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| Donizetti: Al inicio de la edad contemporánea |
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1797, año de nacimiento de Gaetano Donizetti, marca para Italia el inicio de la Edad Contemporánea: en el transcurso de pocos días se produciría un vuelco no sólo de los órdenes políticos, sino, sobre todo, de las coordenadas sociales, cotidianas y culturales. Los principios de la Revolución Francesa, a pesar de ser reconducidos en parte bajo las miras expansionistas de Napoleón I y de las nuevas clases sociales hegemónicas, hacen brecha en la sociedad: el derecho a la felicidad sancionado en el Artículo Primero de la nueva Constitución de la República Bergamasca (Bérgamo será la primera de las ciudades de la Tierra Firme en rebelarse contra Venecia), el desarrollo de las teorías de la pedagogía iluminada (Mayr es un masón), transmitida en Bérgamo a través de los comerciantes suizos y de los nuevos dirigentes de las instituciones locales, marcan, desde un punto de vista histórico, el desenvolvimiento del genio musical de Gaetano Donizetti. Sin este conglomerado de elementos políticos, sociales y culturales, impensable solo unos pocos años antes, habría sido casi imposible que el músico bergamasco, hijo de modestísimos operarios textiles, hubiese tenido oportunidad de comenzar sus estudios. En este contexto, a pesar de un clima determinado por la restauración de los soberanos depuestos, a partir de 1815 se abre un proceso de disolución de la corriente iluminística, que, de todas formas, no devuelve a la sociedad al Antiguo Régimen, sino hacia una nueva complejidad donde se funden las nuevas esperanzas políticas (el Risorgimento de los primeros patriotas como Maroncelli o Mazzini) con una poesía inquieta, dramática, nostálgica, en una sola palabra romántica. Donizetti atraviesa los primeros cincuenta años del siglo manejándose hábilmente a través de la obtusa censura borbónica y de la vida de corte de la enemiga Austria, pero, por encima de todo, respirando el aire de la nueva cultura europea. No se sabe, en el estado actual de los estudios sobre el tema, si Donizetti era seguidor de las inclinaciones políticas de Mayr o se había formado un análisis propio de las vivencias políticas nacionales y europeas. Es cierto que éste, si no a un nivel estético, ha influido en su música; un lirismo musical dirigido, no hacia las restringidas elites aristocráticas o de la alta burguesía, sino abierto a amplios sectores populares: una música fácilmente comprensible y estimable, una música de los vivos, expresión de la sociedad, parafraseando a Berchet. Y ello explica como en una Europa caracterizada por las fronteras inviolables de la Restauración, la cultura y, en particular, la música se arriesgan a salir fuera y a relacionar, al menos en la sensibilidad artística, pueblos de lenguas y tradiciones diversas. Patrici Martínez-Bernad |