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¿Cómo
surge una aventura? ¿Por un consejo, por un deseo, por imitacion,
por competición, por amar el riesgo, por locura, por audacia
o por una simple invitación?
Paolo Roberttaccio tenía un espíritu jovial, agradable,
alegre y juguetón. A sus 10 años no podía ni debia
pensar en otra cosa. Sin embargo ya conocía lo que significan
los aplausos, ser popular, importante, aunque dentro de los límites
propios de la edad. Era solicitado, mimado, querido. Participó
en una obra final de curso en su escuela, vivió el personaje
de un huérfano en una poesía realizada por su maestro.
Le gustaba cantar y lo hacía en el coro del colegio, en su casa,
en los cumpleaños, en la iglesia y en la boda de su tia Maria.
Tenia una voz de soprano dramática, brillante, pura, natural,
cantaba como los ángeles, suponiendo que ellos tuvieran voz.
Era desenvuelto y disfrutaba. Lo curioso es que ya de mayor nunca pensó
en dedicarse a ello, si, en estudiar un poco y un mucho en jugar, al
futbol, al frontón, las carreras lo volvían loco.
Los primeros años de estudio en un colegio religioso, le marcaron
ciertas normas. Todo el secundario en otro, se encontró al final
con una expulsión, él decía inmerecida.......quizás
no tanto.......Una chiquillada.....Su voz cambiada con el tiempo. Era
todo un hombre, voz metálica potente y aguda. Los designios del
Señor son insondables, iba para comercial y un agradable encuentro,
despertó en él la pasion por la lírica. Fue invitado
a unos ensayos, el tiempo libre y la curiosidad le hicieron aceptar.
En el salón familiar, en uno de cuyos rincones se encontraba
un piano vertical de más de mil campañas, tres amigos
calentaban motores entre escalas de 5ª y 7ª, vocalizos acompañados
por una pianista que arrancaba notas a fuerza de aporrearlo. Los comentarios,
las mutuas críticas y las correcciones, se sucedían en
este ambiente bohemio, como si de maestros se tratara. Se oyó
de pronto una voz que dijo -Prueba tú, Paolo- de pequeño
eras el de los gorgoritos. Respondió -Lo hacía por gusto
personal, sin pensar en nada serio, cantaba de oidos-. No obstante no
se hizo rogar mucho. La pianista comenzó con las notas bajas
del tenor, cuando entró en las notas centrales, sin parar, dirigió
de soslayo una mirada a los muchachos. Cuando la última nota
de la escala fue un SI natural agudo, dejó de sonar, miró
de frente a los otros, su cara denotaba sorpresa pero no articuló
palabra, martilló nuevamente el SI natural y sugirió -¿Repetimos?-
Y vuelta a comenzar. Las notas se oían sin esfuerzo, por lo que
al llegar nuevamente al SI natural, la pianista continuó hasta
que al llegar al RE4, dejó de sonar, -¿Tú sabes
que nota es ésa?- Paolo cabeceó un poco sin articular
palabra. -Sigamos- dijo la pianista. Paolo como con quien no va la cosa,
asintió. Cuando llegaron al FA sobreagudo, aunque apenas tocado,
pero era un FA, la pianista se puso de pié, mientras martillaba
la nota FA demostrando su asombro. Aplausos, gritos, comentarios y el
que hablaran todos juntos, obligó a Paolo pedir una explicación.
Resumiendo, Paolo pasó a engrosar el grupo de estudiantes.
Sin que el flamante aspirante a tenor lo supiera, los genes le habian
jugado una curiosa pasada. Por ambas ramas familiares, tuvo dos tíos
estudiantes de canto en su juventud, sin mayor proyección ni
fama. Otros dos tíos músicos, uno violinista profesional
y otro sonaba el trombón en una banda. Su padre obtuvo el título
de violín sin llegar a profesional, por tener dedos algo cortos.
También tocaba la guitarra. Se repetía en la familia esa
bohemia musical manifiesta, en la que muchos creen observar visos de
realidad artística, aún sin conocer los sacrificios necesarios,
ni el por donde comenzar. La bohemia familiar tomaba cuerpo en otra
generación.
¿Quién se anima a imaginar, que cosas pasaban por esa
cabeza joven inebriada de repente por un suceso tan brillante como inesperado?
Es de suponer que a la par del entusiasmo, irían en aumento sus
dudas. ¿Con quien aconsejarse? Buscar un maestro y correr riesgos
de si es bueno o no. ¿Tomarlo en serio? La cordura también
se hace sentir. Por lo tanto dejó reposar la cosa y mientras
seguiría con los gorgoritos. El tiempo no menguó su idea,
al contrario, creía en un progreso diario. Quizás fuese
su entusiasmo o la repentina ilusión.
Pasado el tiempo de reflexión le aconsejaron un viaje a Italia.
En Roma vivía un tío que en su juventud había estudiado
canto, junto al tenor Giacomo Lauri Volpi. Podria ayudarle a encontrar
el camino. Viaje en barco. Sería su primera vez. El tiempo empleado
hasta el primer puerto que apareció, no podría decir si
fue monótono o no, solo veía Paolo la inmensidad del mar
y lo infinito que es el cielo. Las preguntas iban y venían, es
decir, su cerebro atosigado no veía otra cosa que interrogantes.
Este es el primer día y ya esta pensando en el futuro ¿Qué
sorpresas le esperan? ¿Por dónde comenzar? ¿Será
dificil o fácil? Era sincero consigo y no creía esto último.
¿Sería capaz de aguantar la presión? Trataba de
distraerse para no explotar. La ansiedad, la angustia, la duda y la
alegria se alternaban en su mente. Nunca habia hecho nada igual. ¿Será
audacia o locura? Es como tirarse al vacio cogido de una cuerda.
Jugar a los tejos y a los naipes con otros pasajeros e ir al cine, no
le daban la calma pretendida. Tenía encima un gusanillo que lo
hacía girar como en un tío vivo. ¿Quizás
el viaje en avión hubiera abreviado tantas dudas? Necesitaba
esa tranquilidad que le permitiera analizar en lo que se había
metido. Las bajadas en los siguientes puertos fueron afianzando su seguridad.
Los paseos por Sao Paulo, las largas caminatas por Copacabana, la subida
al Cristo Redentor en Río, el viaje en funicular para visitar
Bahía, le dieron algo de esa tranquilidad esperada. Volvió
el razonamiento ¿Acaso no quería él saber si valía
para ello? Tenía que sacarse esa espina.
La llegada a Génova calmó algo sus nervios. Aún
faltaba el viaje en tren hasta Roma y allí es donde se le presentaría
la posibilidad de evacuar todas sus dudas. En la "Stazione Termine"
lo esperaba su tío, el que ya le habia buscado una pensión.
No, una pensión es demasiado, su riguroso plan económico
solo apuntaba a una habitación de familia. Encontró una
viuda que alquilaba a estudiantes. Y ahora, vamos a por el maestro.
Su tío conocía un viejo barítono retirado a cuarteles
de invierno, hoy maestro. Alto, fuerte, unos setenta años, voz
potente aunque quebrada. Modales no muy finos y un caminar de babor
a estribor como los barcos. Después de los primeros vocalizos
Paolo observó demasiadas preguntas y entre ellas oyó la
palabra "contrato" que aunque en italiano, con la española
se diferencia solo por una T. Su tío aconsejó, -De firmar,
nada.....-Paolo se entusiasma, vuelve la confianza, algo habrán
visto. La cosa marcha. Paolo canturrea en la calle lo aprendido hoy,
como cuando era niño.
A los cuatro meses la cosa parece estancada. La cuenta bancaria comienza
a quejarse. Don Oreste el maestro se cabrea de vez en cuando. Las lecciones
que habían comenzado tres veces por semana pasaron a ser diarias.
La atención no es la misma, se huele en el estudio demasiada
prisa, el ambiente se asemeja más a lo comercial. Los agudos
los tenía, aunque parecían gritos, pero y el resto........Comenzamos
a estudiar romanzas, -nos dice Paolo- no obstante su supina ignorancia,
le pareció demasiado pronto. Los antiguos pasaban años
antes de comenzar a cantar. Observa demasiada tolerancia. Piensa, -De
pronto me habré convertido en un genio. Se habia evaporado la
dedicación del profe. La audacia y la ilusión con la que
había comenzado el viaje, va adquiriendo visos de prudencia.
Con la adquirida tranquilidad desarrolla una buena autocrítica.
Se frena un poco su entusiasmo. Las dudas, las objeciones y las reservas
se disipan y aclaran con el tiempo y el sentido común. No habremos
conectado entre nosotros, - expresaba Paolo. Al menos como lo entiendo
yo, conexión maestro-alumno..
¿Qué saldrá de la mezcla de prudencia actual, con
un gramo de la locura con el que comenzó su aventura?
Seis meses, son suficientes para ver que su progreso era ilusorio. Necesito
otra cosa -se dijo Paolo un buen día. Y.... desapareció
del mapa don Oreste. El maestro Wolff dirige compañía
de óperas, podria ser una base. Mucha menos teoría y más
práctica. Su sistema consiste en aplicar la técnica sobre
lo que se canta. Es agradable, muy buen pianista, pero serio, no pierde
el tiempo con chistes, anécdotas o aventuras juveniles. Cuatro
meses con el maestro Wolff sirven para aprender varios personajes secundarios.
Una visita de su tío al estudio, le da el apoyo por la decisión
tomada. El mes que viene participará en un concierto y al siguiente
en otro. El primero hizo sentir a Paolo las sensaciones más diversas.
Primera actuación en público con cuatro romanzas. Nerviosismo
por todos los poros. Pero al terminar se encuentra uno en una nube.
¡Que bonitos son los aplausos! Se sueña ya con la fama,
se corre demasiado, se quieren quemar etapas. En el medio, una boda
familiar donde Paolo canta en la iglesia el "Ave Maria" de
Gounod. Las felicitaciones, los aplausos y los abrazos fundamentan el
entusiasmo de Paolo. ¿Acaso las grandes empresas no se basan
sobre el entusiasmo?
El maestro Wolff saldrá en gira con una compañía
durante tres meses. Esto lo sabía, solo esperaba no se produjera.
Ese riesgo existía desde el primer dia. ¡Adiós ilusiones,
porque creía haber encontrado el camino! Tocaba el Cielo con
la mano. Yo no puedo esperar tres meses -se dijo Paolo- mi cuenta bancaria
no aguantará tanto sin hacer nada.
Un día de asistencia al teatro Opera, Paolo oye mencionar al
maestro Ruisi, director de orquesta y organizador de compañías
líricas. Se repite la historia. Estudio de personajes ya conocidos,
batiendo mucho sobre oscurecer el sonido, ir a tiempo, cantar con soltura,
apoyando en máscara, todas cosas conocidas, pero con correcciones
sobre la emisión del sonido o sea, que sabe cuando un sonido
no está apoyado, estudio del solfeo y algo de escena. La desilusión
fue repetida, porque salió también en gira de diez dias
y lamentaba no tener un puesto para él. El año que viene
será otra cosa.
La necesidad agudiza el ingenio, razón por la cual, el futuro
astro de la lírica tuvo que buscar un trabajo. Dice un viejo
proverbio italiano, "il tempo pasa e la morte s'avvicina".
Nada de oficina, porque hay que tener libertad de horario para el estudio.
Salió elegido entre varios candidatos presentados, para vender
chocolate. Al menos será un trabajo dulce -pensaba Paolo-. Una
furgoneta y toda Roma para él. Mientras conduce por el endiablado
tráfico romano, piensa en todo lo ocurrido el último año,
en la falta de actuaciones, el riesgo que corre con maestros desaprensivos
y en los vaticinios de los "sabiondos conocedores y de los menos".
¡Qué voz! ¡Qué timbre! ¡Qué agudos!¡Qué
audacia! ¡Qué arrojo! ¡Qué locura!, para continuar
¡Cuánto cuesta! ¡Qué de sacrificios, cuanta
abnegación! ¡Cuántas sorpresas!
La vuelta del maestro Ruisi trajo algunas alegrías para el maltrecho
espíritu de Paolo. Preparación inmediata del Arlequín
de "I Pagliacci" y el Normanno de "Lucia di Lammermour".
Estos altibajos matan a cualquiera. Menos mal, que siempre aparece el
entusiasmo haciendo olvidar toda clase de locuras.
RECUERDOS
DE UNA VIDA
Autor: Roberto Di Nóbile Terré
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