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LAS VISITAS DEL BARÍTONO CARLO GALEFFI

- Un día de éstos pasaré a conocer su familia - me dijo - Y la verdad no lo tomé muy en
serio porque el Commendatore había veces en que estaba ausente, participaba de las reuniones en lo de Petrosemolo, pero con la mente en otro sitio o en otras cosas. Su vida artística de muy larga duración, vivida intensamente, debe ocupar su cerebro totalmente con recuerdos. ¿Qué es lo que no cantó? ¿Que es lo que no hizo? El repertorio tan amplio, la cantidad de representaciones, las ciudades visitadas, su perseverancia en el estudio, la preocupación constante por sus personajes y sus vestimentas, lo tuvieron tan ocupado como para que ciertos problemas pasaran a segundo plano.

Cuando llegué a mi casa ya eran casi las 21 Hrs. Comenté con mi mujer y los niños que posiblemente vendría Don Carlo a conocerlos. Las preguntas llenas de curiosidad para sus 4, 6 y 8 años, dentro de la más absoluta inocencia eran para todos los gustos. Demás está decir que durante varios minutos las recomendaciones maternas se repitieron hasta el cansancio.

Me sentí muy alagado de que quisiera conocer mi familia. Siempre me dió la impresión de que su vejez fuera por demás solitaria.Posiblemente quisiera cambiar un poco de ambiente y empezaba a cansarse de oir siempre las mismas conversaciones y los mismos halagos.

Llegó alrededor de las 12 del Domingo, razón por la cual estaban todos los niños en casa. Fue un alboroto que no sabíamos como parar. Pasamos al salón y una vez acomodados, los dos más chicos Edgardo y Adriana, no aguantando su curiosidad por el personaje se apoyaron sobre sus piernas, mientras lo miraban atentamente. ¡Qué pasaría por esas cabecitas en ese momento!
La primera en abrir el diálogo fué Adriana, quien a boca de jarro le dijo:
- Vos sos más viejo que mi Papá. ¿También cantás como él?
- Bueno, ahora no, pero he cantado algo....-contestó
- ¿Vas a cantar algo antes de comer? -insistió.
- Yo creo que no porque no se debe cantar con el estómago vacío...
- ¡Ah....mi Papá canta a cualquier hora. ¿Te gustan los ravioles? Porque mi Mamá los hizo hoy....
Así continuó con el interrogatorio, más parecido a un tercer grado que a otra cosa, hasta el momento en que Don Carlo la cogió, sentándola sobre sus rodillas, mientras le decía
- No paras de hacer preguntas, te mueves más que una mariposa, por eso te voy a llamar "farfallina".
Su semblante no era el mismo cuando nos encontrábamos en lo de Petrosemolo, hoy se lo veía suelto, daba la impresión de encontrarse a gusto, agradable con los niños y paciente. Evité en lo posible hablar de canto, ya que para eso estaban las otras reuniones, donde se lo atosigaba con preguntas técnicas o su opinión sobre tal o cual cantante. Me hizo algunas preguntas sobre la Besanzoni, para conocer de sus alumnos y su método de enseñanza. Las respuestas a sus preguntas me ocuparon varios minutos, ya que insistía sobre detalles.
Sentados a la mesa lo observaba con disimulo, ya que quería se encontrara cómodo. Mantenía aún esa figura de señor y que como lo define Lauri Volpi en su libro "Voci parallele", "Cantando "Lohengrin" parecía un bombardino vivo. Figura de granadero, alto, bien plantado, ojos y nariz aguileños, su máscara facial concentrada......", aspecto que no obstante los años aún mantenía, aunque se le veía machacado por la vida.

- ¿Te gusta la comida? -insistió Adriana....
- Ya te dijo Mamá que no se habla cuando se come, .-terció Edgardo intentando meter baza.
Y sin esperar una respuesta, Adriana agregó
- ¿Vas a venir a caminar con nosotros?, porque después de comer siempre vamos a un parque....
- Está bien, si me invitan, iré - contestó Don Carlo
- Ya estás invitado por mí.....- y dirigiéndose a su madre, agregó -Mamá, Carlo viene con nosotros, yo lo invité....
- De pronto se oye otra vocesita que "sotovoce" agrega -Te hemos dicho que Don.....- agregó Laura, quien por ser la mayor se creía en la obligación de puntualizar.
- En que quedamos, se llama Don o Carlo....? -insistió Adriana.
Sería interminable repetir aquí los monólogos, los diálogos y hasta los tercetos que el paciente Don Carlo tuvo que aguantar hasta el parque y aún en él. Lo llevaron cogido de las manos y al llegar al paso de cebras, le dijeron -Tenés que mirar antes de cruzar....
Que difícil es interpretar lo que pasa por la cabeza de un niño. ¿Qué se habrán imaginado que era ser cantante de ópera? La paciencia que demostró, fue para no creerlo. No obstante, siempre se ponía a la altura de los niños. Salieron a relucir un par de cuentos, que en realidad no sé si Don Carlo los conocía o se los inventó sobre la marcha. Y después de observar ese cuadro y dentro de la infantil ignorancia, estoy seguro que los niños siempre adivinan quienes los quieren.
Cuando los niños se ocuparon de los juegos, Don Carlo comenzó a descansar.

Los días en Roma fueron pasando dentro de una rutina con muy pocas variantes. Este mediodía regreso a casa sobre las doce y recibo un impacto agradable al encontrar a Don Carlo. Sentado en la cocina conversaba con mi mujer mientras observaba sus movimientos culinarios. Al ver mi cara de sorpresa aclaró que - Caminando, caminando ya que la mañana era preciosa para el ejercicio, llegué hasta aquí -.
Tendría que haber aclarado que, caminando, caminando y además... tomando un autobús. Pero en fín, sus visitas nos eran muy agradables.
- Anoche vi la ópera "Pescatori di Perle", con Ferruccio Tagliavini, Onelia Fineschi y Gino Becchi - le comenté mientras esperábamos el almuerzo. Fue lógica y esperada su pregunta - Y que tal...?
- Vea, los conocimientos que yo tengo de canto para juzgar, no son los suyos, Don Carlo, pero a decir verdad, lo que yo vi y oí anoche es esto. Tagliavini tiene un lindo color de voz, pero abusa del "falsetto", tengo la impresión de que canta cosas que no debe. En escena es siempre igual, nada extraordinario. La Fineschi, puedo decir más o menos bien, pero siempre dentro de una línea igual. En cuanto a Becchi, he oído decir que volvía a cantar después de un período de ausencia. Mejor hubiera sido no lo hiciera, para hacerse oir grita, me dió la impresión de que su voz no está apoyada en absoluto. A la salida me encontré con la Besanzoni y coincidimos en casi todo.
A todo ésto Don Carlo vió que mi mujer se preparaba para salir, por lo que se puso de pié un poco inquieto, aclarándole yo que salía para llevarle la comida a los niños, ellos comen en la escuela. Nosotros esperaremos un momento, la escuela está enfrente.
- Hace muchos años que no veo a Gabriella, ¿Como está Ella?
- Fisicamente yo la veo siempre igual, bien plantada, y por los comentarios que recuerdo, no ha cambiado en su forma de ser, es decir, donde vaya es el centro de la reunión, todo el mundo la alaga, todos le preguntan, y todos desean conocer su opinión sobre el espectáculo. Lo que no sé, es si las preguntas se las hacen por tener una parte de representación en el grupo, participando de la respuesta, o verdaderamente son sinceras. Ella como de costumbre no deja esa su sonrisa agradable y simpática y su carcajada explosiva que la distingue. Ahora bien, lo que nunca deja es ese muestrario de joyería que se pone.
- Fue una gran mujer y una gran cantante - solamente fue su comentario
Como de costumbre Don Carlo fue parco en sus manifestaciones, ya que tampoco agregó nada sobre mi comentario de la ópera vista.
Después del almuerzo dimos un paseo hasta la hora de buscar los niños en la escuela. Cuando lo vieron los tres corrieron a saludarlo. El tiempo en que duró la merienda, no pararon de hacerle preguntas increíbles, sorprendentes, hasta para nosotros ¿de donde surge tanta imaginación?
Escuchamos unos discos con Don Carlo hasta la hora de cenar. Por variar un poco y porque los niños al aire libre se encuentran mejor, fuimos hasta la plaza Santa Emerenziana donde devoramos unas pizzas. Sobre las 21 horas lo acompañamos hasta el autobús.

A las diez de la mañana estaba en la puerta de su casa. Habíamos quedado para llevarlo en mi coche hasta el mercado, donde tenía que realizar algunas adquisiciones. Durante el recorrido intenté me contara algo sobre su vida artística, ya que consideraba después de tantos años deberían existir momentos más que interesantes. Comencé preguntándole algo concreto, su período de enseñanza de canto en Ankara, Turquía, pero su respuesta fue en esta ocasión también parca.
- Hay buenas voces, pero poco cerebro....soy muy viejo para eso....
- ¿Como se le ocurrió lo del canto? - insisto.
- Posiblemente es la historia repetida de muchos jóvenes, no me apetecía estudiar y mi padre me puso a trabajar - aquí esbozó Don Carlo una leve sonrisa y prosiguió - Mi primer trabajo fue el de aprendiz de armero en el ejército. Mi padre era militar y al parecer quería tenerme controlado. La primera vez que ví una ópera, no creo tuviera cumplidos los quince años, lo hice por la sugerencia de un amigo. Me impresionó tanto la voz del barítono que en la primera ocasión que me encontré solo y en el campo, me puse a lanzar notas al aire intentando repetir lo que había oído en el teatro. Durante algún tiempo estuve pensando como probar en serio y tuve la gran ocasión al participar en el coro del teatro. Todo lo demás es la repetición de la historia de los cantantes. Alguien te oye, le gusta, y se preocupa por enseñarte a vocalizar. Cuando debuté en serio, tendría unos diecinueve años.
De regreso a su casa me invitó a pasar y lo primero que me impactó fue el encontrame de frente una gran sorpresa. Un cuadro de aproximadamente dos metros de alto representando a Don Carlo en el Barbiere di Siviglia. Naturalmente que le hice una fotografía junto a su cuadro. Quizás la única que exista. Me impactó de manera tal la modestia de este hombre que quedé sin palabras. Otros artistas tendrían ese cuadro donde la vanidad mundana pudiera cumplir con los halagos de rigor.
Esto me recuerda un par de frases que he leído en alguna parte "Somos parcos en hablar, si no hablamos de nosotros mismos" y "A menos que la vanidad nos haga hablar, hablamos muy poco". Ese hombre era Don Carlo Galeffi.

RECUERDOS DE UNA VIDA
Roberto Di Nóbile Terré