MARÍA CECILIA TOLEDO, UNA TRIUNFADORA ABSOLUTA (CARMEN, de Bizet)

por Jaime Torres Gómez

 

El sábado 22 de diciembre pasado, se presentó una versión resumida de la famosa ópera "Carmen" de Georges Bizet, en una producción íntegramente organizada por el Instituto Cultural de la I. Municipalidad de Providencia y realizada en el Parque Bustamante de dicha comuna.

Digno del mayor elogio constituye una iniciativa como ésta, al ofrecerse un espectáculo lírico integral ante un auditorio del orden de los 7.000 espectadores y completamente gratuito. Admirable, pues, el nivel de convocatoria para una propuesta de masividad inteligentemente dosificada para las condiciones particulares que reviste hacer ópera al aire libre.

El nivel de la entrega en sí mismo, y considerando que en cierta forma se trataba de algo prácticamente inédito por estas latitudes, necesariamente debemos sostener que su resultado bordeó el límite de la excelencia.
El rol titular de la apasionada gitana Carmen correspondió a la mezzosoprano María Cecilia Toledo, con aclamadas críticas en Europa en este mismo rol. Afortunadamente, pudimos constatar las virtudes que la han destacado en el extranjero con este difícil personaje, habiendo conquistado triunfalmente a sus compatriotas en su debut del rol en Chile. Poseedora de un registro fortalecido en el centro-grave, fue capaz de proyectar sin mayores esfuerzos toda la tesitura que demanda la partitura, coadyuvada de un color vocal envidiable y, por cierto, muy escaso en nuestros días. En cuanto a la concepción del personaje, María Cecilia opta por una visión genérica del drama que esconde Carmen, en cuanto al sino de la permanente búsqueda de la felicidad jamás hallada. Así, su versión justamente no se hace cargo de una sensualidad barata (pudiendo hacerlo sobradamente, por su belleza y dotadas dotes histriónicas), trasuntando la coyuntura local y, por tanto, ubicándola como un personaje universal.

El rol de Don José estuvo notablemente interpretado por el tenor nacional Gonzalo Tomkcoviack, quien tuvo una performance admirable desde todo punto de vista, augurándole una carrera importante, siempre y cuando aborde roles apropiados para su timbre lírico-spinto. Miriam Caparotta tuvo un desempeño vocalmente híbrido en su Micaela, a pesar de su probada musicalidad. Patricio Sabaté ofreció un discreto Escamillo, fundamentalmente por la extrema dificultad de los graves que demanda dicho rol. Sin dudas, a medida que siga madurando el personaje, nos deparará más de alguna sorpresa. De los demás roles secundarios, se destacó una estupenda Frasquita a cargo de Claudia Virgilio, de magnético timbre y gracia interpretativa; Lina Escobedo, en una timbrada Mercedes, y Homero Pérez en un muy bien Morales y Zúñiga. El Coro de Voces Líricas Nacionales y la Rama de Danzas Españolas del Estadio Español, cumplieron a cabalidad su cometido.

La regie y escenografía, a cargo de Myriam Singer, tuvo un desempeño muy interesante para las limitantes del recinto, explotando inteligentemente el apoyo de las pantallas gigantes emplazadas en los costados, para complementar con mayor eficacia el desplazamiento escénico, de enfoque claramente atemporal. Valiéndose de recursos esenciales (estructuras fijas con lograda dosificación lumínica según el cuadro, un panel giratorio para ilustrar la ambientación requerida y la bailaora emplazada a trasluz), logró asertivamente sensibilizar el discurso dramático. El vestuario, de la misma Singer, estuvo bien pensado para la ocasión, con énfasis en colores cálidos y observándose mayores logros en la caracterización femenina que masculina.

La iluminación de Ricardo Castro demostró profesionalismo y plena comunión con la visión de Myriam Singer.

La dirección musical, a cargo del experimentado Miguel Patrón Marchand, demostró sensibilidad y convicción al obtener, en general, una lógica unidad musical, no obstante sus tempis excesivamente acelerados en el preludio de la obra. La respuesta general de la denominada Camerata del Instituto Cultural de Providencia, fue de absoluto profesionalismo, considerando su heterogénea procedencia.

Un evento como éste confirma que el arte lírico no sólo debe circunscribirse a recintos aterciopelados, pues cuando se le aborda con honestidad, calidad y cariño, es menester resaltar mayormente lo positivo de sus resultados, por su inigualable proyección social. Esta producción, encabezada por una artísticamente sólida y honesta María Cecilia Toledo, logró imponerse con más fuerza en el corazón de la gente que el a veces inútil ejercicio académico de criticar tal o cual detalle. Resultados como éste, sí que "hacen cultura".