EDITORIAL DE OPERAYRE
Escribe Eduardo F. Casullo
Desde su inauguración en 1908 el Teatro Colón se convirtio
en el ideal de calidad y excelencia en el que aspiraban y aspiran
mostrar su arte los compositores y los interpretes no solo de la Argentina
sino de todo el mundo.
La magnificencia de su construcción y el lujo con que fue realizado
estaban en concordancia con un momento histórico y económico
propio de la argentina de la patria ganadera, con su mirada siempre
orientada a Francia en especial y a Europa en general, (la gran cantidad
de inmigrantes italianos nunca fue demasiado apreciada por la alta
sociedad, aunque se deleitaba con las operas de autores italianos
y debemos a la colectividad italiana un gran número de teatros
de gran estilo y belleza donde la ópera ocupó un lugar
preponderante).
Fruto de esta necesidad de mostrar la abundancia y calidad, hasta
cierto punto la diferenciación entre la alta sociedad y el
resto de los ciudadanos, se creo el Gran Abono, donde las funciones
cuentan con el mismo elenco que los demas abonos pero las entradas
son mas caras y se imponía la etiqueta como vestuario obligatorio
en palcos y platea.
Con el transcurso del tiempo, y pese a la transformación económica
y los distintos momentos de austeridad y de falsa abundancia por los
que transcurrió el país en estos 93 años de vida,
esta costumbre se mantuvo y el gran abono sigue manteniendo la rigidez
de imponer obligatoriedad para vestir la etiqueta en palcos y platea.
Vale la pena?
El día martes 7 cuando asistí al estreno de la ópera
Attila de Verdi, sin etiqueta y en la parte superior, palco tertulia,
asignación de prensa, comentaba con otro asistente la sensación
extraña que vivia. En el resto del país se encontraban
ocupando calles y rutas agrupaciones de piqueteros que protestaban
por los planes económicos, el índice de desocupación
alcanza niveles nunca vistos, y todo el contexto aparece en estado
de incertidumbre, con tremendas protestas sociales apoyadas hasta
por la iglesia. No pude evitar pensar en la miopía terrible
de los zares en la Rusia de principios de siglo y en la caotica situación
del pueblo que culminó con la ya perimida revolucion bolchevique.
Vale la pena?
El lujo y la ostentación de los sres. abonados era mucha y
hasta cierto punto gratuita. Bien cierto es que quienes participan
de este abono no tienen (o tienen) mas remedio que ir de etiqueta
porque así lo impone el Teatro. Las costumbres por las que
transita la sociedad son particularmente curiosas y hay de todo. Quienes
lo toman como una costumbre, quienes se esfuerzan por aparecer en
esas funciones para identificarse con un ideal de clase al que no
pertenecen pero necesitan pertencer -aunque sea por osmosis- y aquellos
que, aletargados por sueños de epocas de abundancia no pueden
ver el contexto y creen que la argentina se encuentra aún en
los años de oro.
Lamentablemente mi presunción tuvo carácter de visión
porque la protesta estaba organizada y no se hizo esperar. A la salida,
interrupiendo el paso, un grupo de manifestantes profería insultos
tales como "Inmorales, el pais con hambre y Uds. de gala....",
"Inmorales, Uds. son los causantes de esta crisis económica
y socios de Caballo (por el ministro de economía)" y otra
serie de agravios en donde se afectaba a todos por igual. Hay quienes
dicen que fueron asociaciones de lucha contra el sida "CHA"
y otras las que decidieron hacer este "escrache".
Tal vez, este sea solo el comienzo, porque hemos visto que este tipo
de protesta prende fuerte en la sociedad cuando no hay cabezas visibles
concretas contra quien realizar las agresiones
Vale la pena?
No. Creo que no vale la pena continuar con esta obsoleta costumbre
social, fuera de contexto y que solo aporta al ego de las damas que
desean mostrar lujo, pieles y trajes fastuosos y tal vez en, en gran
proporción estan alejados de la comprensión musical
del espectáculo.
Debería ser el propio Teatro Colón quien haga opcional
esta obsoleta costumbre, como ocurre en todas partes del mundo.