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LA MUJER SIN SOMBRA (LICEO) |
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por Bong |
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Lo reconozco: no había conseguido oír jamás esta ópera de Strauss en disco pero es que con este hombre me ocurre siempre lo mismo. Al acercarme a él en disco (rosenkavalier aparte) acabo de los nervios y perdiendo todo el interés, y sin embargo cuando veo sus óperas en teatro acabo fascinado. Y La Mujer Sin Sombra no ha sido una excepción. La mujer sin sombra tiene un argumento que a primera vista puede parecer muy simple, casi un cuento: la emperatriz es un espíritu (una mujer sin sombra) y para evitar volver al mundo de los espíritus y poder quedarse con su marido el emperador acepta comprarle su sombra (el carácter humano) a la infeliz mujer del tintorero, cansada de su pobre y triste vida. Pero no todo resulta tan sencillo, claro. Su música dicen que es la más difícil de todas las óperas de Strauss. ¿Seguro? ¿No es más dura Elektra? ¿No es más difícil Capriccio? Lo que ocurre es que en este caso el argumento no tiene la fuerza que en las demás y entonces es más complicado seguirla simplemente escuchando, pero contiene unas páginas de un lirismo y una profundidad que para mí la sitúan en la cima de la producción straussiana. La producción era de auténtico lujo, con unos decorados que no dan pie a ambigüedades: o los detestas o te fascinan. Un espacio triangular en blanco salpicado con innumerables símbolos negros contrastado con elementos de colores vivos (cajas amarillas, flechas rojas). El nivel espiritual estaba representado en blanco y negro y el terrenal en color. Y los cambios de los personajes de uno a otro implicaban también cambios de color en sus vestimentas. La orquesta sonó estupendamente, de maravilla. Es sorprendente esta orquesta del Liceo, que tan pronto hace horrores absolutos como acaba encandilando, ¿cuestión de la batuta que la guía? seguramente. Las voces fueron increíbles, estupendas. Thomas Moser hizo un emperador de gran altura (y eso que nos dijeron que tenía gripe), la Emperatriz (de nombre impronunciable, lo siento) nos dejó clavados a las butacas con sus subidas al agudo más extremo y la redondez de su canto. El tintorero (perdonad de nuevo, no tengo a mano el programa y tampoco recuerdo el nombre) fue el más mediano del quinteto protagonista pero aún así ofreció momentos fascinantes. Eva Marton, niña mimada del Liceo, con su consabido vibrato y sus agudos calantes, volvió a lucirse como sólo ella sabe, con garra, fuerza dramática y dándolo todo (y qué interpretación, de poner la carne de gallina). Finalmente la mejor de todos, y eso que no fue la más aplaudida, Hanna Schwartz como la Nodriza. Eso sí que es una mezzo con poderío. Puede decir que su interpretación del papel la sitúa como una auténtica referencia. Me gustó La Mujer sin Sombra, me encantó, y puedo decir que el Liceo se apunta unos tantos increíbles tanto en producción como en nivel musical que ya quisiéramos los capitalinos del Real.
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