|
|
| El ascenso: Roma, Milán, Nápoles (1822 - 1838) |
|
El año 1821 será, para Donizetti, el último de permanencia en su ciudad natal: en junio tendrán lugar las primeras tentativas para definir un contrato con el empresario Giovanni Paterni, respecto a una ópera seria que debería representarse en el Teatro Argentina de Roma. Se revelará este contrato como afortunado: Zoraide di Granata, estrenada el 28 de enero de 1822, complacerá muchísimo al público romano, que recibirá triunfalmente al compositor la velada de la tercera representación. Esta primera estancia en Roma sirve a Donizetti, por un lado, para darse a conocer profesionalmente fuera del Reino Lombardo-Véneto, por el otro, para entablar relación con personas que tendrán una gran influencia en su vida futura: el literato Jacopo Ferretti, su futuro librettista, la familia Carnevali y la familia Vasselli. El éxito de este principio romano, cuyos ecos se extienden rápidamente por toda la península, proporciona a Donizetti nuevos contratos. Desde Nápoles, el célebre empresario Domenico Barbaja le propone la redacción de dos nuevos trabajos, mientras que de la dirección de la Scala de Milán le llega la solicitud de otra ópera. Sin embargo, las incomprensibles y dificultades encontradas en la profesión teatral le harán escribir a Simone Mayr, en una carta de 1825: "Miran a la gente del teatro como infames, y de eso no nos libramos ninguno [...] Ya el oficio del pobre escritor de óperas es infelicísimo, pero para el bisoño se hace insoportable". En efecto, prescindiendo de los valores musicales, el triunfo de una ópera en aquellos años podía deberse a una infinidad de elementos, casi siempre no controlables por el compositor; el cast de los cantantes, el valor del libretto, la profesionalidad de la orquesta, el efecto de la escenografía, el tiempo de preparación. Donizetti, en 1827, retratará ese particularísimo mundo teatral escribiendo la ópera bufa Le convenienze e inconvenienze teatrali. Los años que transcurren entre 1822 y 1830 coinciden con un período de extenuaste trabajo para Donizetti; tras haber pagado con su primera ópera un tributo al "rossinismo" reinante (el "ciclón Rossini" impone su inconfundible estilo durante casi 20 años) emerge del compositor bergamasco el esfuerzo de la búsqueda de un lenguaje siempre más personal. A pesar de sus vacilaciones y discontinuidades, óperas como Emilia di Liverpool (1824), Gabriella di Vergy (1826), L'Esule di Roma (1827), Il Paria (1828), Il diluvio universale (1829-30) o Imelda de'Lambertazzi (1830), contienen elementos notables que abren une espiral evolutiva en la dramaturgia musical donizettiana. No sin justicia, sea como fuere, el verdadero cambio en la producción donizettiana viene marcado por la creación de Anna Bolena, estrenada en el Teatro Carcano de Milán el 26 de diciembre de 1830. El extraordinario éxito de esta ópera, primer melodrama verdaderamente "romántico", será de notable importancia para el porvenir de Donizetti, proyectándolo al núcleo de los más importantes operistas de su época. El año 1832 verá el nacimiento de una gran obra maestra del género bufo, L'Elisir d'amore, estrenada el 12 de mayo en el Teatro della Cannobbiana de Milán. 1835 será un año verdaderamente particular para la carrera de Donizetti. Invitado por Gioacchino Rossini, director del Thêatre des Italiens, estrenará el 12 de marzo Marin Falliero, ópera que marca su début en parís, en aquel momento capital por excelencia de la cultura europea. Su éxito, sin embargo, se verá oscurecido por el estreno de I Puritani, grandísima obra maestra de Vincenzo Bellini, también presente en París. De vuelta en Nápoles, se pondrá a trabajar en la preparación de una nueva gran obra maestra: Lucia di Lammermoor, que obtiene un triunfo memorable en el Teatro San Carlo la noche del 26 de setiembre. El fallecimiento de su mujer, Virginia, ocurrido el 30 de julio de 1837 a causa de las complicaciones sobrevenidas a un mal parto, dará lugar a un período de profunda crisis para el compositor; por otro lado, por si no fuese suficiente, la prohibición en 1838 de la ópera Poliuto por parte de la censura borbónica, cuando estaba a punto de estrenarse, además de la falsa promesa en la sucesión como Director del Conservatorio de Nápoles (saverio Mercadante sucederá al difunto Nicola Zingarelli), inducirá al amargado Donizetti a dejar definitivamente Nápoles y trasladarse a París. Patrici Martínez-Bernad |