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Avellaneda. 15 de diciembre de 2001. Teatro Municipal Roma. Il
Corsaro. Ópera en tres actos, música de Giuseppe
Verdi, libreto de Francesco María Piave, basado en el poema
"The Corsayr" de Lord Byron. Orquesta Sinfónica Municipal
de Avellaneda (Andrés Juncos). Coro del Teatro Roma (Roberto
Luvini). Escenografía: Facundo Lozano. Iluninación:
Leandro Pérez. Coreografía: Vanina Vukovic. Dirección
Escénica: Eva Halac. Elenco: Fernando Chalabe (Corrado). Marcela
Paturlann (Gulnara). Teresa Musacchio (Medora). Enrique Gibert Mella
(Seid). Leonardo Menna (Selim). Claudio Rotella (Giovanni). Martín
Lira-Lespés (Esclavo/Eunuco). Dirección Musical: Andrés
Juncos. Se repite los días 22 y 23 de diciembre.
Con este "Corsaro" concluyen los homenajes en la Argentina
a Giuseppe Verdi en este año del centenario de su fallecimiento.
Si tomamos las óperas representadas completas y con orquesta
los homenajes incluyeron las siguientes obras; mencionadas por orden
cronológico de estreno, Nabucco (1842) representada en el Teatro
el Círculo de Rosario, Ernani (1844) en el Teatro Roma de Avellaneda,
Alzira (1845) estrenada para la Argentina por el Teatro Roma de Avellaneda,
Attila (1846) representada en el Teatro Colón, Il Corsaro (1848)
ofrecida en el Teatro Roma de Avellaneda, Stiffelio (1850) estrenada
para la Argentina por el Teatro Argentino de La Plata, Rigoletto (1851)
ofrecida por el Teatro del Libertador de Córdoba, Il Trovatore
(1853) cantada en el Teatro del Libertador de Córdoba y en
el Auditorium de la ciudad de San Juan, La Traviata (1853) ofrecida
por el Teatro del Libertador de Córdoba y representada en ciudad
de Salta (primera ópera que se representaba completa en esa
provincia Argentina) y Falstaff (1893) representada en el Teatro Colón).
A ello debemos agregar diversos homenajes en conciertos con piano
o con orquesta y la presentación, al piano, de obras poco frecuentadas
como Oberto, Conte di San Bonifacio, I Lombardi, Jerusalem o Luisa
Miller.
Un muy buen año Verdiano.
Si tenemos en cuenta que hasta hace unos cinco años las óperas
representadas completas y con orquesta en toda la Argentina no superaban
la docena, que este año se hayan podido apreciar diez obras
del maestro de Le Roncole además de aproximadamente otros veinte
de distintos compositores nos habla a las claras del crecimiento de
la lírica en la Argentina. Crecimiento que hay que apoyar y
estimular fervientemente.
La Obra:
La ópera Il Corsaro se estrenó el 25 de octubre de 1848
en el Teatro Grande de Trieste, recibiendo una fría acogida
por parte del público. Según cuentan las crónicas
se aplaudieron dos arias y los decorados.
Luego se ofreció en no más de cuatro ciudades en la
década posterior a su estreno.
Recién en 1963 vuelve a ser ofrecida en la ciudad de Venecia.
En la actualidad es representada esporádicamente.
Estrenada cuando el compositor contaba con 35 años, tiene
elementos propiamente verdianos como arias, duetti, concertantes y
escenas corales dignas de mérito; el libreto presenta algunas
lagunas y la obra en general no significa mucho en la evolución
del compositor.
A nuestro país llegó el 11 de noviembre del año
2000, interpretada por Juan Carlos Valls (Corrado), Claudia Arce (Gulnara),
Leonardo López Linares (Seid) y Edith Villalba (Medora), en
los roles principales cantados el día del estreno. La dirección
escénica estuvo a cargo del Eduardo Casullo y la musical a
cargo de Roberto Luvini. El estreno se efectuó en el Teatro
Roma de Avellaneda.
Verdaderamente es esta una partitura menor dentro de la producción
verdiana y aunque sea importante conocer todas las óperas de
Verdi, ya sea para satisfacer la curiosidad como para tratar de encontrar
a cada instante los secretos y los misterios que hicieron de él
uno de los más notables compositores de todos los tiempos,
reiterar el título a un año de su estreno nos parece
un esfuerzo inútil.
La Versión:
La producción vista este año, que es totalmente distinta
a la del año anterior, salvo por la presencia de Marcela Paturlann
y Enrique Gibert Mella que encarnaron los mismos personajes en el
segundo elenco, no pasa de la corrección.
Lo que debemos destacar es la importancia de haber concluido con dignidad
la actual temporada lírica, que es la primera en muchos años
que se estructura como temporada y no como títulos sueltos,
máxime cuando otros teatros líricos estatales, como
el Teatro Argentino de La Plata han cancelado la Temporada, cumpliendo
con dos de los cinco títulos prometidos.
También debemos destacar la entrega de los jóvenes valores
que intervienen en sus producciones, lo hacen realmente por la lírica
ya que sus honorarios son bajísimos y los sucesivos ajustes
de presupuesto estatales hacen que ese poco dinero sea cobrado siempre
a destiempo. Igual elogio merece el coro que actúa prácticamente
ad-honoren.
Es por ello que no queremos hacer hincapié en los aspectos
negativos de esta producción, que juzgamos la más floja
de año del Teatro Roma.
El maestro Andrés Juncos (en una de sus primeras presentaciones
como director de orquesta) efectuó un buena labor, con correcto
espíritu verdiano.
La orquesta respondió aceptablemente, con los habituales desajustes
en los violoncellos.
Reiteramos que debe resolverse el tema del balance orquestal, es inaceptable
colocar músicos en palcos y sectores contiguos al escenario.
Esto redunda en intensidades no deseadas por los compositores y en
problemas para la emisión de los cantantes y la escucha del
público. Si se quiere seguir efectuando obras que requieran
orquestas "grandes" debe encararse una reestructuración
urgente del foso orquestal y eliminar los músicos fuera del
mismo.
El marco escenográfico de Facundo Lozano resultó adecuado,
pero fue iluminado sin ningún tipo de matices por Leandro Pérez.
Toda la luz fue blanca, con algunos toques de amarillo. Hasta en la
escena del incendio se utilizo luz blanca, nunca habíamos visto
llamas blancas.
La dirección escénica de Eva Halac fue correcta, sin
ningún desatino, pero sin ningún logro para comentar.
Pobre en ideas resultó la coreografía de Vanina Vukovic.
En el rol del título actuó el tenor Fernando Chalabe,
creíamos que en una sala más pequeña podría
hacer una buena presentación, nos equivocamos. El tenor cantó
con todos los defectos que estamos habituados a escucharle en el Teatro
Colón: emisión engolada, falta de refinamiento, agudos
tirantes, mala pronunciación italiana. En fin, cumplió
con su papel con más pena que gloria.
Adecuada al rol resultó Teresa Musacchio, quien evidenció
una línea de canto pareja, con una voz bien timbrada.
Correcto fue el Seid de Enrique Gibert Mella.
Marcela Paturlann, quien asumió el rol de Gulnara el año
pasado en forma promisoria no estuvo en su mejor noche, su línea
de canto resultó despareja. Tiene una voz "grande"
y un agudo importante, cuando canta en la zona alta del registro impresiona
al público. A su favor debemos decir que de tener que asumir
dos funciones del segundo elenco, ante la renuncia de la soprano uruguaya
Rita Contino, debe asumir las cuatro funciones.
El Coro y los comprimarios correctos, con algunas desafinaciones.
En suma: Un final de temporada que no pasó de la medianía
en un proyecto que debe ser apoyado y estimulado sin reservas.
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