TEATRO COMUNALE DI BOLOGNA 21.1.2006 “ANDREA CHÉNIER” de Umberto Giordano

por Rubén (Cappuccilli) y Fany (Suzelle)

 

TEATRO COMUNALE DI BOLOGNA 21.1.2006 “ANDREA CHÉNIER” de Umberto Giordano Ventre, Veda , Hyoun. Dirección musical: Carlo Rizzi., Dirección escénica: Giancarlo del Monaco.

Dentro de su temporada lírica, Bolonia nos ha ofrecido la oportunidad de ver representada la obra maestra de Giordano, una de las óperas consideradas “de repertorio” hace unas décadas y hoy prácticamente caída en el ostracismo ante la escasez de voces (sobre todo la del tenor protagonista) capaces de acometer las exigencias de la partitura y a su vez hacer dramáticamente creíble un personaje que se mueve entre el idealismo romántico del poeta y las reivindicaciones patrióticas del soldado, de un rol que fue el caballo de batalla de grandes como Corelli, Tucker o Del Monaco.

Y hablando de Mario del Monaco, la dirección escénica estuvo a cargo de su hijo Giancarlo, que presentó una producción muy limpia, de corte clásico pero minimalista, sin usar demasiados elementos ni caer en tentaciones rococó, que supo reflejar la esencia de ambas sociedades: Una aristocrática en el primer acto, frágil y decadente, a través de la combinación entre luz blanca y espejos, y más concretamente a través del movimiento de la masa coral, que hacía pensar en figurillas de porcelana; y otra muy distinta en los actos segundo y tercero, igualmente parca en elementos escénicos ( la única referencia estática a la Revolución era el altar a Marat con la representación escultórica de la célebre pintura de J. Louis David ), pero con luz más tenue y un vestuario más colorista, para mostrar una sociedad revolucionaria, ávida de cambios pero que termina convirtiéndose en grupo humano apático y desencantado, no muy lejano de aquél que había reemplazado en el poder.

En cuanto a los aspectos líricos de la función, Chénier estuvo encarnado por el tenor uruguayo Carlo Ventre, que comenzó a despuntar en los escenarios líricos internacionales a partir de hacerse con el primer premio del concurso Francisco Viñas en 1990 aunque su verdadero lanzamiento se produjo al ser elegido por Riccardo Muti para interpretar el duque de Mantua en las funciones scaligeras de Rigoletto en el año 94 (alternándose con Roberto Alagna). La voz de Ventre puede calificarse como “a la antigua”, con un fraseo recio, robusto, algo falto de matices y con una paleta de colores no excesivamente variada. Sin embargo su canto resulta fresco y comunicativo derrochando pasión y entrega. Cierto es que su punto fuerte reside en el espectacular y brillante registro agudo (así, los si bemoles desperdigados por toda la la partitura, desde el célebre “improvviso” hasta el dúo final pasando por la escena con Roucher del segundo acto, el “fui soldado” o el “come un bel dì” fueron proyectados con facilidad y gran impacto a través de la densa orquestación de esta ópera). En comparación, el registro central y grave de su voz resultan ásperos y un tanto leñosos, resultando insuficientes en términos de volumen en no pocas ocasiones para imponerse a la barrera orquestal. En cualquier caso una interpretación muy notable y gran éxito de público el que ha cosechado Carlo Ventre.

A su lado, la soprano rusa Elvira Veda, ofreció una Maddalena de Coigny un tanto gris y desdibujada, irregular y falta de personalidad. Material no le falta y ofreció buenas frases (especialmente en el dúo con Gerard y en su gran escena “la mamma morta” con la que culmina) pero su interpretación no logró brillar a la altura de Ventre (si bien es cierto que el rol tampoco ofrece tantas oportunidades de lucimiento como el del tenor). Es no obstante una voz a tener en cuenta que, si pule ciertas deficiencias técnicas y consigue mayor homogeneidad de línea y emisión, puede ofrecer grandes veladas encarnando roles líricos de cierto peso.

El barítono coreano Ko Seng Hyoun derrochó caudal vocal durante toda la noche mostrando ya desde su aria de entrada “son sessant’anni” que es dueño de un instrumento vocal muy considerable. El problema que suele acompañar a los cantantes asiáticos radica en su falta de “italianidad”, y ya no en el aspecto de la dicción (prácticamente perfecta) sino en la intención del fraseo y la propia gestualidad del artista (que en este caso resultó excesivamente envarada, más preocupado por adoptar la postura más idónea para la proyección de su “vocione” que por hacer creíble su personaje). . Así el Gérard dibujado por Hyoun no supo transmitir adecuadamente la lucha interna del “servo” convertido en “padrone” a través de la revolución y que culmina en la magnífica escena “Nemico della patria”, cantada con fuerza y vigor pero carente de la sutileza que precisa (para poder apreciar esto basta con escuchar cualquier lectura del gran Piero Cappuccilli, verdadero especialista del rol).

Del resto del cast brillaron especialmente Cinzia de Mola como Contessa di Coigny, que dotó a su personaje de un protagonismo del que normalmente carece gracias a la vehemencia con la que derrochó frases como “questa ciurmaglia via e tu pel primo”. Destacó igualmente la Bersi de Giacinta Nicotra y el Mathieu de Mario Bellanova. A menor nivel se encontraron el Incredibile de Pierre Lefèbvre, quasi declamado y con la voz ya un tanto ajada así como el Roucher de Carlo Cigni que no supo aprovechar un rol tan breve como agradecido.

La dirección de Carlo Rizzi fue enérgica (quizás demasiado ruidosa en determinados pasajes), con un gran cuidado hacia los cantantes y logrando una gran variedad de dinámicas, desde el explosivo inicio hasta el dúo final.

A gran altura estuvo el coro, especialmente notorio en el concertante del segundo acto “la donna che m’hai chiesto di cercare” y en la escena del juicio en el tercero. Hubo algún desajuste en el “interno” del primer acto “la notte e il giorno portiamo d’intorno il dolore” que no empañó en absoluto su prestación