IDOMENEO, RE DI CRETA (Bilbao, 15/12/00)

por Eduardo Durán

 
Por fin llegó la primera ópera de estreno dentro de la temporada organizada por la A.B.A.O. Idomeneo, re di Creta, ópera en tres actos, una de las obras maestras de Mozart, siendo ésta en la que sin duda el compositor consiguió unir más música y texto, y punto de referencia dentro del género serio, obtuvo un rotundo éxito en las representaciones los días 9, 12 y 15 en el palacio Euskalduna. Hay que destacar el gran nivel vocal de todos los intérpretes, siendo éste cartel el más completo de lo que hasta ahora se ha podido oír en lo que llevamos de temporada.

Del papel que da nombre a la ópera, dio buena cuenta Kurt Streit (Idomeneo), conocido intérprete mozartiano. Excelente fraseo, perfecta dicción, buena matización y canto legato, fueron los argumentos que exhibió el tenor americano. Unos correctos recitativos, le sirvieron para completar una más que notable actuación. Muy buena interpretación de la siempre difícil "Fuor del mar", adornada "improvisadamente" en su finalización, lo cual nos permitió comprobar más, si no lo habíamos hecho antes, su capacidad para la agilidad.

Diana Montague (Idamante) sustituía a la anunciada Mentzer, en el papel del joven príncipe cretense, mostro su clase, buen hacer y privilegiada voz. Recreo perfectamente al personaje tanto con su canto como interpretación escénica. Voz homogenea, buenos agudos, importantes graves y trinos técnicamente perfectos, nos acompañaron en toda la interpretación por parte de la cantante. Sus partes en los duos con Ilia e Idomeneo, fueron excelentes. No siempre cuando se producen cambios en el cartel, nos dan alegrías como esta. No se le puede poner un solo pero a su actuación, fabuloso lo que nos hizo Montague.

Una sobresaliente Isabel Rey (Ilia), triunfadora en todas las representaciones, demostró el gran momento por el que atraviesa su controlada, homogénea, suave y brillante voz, con una exquisita interpretación de este personaje, al que el genio de Salzburgo otorgó posiblemente las arias más bellas de ésta ópera. Desde la triste "Padre, germani, addio!", a la conmovedora "Se il padre perdei" para terminar por la hermosa "Zeffiretti lusinghieri", la valenciana nos deleitó con su mejor canto y buen gusto. Bordó los recitativos dando el carácter dramático necesario completando de esta manera una soberbia actuación. Isabel Rey mimó a Ilia como el papel pide y merece.

En cuanto a Iano Tamar (Elettra) cumplió bien en el complicado rol de la princesa de Argos. Tamar mostró su voz poseedora de metal, más que decentes graves y una buena técnica, si bien se le puede poner como pega el que no llegó a dar la fuerza y rabia necesaria a la princesa, como pide ésta, sobre todo en "Tutte nel cor vi sento", pero esta es su aria de entrada, cosa a tener en cuenta. Mucho mejor en "D'Oreste, d'Aiace", aunque en sus valores cortos descendentes del final, más que reventar de rabia, parecía reírse, pero el aria es de cuidado, notable actuación.

Así que la suma de tanta calidad encima del escenario desembocó en un memorable cuarteto "Andrò ramingo e solo", con un siempre excelente acompañamiento.

En el papel de fiel siervo y consejero del rey, el madrileño Luis Dámaso (Arbace), hizo las delicias del público, mostrando lo mejor de su instrumento. Su interpretación de "Se il tuo duol" con un ínfimo titubeo en la colocación al inicio, con una resolución de pasaje trabajada excepcionalmente, y a la vez que Streit imprimiendo coloratura al aria en su conclusión, fue merecedora de la gran ovación con la que se le premio. Una lástima que se nos privara nuevamente de su canto no incluyendo el aria "Se colà en'fati è scritto". Bravo para Luis.

El trabajo realizado por Santiago Sánchez Jericó (Gran Sacerdote de Neptuno) fue correcto, no sin pasar alguna dificultad en sus notas agudas, su voz delgada y con algo más de vibrato, hizo poco creíble al sacerdote. Le correspondió el corto pero importante papel de oráculo a José Manuel Díaz (La voz), el cual se puede decir que estuvo señorial, pero ni siquiera la amplificación consiguió estremecernos, no obstante bien afrontado y resuelto. También cumplieron en sus cortos papeles los solistas troyanos y cretenses.

De nota el Coro de Ópera de Bilbao, dirigido por Boris Dujin, que supo recrear en todas sus intervenciones el ambiente que el momento requería, destacando la plegaria torrencial "Pietà, numi, pietà!", la tranquila "Placido è il mar, andiamo" y el dramático "Oh voto tremendo!". Muy buena se puede calificar a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, capaz de lo mejor y lo peor, de la que Ralf Weikert supo sacar lo mejor, dando como resultado una ejecución de categoría. La dirección de escena corrió a cargo de Emilio Sagi, siendo ésta fiel reflejo de lo que en el libreto aparece consiguiendo no aburrir a la sala, ya que en óperas como esta se corre el peligro de obtener resultados muy estáticos si no son bien tratadas. En cuanto a la escenografía y figurines, responsabilidad de Gerardo Trotti y Julio Galán, clásica como debe ser. En este caso se trataba de una conocida coproducción del Teatro de la Zarzuela y Gran Teatro del Liceu.

Después de leer todo esto, seguramente muchos pensaran, ¿no hubo nada que no fuera bueno, o malo en esta representación, cosa desafortunadamente abundante en las representaciones de ópera actuales?. Pues sí, que Arbace no cantara su última ária, antes mencionada, ni Idomeneo hiciera lo propio con la suya al final, y ya puestos que no se interpretara el ballet final KV.367, dado lo inspirada que estaba la orquesta, esto fue lo peor. No se si volveré a ver Idomeneo alguna vez más, esto fue tan bueno que no quiero oscurecer el grato recuerdo que en mi ya produce esta exigente ópera del compositor, sin duda, más grande de todos los tiempos.