DER FLIEGENDE HOLLÄNDER (R. WAGNER)

por José María Irurzun

 

Grand-Théâtre de Bordeaux. 29 Marzo 2002.

Dentro de la tradicionalmente modesta programación operística de Burdeos destacaba este año esta representación del Holandés Errante, tanto por Dirección musical y escénica, como por el reparto de voces, notablemente por encima de lo habitual en este teatro.

En general, los resultados han respondido a las expectativas, con algunas matizaciones, especialmente referidas a la parte escénica.

Se trata de una producción estrenada en este mismo teatro en 1998, debida a Francesca Zambello , con decorados y vestuario de Alison Chitty (colaboradora habitual de Francesca Zambello) e iluminación de Rick Fisher. En esta ocasión la regía ha estado a cargo de Stephen Taylor. Sobre esta producción se puede tener distintas opiniones: habrá quien la considere moderna, figurativa y hasta virtual. En mi opinión se trata de una producción pobre donde las haya y muy poco imaginativa en todos los aspectos. Comenzando por los decorados, hay que decir que primer y tercer acto se desarrollan en un escenario que lo mismo puede ser un circo que la Torre de Babel. Creo que en la mente del regista está hacer de la escena un barco a base de poner unas torres de base cuadrada como si fueran escaleras y muchas, muchas cuerdas, por las que se balancean unos figurantes, que no se sabe bien si son marineros o trapecistas. Si alguien piensa que en el tercer acto el escenario no es un barco, sino el puerto, tampoco pasa nada: es cuestión de considerar que las torres metálicas son artilugios para diversión de los pobres matelots. En el segundo acto nos encontramos a unas hilanderas que no hilan, sino que parecen estar haciendo sogas con las manos. No hay puerta en la casa ni retrato del holandés, pero tampoco hace falta, porque la pobre Senta está loquilla (en eso sí están acertados) y vaga por la casa con un semi-cuadro, es decir un marco que encuadra la nada. El vestuario es muy "original": azul para los noruegos y rojo para los del barco fantasma y también para Senta, porque es poco noruega y muy loca la pobrecilla (imagino las largas discusiones del equipo de la Zambello para decidir los colores) . Los marineros van en camiseta, lo que es muy apropiado para el "cálido" clima del trópico noruego. El final que escribió Wagner no deja lugar a dudas, pero la Zambello no lo tiene muy claro y ni Senta se tira al agua (a pesar de la vestimenta de los marineros, la temperatura de las aguas es baja) ni sabemos qué pasa con en Buque Fantasma, porque el Holandés se queda por tierra (¿ o no?, ¡qué lío!). Más vale que al final surge la redención (era Viernes Santo) con una doble angelical de Senta (esta vez de blanco ) a la que una grúa la saca de las entrañas no sé si del Infierno, de la Tierra o del Mar (juro que las famosas entrañas son rojas) y la eleva (¡qué pocholada!). Por si le interesa a alguien, el fondo y los laterales del escenario son siempre telas (Al menos podían haber puesto a la Virgen del Carmen).

En el haber de la producción sí hay que poner el movimiento escénico, especialmente en el acto III, que estuvo muy conseguido.

La dirección musical corrió a cargo de Günter Neuhold , quien tuvo una actuación notable, especialmente a partir del segundo acto. La obertura resultó un tanto confusa, lo que hizo presagiar lo peor, pero a Dios gracias la cosa mejoró notablemente y el maestro demostró su gran categoría.

La Orquesta National Bordeaux Aquitaine no estuvo a la altura debida, especialmente el metal. O esta orquesta ha empeorado o me estoy acostumbrando mal en los últimos tiempos.

El Holandés era el británico Pavlo Hunka , del que cabía esperar mucho y la verdad es que el resultado estuvo por debajo de lo esperado. Se le vió incómodo en muchos momentos, con una voz demasiado clara en el registro agudo y no fue capaz de transmitir todo el tormento y sufrimiento del personaje. Su actuación no fue mala, simplemente esperaba más de él y, claramente, tiene que madurar su interpretación.

Senta era la sueca Nina Stemne, soprano de reconocido prestigio y valor en alza en los últimos años. Hay que decir que su interpretación fue muy convincente en todos los sentidos. Tiene una atractiva figura, que la hace particularmente creíble, y es muy desenvuelta en escena. La voz es de calidad, sin ser excepcional, y no tiene dificultades en los agudos de la balada ni en traspasar la barrera orquestal, cuando la ocasión lo requiere.

El joven alemán Hans-Peter König , que venía precedido de una cierta fama, exhibió una voz de bajo pastosa y de calidad, no presentándole ningún problema de tesitura. Le falta madurez para ser más creíble, pero estamos ante una voz importante con la que se puede contar.

El veterano David Rendall hizo un Erik notable en todos los sentidos. Es un buen cantante con una voz suficiente, aunque la calidad de su timbre no sea excepcional. Teniendo en cuenta que este personaje no es de los que cantan las figuras, pocos de los habituales en el rol se pueden comparar hoy con él.

En cuanto a los comprimarios, Martine Mahé hizo una buena Mary, mientras que Doug Jones fue un timonel totalmente insuficiente.

El Coro de l'Opera de Bordeaux tuvo una destacada actuación, habiendo mejorado mucho en los últimos años. El Coro de Hombres Etxekoak de Irún hizo el coro interno del barco holandés, con sonido que llegaba amplificado a la sala, por lo que resulta de muy difícil calificación.

Función de abono con algunos claros. Tibios aplausos tras la obertura. Grandes aclamaciones a la Stemne y König y algo menos a Rendall. Muy por debajo la acogida de Hunka. Muy aplaudidos también maestro, orquesta y coro.