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Samson en el Liceu (imprevisto debut de José Cura) |
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por Emrique Esquenazi |
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El pasado enero fui al Liceu a escuchar la última función de Ballo in Maschera, principalmente a fin de escuchar al tenor ruso Badri Maisuradze, que hace algunos años ganó el concurso de canto Tenor Viñas, y que me fue muy recomendado por un ruso amigo a través de internet. Después de la función le pregunté a Maisuradze si tenía proyectos de volver al Liceu, y respondió que cantaría en el próximo Samson et Dalila, ya que era el cover de José Carreras y era casi seguro que Carreras cancelaría algunas funciones. Más tarde, sin embargo, circuló el rumor de que Carreras cantaría las 6 funciones de Samson. Y el jueves pasado fue la premiere, con Carreras, que obtuvo críticas diversas: algunos alabaron la entrega de su actuación, y otros señalaron el penoso estado vocal de su instrumento. Hoy fui a la segunda función, en la lque hubo un anuncio inesperado: debido a un estado gripal Carreras cancelaba y el teatro agradecía la presencia de José Cura, debutando en el Liceu en un reemplazo de última hora. Confieso que me alegré, ya que finalmente iba a escuchar a Cura en vivo y en directo -y como tengo billete para la funcion del próximo sábado, puede haber aún oportunidad de oir a Carreras de todos modos. Bueno, iba a tenor mi primera experiencia en vivo de este disutido cantante, cuyas funciones en video (Otello, Cavalleria, Manon Lescaut) o en transmisiones radiofónicas (Forza de la Scala, Trovatore de Madrid) me han parecido poco musicales, llenas de problemas vocales y difíciles de digerir. La producción era la ya conocida del Covent Garden 1981, conocida por el video comercial de la Royal Opera House con Vickers y Verrett, video que he visto hace ya tiempo. Prefiero no comentar la producción, sólo decir que es mejor que la del último Samson del Liceu, temporada 1988/9, cantada en esa ocasión por Domingo, Baltsa y Fondary. En este 'nueva' producción, Dalila estuvo cantada por la mezzo griega Markella Hatziano. En mi opinión, no es Dalila, ni dramatica ni vocalmente, ya que cantó como si estuviera leyendo la guía del teléfono: sin inflexiones, sin variedad de colores, sin pasión. Con frecuencia la voz era ahogada por la orquesta, dirigida por Stefano Ranani, y los graves desaparecían con facilidad. Su mejor momento, en términos de involucrarse un poco más, fue en 'Amour, vien aider ma faiblesse'. Baltsa no es ni con mucho mi Dalila favorita, pero aún recuerdo su entrega y su fuego mientras seducía a Domingo, o su odio mientras hacia su juramento con el Gran Sacerdote o se burlaba de Domingo en el último acto. Hartziano no mustró ni fuego ni odio ni desdén: sólo una fría indiferencia, un enfoque del papel como simplemente ponte de pie allí y canta, lo cual resultó muy decepcionante, más aún cuando el canto no era nada memorable. El Gran Sacerdote fue cantado por Simon Estes, cuyo francés me sonaba como si fuera ruso (bueno, no entiendo ruso, mientras que entiendo - al menos algo- francés) Su interpretación fue tan fría y seca como la de Hatziano, y la voce es una sombra de lo que era cuando cantó el Wotan en Walkure o el Amfortas en el Liceu, hace algo más de diez años. Incluso recuerdo su Holandés de hará unos tres años en el Festival de Perelada...pero lo que oí hoy no era sólo un cantante en el repertorio equivocado, sino una voz aspera que ha perdido su belleza y su brillo, y sólo preserva un adecuado volúmen. Stefano Palatchi ha vuelto al Liceu, para cantar el Viejo Judío. Nunca he sido un admirador de Palatchi, pero después de haber tenido que soportar a Orfila como Oroveso o como Giorgio en Puritani, me alegré del retorno de Palatchi. Y la verdad es que en mi opinión fue el mejor cantante de la función de hoy, y se ganó una merecida ovación al final. Orfila, por el otro lado, cantó Abimelech, un rol corto que se adecúa a sus talentos más que las otras partes de bajo. Y ahora a la estrella del espectáculo: el tenor argentino José Cura. Admito abiertamente que es un animal de escena: su presencia tiene una especie de electricidad, de modo que es casi imposible quitarle los ojos de encima. Simplemente llena el escenario. Hay un magnetismo que resulta cautivador, al punto de que hay más oportunades de quedarse atrapado por los ojos y volverse más indiferente a los oídos. Y la voz no es pequeña, aunque no la llamaría especialmente grande. DEsde el 'Arretez, o mes freres!' los problemas vocales estaban expuestos: un canto engolado, una fijeza de colocación que no deja que la voz corra, el acostumbrado ataque desde abajo y arrastre hasta la nota, y el cambio de color en el registro inferior y también en el superior, dónde repentinamente abre los agudos...sí, todo estaba ahí para ser oído, pero su presencia y actuación podían convencer de que era Samson. Vocalmente no hubo diferencias del personaje heroico del primer acto al amante atormentado, interiormente en lucha y finalmente seducido del segundo acto, hasta el heroe vencido, angustiado y vengativo del último acto. El canto siempre fue crudo y la voz con las mismas inflecciones y los mismos problemas: cuando trataba de cantar suave, sólo pudo hacerlo en falsetto ('Dalila, Dalila, je t'aime' parecía casi hablado en un susurro). El último agudo atacado desde abajo y arrastrado, y casi gritado. Pero nada de esto pareció preocupar al público, que aplaudió salvajemente y ofreció una final ovación de pie. Si, la función fue indudablemtne un gran triunfo para Cura. Ciertamente se apuntó un éxito de público en su debut en el Liceu. Y al menos pude entender de qué va el alboroto que causa. Ahora, si me preguntan: ¿te gustó su intervención? mis ojos responderán: bueno...sí, y mis oidos: bueno...no. De modo que: si, y no, y sí y no y sí y no.... |