUSTICANA"
Esta ópera ha sido la más famosa de Mascagni, quien a los 27 años
lo haría mundialmente
famoso. Estrenada el 17 de mayo de 1890, y basada en la obra homónima del
escritor siciliano Giovanni Verga, el autor, desconocido hasta entonces,
debió salir 60 veces al escenario. La traducción de este título
exactamente es Honor Rústico, nombre muy bien pensado para este "melodramma
siciliano", que inevitablemente nos recuerda su acertada utilización
en el filme "El Padrino III". El desempeño de Galina Gorchakova
en el papel de Santuzza fue de primer nivel, demostrando con creces su
importante nombre en la escena lírica mundial. Impresiona su línea de
canto, siempre homogénea y sin perder matización, su acaudalado volumen
capaz de llenar un coliseo de
la envergadura del “Colón” y la magistral impostación músico-teatral
para subrayar los pasajes más
insignificantes; por su parte, el tenor español Ignacio Encinas fue un
correcto Turiddu. Cuestionable resultó la elección del barítono ruso
Vassily Gerello, quien a pesar de colocar las notas en su lugar, carece
del timbre apropiado para encarnar al maduro Alfio; muy buen desempeño de
Alejandra Malvino como Lola. El coro tuvo resultados disparejos en cuanto
a conjunto; nos pareció que a veces se trataba de dos óperas distintas
antes y después del famoso "intermezzo"; pobre salió el
"Salve Regina", producto de una visión un tanto
"impresionista". La puesta de Roberto Oswald muy bien lograda
existiendo al parecer mutua comprensión estética con el director
musical, por cuestionable que pudiera ser en más de un aspecto, como el
hecho ver a los personajes con una óptica excesivamente racional,
sobretodo en el rol de Santuzza. La escenografía del mismo Oswald
impresionó por el primer plano de la Iglesia, ilustrando acertivamente el
que los hechos se dieran en Pascua de Resurrección. El vestuario de
Anibal Lápiz, muy eficaz para la puesta.
"I
PAGLIACCI" Esta gran ópera de Leoncavallo,
con libreto de su propia autoría y basado en una causa criminal ocurrida
en Montalto, Calabria a fines del siglo 19 y sustanciada por el juez
Vicenzo Leoncavallo (su padre), es un claro ejemplo de la visión verista
del arte. Incluso, por lo escalofriante de los hechos, nos hace recordar
un poco el estilo desarrollado posteriormente por el Expresionismo
musical, tanto por ciertas disonancias armónicas como lo kafkiano del
argumento.... El estilo
adoptado por el autor es de clara robustez, tensión y concisión, usando
de manera interesante la forma del “leiv motiv”, que ayuda en gran
medida a compenetrarse en el perfil de los personajes, logrando los
contrastes necesarios para las partes en conflicto. Muy efectivo resultó
el desempeño del tenor armenio Gegam Grigoriam como Canio, tanto por sus
buenas condiciones vocales y de actuación, rayando en la
"brutalidad" requerida. Bien lograda estuvo la famosa aria
"Vesti la Giubba". En tanto,
la soprano búlgara Krassimira
Stoyanova, lució grandes dotes de actriz y canto homogéneo.
Vassily Gerello como Tonio simplemente estuvo fuera de lugar. Silvio del
brasileño Rodrigo Esteves fue de gran logro. Muy bien timbrado estuvo el
Beppe del argentino Eduardo Ayas. La puesta de Oswald/Lápiz, de concepción
atemporal, logró el efecto del "teatro dentro del teatro",
usando recursos cinematográficos notados especialmente en el estremecedor
final, con gradaciones oscuras que concluyen en un fundido negro total.
Por último, la concertación del
maestro Enrique Ricci, de buen recuerdo en nuestro país (titular de la
Orquesta Filarmónica de Santiago), imprimió un sello musical muy
particular a estas óperas. A pesar de no coincidir con su concepción
bastante "impresionista" de estas obras, hay que aceptar el
hecho que de alguna forma el verismo con el impresionismo son contemporáneos
y técnicamente es posible que exista reciprocidad de influencia. Cierto
que a Ricci le faltó la sanguinidad peninsular optando por la psicología
de lo galo y con marcaciones un tanto rígidas para los cantantes. A pesar
de esto, sentó una diferencia respecto a las rutinarias versiones
imperantes, lo que lo valida como un estudioso del tema, a pesar de lo no
concordante que se pueda estar. |