Rimsky-Korsakoff - SADKO
Valencia, 11 de noviembre de 2006

por Nieves Pascual Léon

 

Sadko: Orquesta y Coro del Teatro Mariinski de San Petersburgo; Valery Gergiev, director. Palau de la Musica, Valencia, 11 de noviembre de 2006.

Tras unos años de ausencia, desde su interpretación del Boris Godunov en 1996, la compañía del Mariinski volvió a visitar Valencia el pasado sábado 11 de noviembre y a recoger el éxito que cosechara entonces de mano de otra ópera rusa.

La orquesta, coro y solistas del Teatro Mariinski de San Petersburgo, trajeron ahora al Palau de la Música de Valencia la ópera Sadko, bajo la batuta de Valery Gergiev. La obra, sobre temas marinos, había sido programada para sumarse a los actos conmemorativos de la Copa América, que se celebrará en la ciudad el próximo año.      
Sadko, estrenada en Moscú en 1898, no solía figurar en las programaciones operísticas de Europa Occidental hasta la interpretación de Gergiev en 1993. Sin embargo, no figuran en su historia grandes representaciones, quizá por sus tres horas de duración y la dificultad que conlleva una escenografía que debe transportar al espectador desde la antigua ciudad de Novgorod hasta el mundo fantástico submarino.

Por ello y por la difícil adaptabilidad del Palau a la ópera, se realizó una versión concierto en la que los cantantes suplieron la falta de movilidad en escena con una gran fuerza expresiva; por otra parte, el coro, que permaneció sentado durante toda la representación, supo jugar con los diferentes planos sonoros, integrándose dinámicamente en el conjunto. La batuta de Gergiev se caracterizó por una rica paleta tímbrica y coloristas efectos sonoros, capaces de reproducir la bruma sonora del fondo marino y el más típico acento de la música popular rusa.

Mikhail Vishniak cantó el papel protagonista de manera magistral; su voz recorrió tanto los pasajes líricos como los heroicos con gran técnica y expresión. La soprano Irma Gigolashvili (Volkhova) también supo fluctuar entre las claras coloraturas  del segundo cuadro y los grandes arcos líricos en la Nana del último cuadro. La voz de Nadezhda Vasilieva (Néjata) fue un tanto irregular entre los registros medio y grave y Marianna Tarasova (Liubava Buslayevna) dotó a  su personaje de un gran dramatismo. Incluso los pequeños papeles fueron desempeñados magistralmente. Es el caso de los bufones, Duda (Grigori Karasev) y Sopiel (Andrei Popov) que destacaron por la gran teatralidad y conjunción de sus dúos.

Pero, sin duda, el aspecto más destacable es el maravilloso trabajo en conjunto de la Compañía del Teatro Mariinski. El hecho de tener una agrupación sólida supone seguridad, trabajo reposado y sensación general de responsabilidad y coherencia artística. Y esto fue lo que transcendió de la representación.  Lejos de hallarnos ante grandes cantantes de trayectoria internacional que se reúnen para determinado espectáculo, nos encontramos con una interpretación de conjunto en la que la suma de todos los esfuerzos dio un resultado magistral.

Nieves Pascual León