| INAUGURACION EN LA QUINTA |
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por Jaime Torres Gómez |
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Un país desarrollado, es un país culto. Diversas son las formas de materializar este concepto, comenzando por el enriquecimiento de toda forma de intercambio civilizado entre las personas, entendiéndolo como cualquier aporte que ayude al crecimiento personal y colectivo. Para ello, la base que debiera modelar este acervo, lo condiciona toda clase de cultura bien entendida y asimilada. En este contexto, el arte ha sido -y esperamos que no se desvirtúe- un medio de manifiesta sensibilización humana y, por tanto, transversal a toda persona y actividad. La forma en cómo debe accedérsele es tarea de los agentes culturales de la sociedad, ya sea en el ámbito público como el privado. Hace siete años, de manera sistemática, hemos sido testigos de una propuesta que en el día sábado 5 de enero pasado demostró sus frutos en cuanto al potencial que se vislumbra en el futuro. Así, la convocatoria de la versión número siete de los Conciertos en la Quinta Vergara, propiciados por la Fundación Beethoven, la División Cultura del Ministerio de Educación y auspiciados por la I. Municipalidad de Viña del Mar, logró el objetivo de colmar las actuales instalaciones del impresionante anfiteatro que aún está en obras. La siempre bienvenida "Carmina Burana" de Carl Orff fue la encargada de inaugurar este Festival en la Quinta, que en la presente versión ha congregado a las cuatro principales agrupaciones orquestales del país. Con la presencia de la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por el maestro Rodolfo Fischer, los solistas Pilar Aguilera (soprano), Patricio Méndez (barítono) y Germán Greene (tenor), junto al Coro Profesional del Teatro Municipal de Santiago, ofrecieron una versión de resultados meritorios, observándose una claridad de ejecución sin cuestionamientos. Rodolfo Fischer, joven y talentoso director de orquesta, logró armar una Carmina con un sonido realzado en las cuerdas, un brillante colorido de los bronces (particularmente los cornos) y una segura cohesión entre la orquesta, solistas y coro. Sin embargo, consideramos no haber encontrado la rudeza propia del origen de la obra, observándola con un enfoque más apolíneo que brutal. Los solistas tuvieron una performance de gran nivel, destacando a un Patricio Méndez pleno vocalmente, notable musicalidad y un cómodo paseo por la extenuante tesitura que demanda la partitura. Germán Greene tuvo un desempeño irreprochable en su difícil parte cantada con falsete. Pilar Aguilera sobresalió en todas sus intervenciones, llamando la atención su bello timbre, perfecta afinación y un legato ejemplar. Y el Coro, a diferencia de tantos logros anteriores, esta vez no convenció del todo, existiendo un desnivel de las voces masculinas por sobre las femeninas. Con los detalles propios de todo estreno, pudo comenzarse exitosamente
una nueva versión del "Primer Festival de Viña
2002". |