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Recordado Flaco:
Por fin hubo parto, con dolores y sin experiencia. Me hubiera gustado
tenerte a mi lado. Que mal se pasa.Te había anunciado que posiblemente
mi debut fuera en Fabriano. Todo muy rápido. Me llamó
el maestro Ruisi "mañana viajamos a Fabriano y esta tarde
ensayo general en la casa del regista Azzolini". Allí me
encontré con todo el elenco, la soprano Annamaria Fratti, su
marido, el tenor Angelo Rossi, el barítono Malavassi y faltaba
Renzo Scorzoni, quien ya había hecho la parte de Tonio. Bueno,
creí que mi oportunidad no llegaría nunca. La prueba fue
bastante buena, con la sorpresa de que al día siguiente hubo
otra. Correcciones para todos los gustos.
En una semana tuve que aprenderme una parte de "L'amico Fritz",
para que cuando la tenía en el buche, me dicen que un personaje
de "Lucia", para que a la semana siguiente opten por "Traviata",
para terminar haciendo Arlequino de "I Pagliacci", esa partecita
que muchos consideran como tal, pero la primera vez resulta un furúnculo,
al menos para mí.
Partí al día siguiente en el tren de las 10. Me vi más
solo que la una, no se encontraba ninguno de los del elenco. Aparentemente
tranquilo, aunque con una gran emoción por ver lo que significa
estar en el escenario. Mi parte la sabía a la perfección,
me sentía seguro, pero tenía gran curiosidad por saber
que encontraría en Fabriano. Nunca me gustó la soledad
y hoy me agobiaba. ¿Cómo se comportarían mis compañeros?
Solo yo era el debutante y conociendo un poquito este ambiente, había
algo que no me dejaba tranquilo. Cuando más quería extasiarme
con la campiña y las montañas, intentando olvidarme del
debut, mi otro yo volvía a insistir con mi parte, con mis movimientos
y repasar todo mentalmente.
Había una sola forma de sujetar a mi otro yo, tenía que
pasar el tiempo pensando en otra cosa. Traté de analizar a mis
compañeros de viaje, y comencé con un.......veamos que
tengo enfrente. Intenté entrarle al señor mayor, regordete,
en mangas de camisa, pañuelo al cuello, de unos sesenta años
y el cinturón debajo de prominente tripa. Lo acompañaban
dos hijas veinteañeras. Vestidas ambas con vaqueros y de conversación
permanente entre ellas, mientras el padre se extasiaba viendo el campo
y las montañas, cosa que hubiera querido hacer yo, para olvidarme
un poco de mi parte. Pero nada, absolutamente nada. Era evidente que
no tenía mucha suerte con mis compañeros de viaje. Llegado
el mediodía comenzaron con la operación pienso, ¡menudo
ritual desarrollaron! Sacaron de una bolsa unos panecillos, huevos duros,
cerveza y bocadillos de milanesa. Para esta operación emplearon
dos tiempos el primero lo ocuparon con los bocadillos, respiraron un
poco y atacaron con los huevos y el resto. Una vez repartido todo entre
los tres, el padre me dice "¿Vuol favorire?" (¿¡)
fue lo único que le oí decir.
Cuando terminaron de entretenerse con la operación almuerzo,
las chicas se acomodaron para una siestecita y con todo desparpajo se
quitaron los zapatos apoyando los piés en lo que quedaba libre
del asiento. ¿Qué pretendían demostrar, desenfado,
desenvoltura, o quizás........poca educación?
Me faltaba analizar al joven que formaba parte del quinteto en el compartimento.
Diría que por la apariencia un joven doctor o abogado, posiblemente
sin el título aún. Bien vestido. El que tuvo que aguantar
las indiscretas miradas de las niñas y algún que otro
comentario en voz baja, poniendo la mano delante de la boca sin disimulo.
De traje y corbata, con zapatos nuevos, se entretuvo las cuatro horas
del viaje, en leer papeles que traía en su portafolios. ¿Quizás
repasando su último exámen? ¿Una tesis para el
doctorado? Evidentemente pensaba como yo, mejor se come en una mesa.
Descubrí que tenía voz cuando me dijo "scusi",
después de darme un pisotón. Imposible conseguir una mayor
y absoluta monotonía en un viaje.
Los nervios tenían una base, nunca me pude olvidar del ataque
alérgico que me dio cuando estuvimos en Fara. Me preparó
la doctora Savalli con determinados antibióticos y masivas vitaminas,
que al sentirme bien, dejé completamente de lado. En mi cabeza
seguían rondando algunas preguntas, ¿Si me olvido la parte,
como reaccionar? Considero que era la inseguridad propia del debutante.
Pero ¿Porqué me siento así, si la parte la sé
muy bien, incluyendo la escena? Y vueltas de nuevo a empezar ¿Cómo
se comportarán mis compañeros? ¿si me equivoco
me darán una mano? ¿Cómo? Mientras mi otro yo respondía,
¡Estúpido, ocúpate de ti mismo, lo demás
vendrá por si solo! ¡Que tonto soy, de que me preocupo,
si hasta ahora todo me ha salido bien!........
Dejé mi puesto y salí del compartimento para distraerme.
¿Adivina que es lo que hacía mientras paseaba? Ensayaba
mentalmente la gabota. ¿Se puede ser más merluzo?
Llegamos a Fabriano pasadas las catorce horas. En el mismo tren venían
los músicos de la orquesta, de haberlo sabido me habría
acercado. Todos subieron a un autobús y yo detrás de ellos,
sin saber porqué, pero imaginé que el pueblo estaría
lejos. Diez minutos de trayecto y bajamos justo enfrente del teatro.
Yo seguía mientras tanto a los músicos que descargaron
su equipaje e instrumentos y por ellos me enteré que la prueba
sería a las diecisiete horas. Todos juntos se dirigieron al hotel
y yo.....detrás de ellos. Cada uno a su habitación, pero
me cansé de esperar que salieran para ver donde se podía
comer. Seguía estando solo, me busqué una "trattoria"
donde poder matar el hambre que tenía. Los nervios me hicieron
caminar el pueblo de una punta hasta la otra. No he visto una sola calle
horizontal. Todas son subidas y por consiguiente bajadas. Visité
los jardines de los que parecen estar muy orgullosos. Es una ciudad
de unos 10.000 habitantes en la que sobresale como principal industria
la fabricación de papel. Algunos me dijeron que la más
antigua de Italia. Como faltaba hora y media para la prueba, dirigí
mis pasos hasta el hotel, intentando descansar.
A las cinco estaba en el teatro. El maestro Ruisi intentaba coordinar
la orquesta, repasando una y otra vez el "prólogo".
Con el maestro Azzolini nos encerramos en un salón donde casi
hemos repasado dos veces la ópera. Al piano el maestro Dell'Angelo,
que sería nuestro apuntador. A las 21,30 prueba general con coros
y orquesta. Si por casualidad hubo algún momento en que no estuve
nervioso, no fue precisamente éste. Lo hice bastante bien, ya
que el maestro Ruisi solo me llamó la atención en una
oportunidad. En cambio a Malavassi que hacía el Silvio, lo volvió
loco. Daba la impresión de haber aprendido su parte a través
de la radio. En cuanto a la orquesta, nunca había visto al maestro
Ruisi tan cabreado, les hizo tantas correcciones, que llegó a
decirles, "La banda del pueblo suena mejor que Uds"......
Como a las 24 salió el tropel en busca de una "trattoria".........la
única que a esa hora estaba aún abierta. Fue mi único
momento de relajación y durante el cual dejé de pensar
en mi parte. El maestro Azzolini resultó ser un individuo divertido.
Se pasó la noche haciéndonos conocer su largo y variado
repertorio de chistes. Nos retiramos a las dos de la mañana.
A la mañana siguiente y como aun no habían llegado los
de "Traviata", el maestro Ruisi decidió otra prueba
general. Me sentía algo más tranquilo, más afianzado
en la parte. Libertad hasta la 19 horas.
Y a partir de esa hora fue cuando comenzó mi drama. Los compañeros
no demostraron la misma camaradería del día anterior,
que aunque poca, era algo. En ese momento cada uno iba a lo suyo. Yo
creí que lo de los nervios era solo para los principiantes........pués
me equivoqué, porque los camarines parecían un loquero,
todos gritaban, todos llamaban a todos, unos vocalizaban, otros ensayaban
su parte, yo no entendía nada. Intuía que el nerviosismo
no era privilegio mío. Todos querían ser atendidos por
la sastra, por el maestro apuntador, afloraba el egoísmo del
artista. Y a mí nadie me daba bola. Solo sabía que tenía
que maquillarme y no encontré a nadie que me dijera algo. En
este aspecto el maestro Ruisi me prometió su apoyo, pero no lo
he visto antes del espectáculo, ni en fotografía. A todo
esto el reloj parecía haber puesto la quinta marcha. Los minutos
pasaban que daban calambre. El maestro Dell'Angelo fue el que se apiadó
de mi indicándome el maquillaje. El traje me quedaba chico, no
podía doblar las rodillas. ¿Y si llega a romperse por
algún lado? Menudo papelón. Busco de prisa a la sastra.
Saca de un lado, saca de otro, para que al final me quedara grande.
Mejor es así.
Flaco, te puedo asegurar que nunca me había imaginado lo que
estaba viviendo, esperaba un poco más de compañía,
unos consejos, un poco de orden y mientras tanto mi sistema nervioso
convertido en un polvorín. A todo esto el apuntador me pregunta,
¿Trajo el pañuelo negro? ¡Bendito sea el Señor!
Lo había olvidado en el hotel. La desesperación que me
invadió no tuvo límites. Me quité el traje de Arlequín,
nuevamente a vestirme de calle y salir disparado hasta el hotel. Pero
si es para no creerlo, intentar todo el día estar tranquilo,
para que unos minutos antes tenga que comenzar de nuevo el intento tranquilizador.
Hacía un frío fuera de lo común, pero yo no me
enteré.
Nuevamente con aspecto de Arlequín, busco un sitio oscuro y cerrando
los ojos intento dominar mis nervios. Las charlas de los maquinistas
y cantantes me molestaba. En mi interior pedía a gritos que comenzara
el espectáculo, no veía la hora de salir de esta ofuscación.
Ultima llamada, se levanta el telón, ahora si que será
todo o nada. Scorzoni canta el prólogo, su actuacioón
bastante buena, lástima el agudo final, le salió acatarrado.
La orquesta hace sentir los compases que preceden la salida de la troupe
al escenario. ¡San Paolo, dame una manito! De golpe desapareció
el nerviosismo que tenía, las piernas dejaron de temblar, y en
esta primera parte, al decir de los que me vieron, estuve bien. Continúo
caminando entre bastidores a la espera de la romanza, vuelta a empezar
con el temblor de las piernas.......¡Será posible? Siempre
lo mismo, el miedo a olvidar las palabras, a entrar tarde. Al maestro
solo le veía la mano, bueno..... me agarraré a ella como
a un salvavidas. Miro al maestro interino esperando su señal
y lo veo un poco azorado, está dando vueltas y más vueltas
a las hojas de la partitura, no encontraba mi entrada, en ese momento
debo haber tenido 30 de tensión. Distraído por el maestro
que que supongo estaría peor que yo, alguien me empujó,
y aparezco de golpe ante el público. La romanza la canté
bien, el agudo final quizás un poquito apretado, pero en fin
aceptable. El dúo con Colombina fue lo mejor. Finalizo y voy
a cambiarme. Terminó el parto. Sentado en el camarino me entró
una flojera, como nunca en mi vida. ¿Será que siempre
tendré que pasar por esto? Y mi otro yo "¿No es esto
lo que has estado buscando tanto tiempo? Si......... pero sin tanto
apremio.........
Nos íbamos al hotel con un grupo de músicos cuando se
nos acerca el empresario De Rita con una grata sorpresa. Había
un final de fiesta con Mario Del Monaco y Antonietta Stella, yo lo sabía
pero me había olvidado. Les ofrecieron unos premios por su actividad
operística, que yo creo fue más bien para llevar público,
porque estaba anunciado en los carteles. Cena por todo lo alto. Por
suerte un solo y breve discurso (estaba yo como para mucha cháchara)
y el brindis de rigor por Del Monaco. La Stella muy guapa y bien formada,
elegante y agradable en el trato.
Día 9 de Junio. Quedará imborrable durante toda mi vida.
Querido amigo Roberto, creo que se me ha ido la mano detallando mi experiencia,
me ha servido para descargar la tensión, pero estoy seguro que
me conprenderás. Tu experiencia me hubiera venido muy bien. Espero
tus comentarios. Saludos a la familia.
Paolo
RECUERDOS
DE UNA VIDA
Autor: Roberto Di Nóbile Terré
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