UN BARBERO SIN FLÓREZ

por Erick Zermeño

 

Metropolitan Opera House, New York

Un barbero sin Flórez

Erick B. Zermeño

Después de que se anunció en un pizarra y en una de las funestas papeletas que el tenor peruano Juan Diego Flórez estaba indispuesto para la función de diciembre 26, nuevamente este teatro volvió a ejecutar la famosa obra de Rossini.

Figaro fue el barítono estadounidense Dwayne Croft con una actuación mediana y un canto que por momentos no se escuchó llenar el teatro. La coloratura accidentada hizo que perdiera lucidez en su aria de entrada, no sucedió nada en toda la noche que se conviertió gris hasta finalizar la obra.

La Rosina de Ruth Ann Swenson fue descolorida en su actuación, ya que no dejó de ser la soprano que interpreta un rol belcantista aunque con un timbre rico y brillante que hacía de su canto un disfrute, especialmente en el dueto con Figaro o en la lección de música, su romanza no fue excepcional como se esperaba. Esta Rosina la escuchamos con algunos manierismos sobrados en la voz de Swenson pero finalmente pudo cubrir bien el papel en el aspecto musical.

El conde Almaviva fue cantado por el tenor estadounidense Bruce Sledge con problemas de soltura escénica y vocal con accidentes en la coloratura desde la serenata lo que hizo evitar el aria de bravura final. Para la divertida scena di travestimento del segundo acto (Pace e gioia sia con voi y Buona sera, mio signore…) no pudo entender la gracia ni la comedia que encierra el libreto y la música. Fue como sentimos aún más la falta del tenor peruano en este rol tan simpático.

El bajo georgiano Paata Burchulaze encarnó un Don Basilio poderoso, lleno de amplitud vocal de una actuación siniestra con matices y giros que hicieron de su interpretación rica y belcantista lo que salvó la función de no haber tenido nada interesante.

El Dr. Bartolo estaba programado para el italiano Alfonso Antoniozzi pero también enfermó, por lo que fue suplido por Thomas Hammons con una actuación decorosa y estándar.

El colmo fue la letárgica batuta de Bruno Campanella, quien asombrosamente al ser un paladín actual de este repertorio belcantista, no llevó la música a una fluidez propia de la comedia compuesta por Rossini. Extraño en él, quizá sólo una mala noche después de las celebraciones de Navidad. Un detalle curioso fue que en el clavecín nos encontramos a la répétiteur hispano-cubana Lucy Arner, maestra repasadora que ha visitado México invitada para los talleres de perfeccionamiento vocal de SIVAM, quien estuvo al pendiente de las entradas y de los tiempos de Campanella.

Para la famosa producción giratoria de John Cox la dirección escénica Kristine McIntyre no tuvo mayor aportación cómica ni originalidad, lo que hizo de esta presentación simple y rutinaria no muy propia de este importante teatro. ***