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| EL TEATRO COLÓN, ¿NO TIENE REMEDIO? |
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CULTURA / INVESTIGACION DE CLARIN: En el 98 hubo 192 funciones; en el 2000, 173 y este año esperan menos de 150 · Tiene un presupuesto de 42,4 millones y gasta la mitad en sueldos · Todos coinciden en que el teatro funciona "a media máquina" Por PATRICIA KOLESNICOV. De la Redacción de Clarín. Buenos Aires Argentina Imagine que usted es un ciudadano alemán. Que viene a Buenos Aires y ha oído hablar tanto del Teatro Colón. Imagine que programa su viaje y sabe que justo, justo cuando esté en esta ciudad habrá una función, digamos de ópera, que le interesa. Entra a la página del Colón en Internet. No, no puede comprar entradas en la red. No puede comprarlas por teléfono. No puede conseguirlas de ninguna manera: tiene que llegar unos días antes de la función y hacer la cola. Eso, si hay sobrantes de abonos o si se dispuso alguna función extraordinaria. Claro que si tiene tiempo, sobrantes tendrá: el teatro está trabajando, según las autoridades, con una sala vacía en el 40 por ciento. Lo que puede pasar es que usted, el turista, no encuentre mucha oferta: en su temporada 2001, el Colón presentará ocho títulos de ópera. El Teatro, lo dicen todos, está a media máquina. Tanto que en 1998 se hicieron, en total, 192 funciones. Y en 2000, 173. Veinte funciones es casi un mes menos. Se podría escribir esta nota con las declaraciones textuales que gente cercana al Teatro del cuerpo artístico, de la comisión interna, de la dirección administrativa, del Gobierno de la Ciudad hizo a este diario. Declaraciones encontradas. Pero en algo coinciden: el teatro produce menos de lo que debería, carece de política de comercialización y pide a gritos un nuevo reglamento de trabajo para el personal, tanto como la regularización de situaciones laborales de hecho que llevan años. Esto lo sabe bien Sergio Renán, que dirige el teatro desde septiembre, porque ya estuvo al frente antes: entre 1989 y 1996, la primera vez y durante un par de meses en 1998, la segunda. Lo sabe y lo deja claro: "Yo sólo hablo de cuestiones artísticas, no de cuestiones administrativas". Es una madeja el Teatro Colón, pero para empezar a entenderlo hay que conocer algunos datos: como que tiene en el año 2001 un presupuesto de 42,4 millones. Casi todo lo pone la Ciudad de Buenos Aires. Entre el casi y el todo está el dinero que genera el propio teatro: en el 2001, 5.866.368 pesos en concepto de abonos. Y un monto variable por alquiler de la sala para la realización de conciertos. Los ingresos por abonos bajaron: en el 2000 habían llegado a 6.964.180 pesos. Del total del presupuesto, alrededor de la mitad son sueldos. Según datos de la dirección del Teatro hay 945 personas en planta permanente, 53 en planta temporaria y 353 contratados. En total, 1.351 personas. Según la misma fuente, el salario mínimo, sin horas extras, de un empleado del área escenotécnica es de 1.131 pesos, mientras el máximo es de 2.826. En el área artística, el mínimo es de 2.000 y el máximo, de 3.076. Los empleados permanentes tienen la estabilidad de un empleado municipal. Los de planta transitoria tienen contratos anuales, aguinaldo, vacaciones, obra social. Los contratados facturan, no tienen relación de dependencia. Aunque, en los hechos, todos hagan lo mismo, las mismas horas, en el mismo lugar. El Colón es un teatro "a la italiana", donde se hace todo, desde los trajes y los zapatos hasta los decorados y el arreglo de los instrumentos. Tiene sastres, cantantes líricos, gente encargada de afinar un violín y gente lista para prender la calefacción. Pero esta dotación no siempre está tan activa como se podría esperar: "Estamos produciendo tres óperas por año", dice Pablo Batalla, director adjunto del teatro desde mitad de año. Batalla es un economista de 36 años, que fue Director de Presupuesto de la Ciudad cuando Adalberto Rodríguez Giavarini era ministro de Hacienda de la Comuna, y también fue viceministro de Economía de Entre Ríos. "Tres óperas por año", dice Batalla. Y dice todos lo saben que lo que no se produce vestuarios, escenografías se alquila. Es decir: se pagan los sueldos de la gente que podría hacerlo y se paga también el alquiler de producciones completas. Un ejemplo: este año se presentó Lady Macbeth de Mtsensk, con Sergio Renán como director escénico. Se alquiló la puesta completa. Cuando fue enviado a la Procuración de la Ciudad para su estudio, el contrato establecía que la ciudad pagaría 1.014.245 dólares, que por una reducción impositiva terminaban siendo 890.000. Y, además, el Teatro se haría cargo de los honorarios de Renán. Esto generó, en los corrillos, algún malestar, pero la Procura ción no objetó el punto. Finalmente, se supo que el director había renunciado a cobrar eso. El decreto que autoriza el pago, unos días más tarde, no habla de honorarios de Renán y dice que se abonarán 1.034.883 por cinco funciones más 145.349 dólares por dos extraordinarias. En el Colón, dicen todos, se pagan muchas horas extras. En la Dirección sugieren que los trabajadores no terminan su trabajo a tiempo si no les pagan horas extras. Maximo Parpagnoli, de la Comisión Intercuerpos, dice: "La hora extra se produce por falencias de programación. La dirección no calcula los atrasos burocráticos para pagar, las cosas llegan tarde y hay que suplir eso con horas extras". Esta periodista pidió ver un recibo, para saber qué parte de un sueldo eran horas extras. Le dijeron que no figuran. Porque las horas extras, le explicaron, se pagan a través de la Fundación Teatro Colón. Rodolfo Ceretti, vicepresidente de la Fundación, dijo a Clarín que, en parte, la Fundación trabaja como administradora de algunos fondos del Teatro. "Si se alquila la sala dijo Ceretti ese dinero va para la Fundación pero es dinero del Teatro, que luego nos dice qué hacer con él. Esto se hace para que los fondos que ingresan a la Institución queden en la Institución. No queremos que la plata vaya a parar a otro lado. Alguna vez hemos pagado horas extras". Claro que la Fundación se rige por el derecho privado, que tiene otras reglas. Esto es lo que objetó la Auditoría General de la Nación en un trabajo de 1996. Allí mostraba que cuando se alquilaba la sala, la Tesorería del Teatro recibía una suma y la Fundación una donación. Por ejemplo: por un alquiler para 12 funciones se habían pagado en tesorería 24.000 dólares y se habían donado a la Fundación 80.000. O por una fecha, en octubre de 1995, se pagaron 5.000 dólares y se donaron 25.000. "Es de observar decía la Auditoría que el importe recibido por la Fundación es dispuesto sin las limitaciones y controles que imponen las normas del Derecho Público". En otras palabras: el dinero privado se maneja con una libertad que no tiene el que pasa por auditorías y reglamentos del Estado. Hubo, hace un par de meses una idea: convertir el Colón en una sociedad del Estado. Es decir, una empresa regida por el derecho privado, pero cuyo dueño fuera el Estado. Sus empleados no serían municipales, sino privados. Tendría un directorio, gerencias, en fin, una empresa. La idea provocó revuelo y Jorge Telerman, el secretario de Cultura, negó que existiera. Pero fuentes cercanas al Teatro contaron a Clarín que la idea era hacer un "Colón residual" donde quedaran todos los que no fueran a la nueva empresa, cuyo plantel sería más chico. Esa gente seguiría siendo municipal y así sería reubicada. El proyecto, por ahora, está parado. "Ninguna acción puede incluir una disminución del personal", dice y enfatiza Telerman. "No con un 15% de desocupación en el país". Y habla del Liceu de Barcelona: "Tiene formas de administración muy ágiles, similares a lo que en Argentina se llama una sociedad del Estado". No hay muchos teatros como el Colón: en Italia, todos pasaron a ser Fundaciones y tienen que buscar subsidios. En la Scala, el Estado pone sólo el 15%, y tiene un presupuesto de 60 millones de dólares. El Real de Madrid cuenta con 65 millones de dólares al año y una participación estatal del 65%. París destina a su Teatro de la Opera 89 millones al año. Funciona en dos teatros y tiene un centro de danza, una escuela de formación lírica, un coro y una orquesta. Su planta permanente tiene unas unas 1.400 personas. Batalla, el director adjunto del Colón, encabeza un estudio de costos en el teatro que va dando qué pensar. Un ejemplo, del año 2000: Tristán e Isolda. La puesta costó 2.647.628 pesos. Se hicieron cinco funciones y tuvo un factor de ocupación del 71, 4. El costo medio por espectador fue de 249,24 pesos. Si hubiera estado a sala llena, cada uno hubiera costado 178,05. ¿Y si se hubieran hecho más funciones? Telerman dice que hay que producir nuevos públicos, que el Colón tiene que producir y vender. En vez de alquilar producciones de afuera, alquilárselas a otros. Grabar discos, videos. Hacer acuerdos con agencias de turismo para incluir entradas en los paquetes. Gastar menos pero, sobre todo, ganar más. |