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| Carta al amigo, JULIO GOYEN AGUADO |
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Querido amigo Julio: ¿Porqué te dedico hoy estas líneas? no lo sé....Pero así como vienen a veces las ideas, sin saber quien te las mete en la cabeza, de esa forma tan espontánea me he acordado hoy de vos, y en primer lugar sentí como se me humedecían los ojos, para a continuación, sentir la sensación de que mis labios esbozaban una sonrisa entre cariñosa y nostálgica, esa que tanto sentimos cada vez que me despedía para volver a mi casa en España.. La nostalgia nos embargaba a ambos, porque vos viejo navarro tenías el mismo amor nostálgico que yo. He tenido hoy un desfile interminable de recuerdos, donde entraban tus poderosos abrazos, tus cariñosas palabras y tu amigable decir, - te estaba esperando -. Cada vez que me acuerdo de vos, no necesito que nadie me explique el verdadero sentido de la palabra amistad, ni necesito me aclaren que quiere decir honradez, tampoco me es desconocida la palabra sinceridad, porque todo ello me lleva hasta vos. Recuerdo la primera vez que te vi en esa especie de oficina, medio biblioteca, y medio casa privada, lugar de reunión de tantos bohemios geólogos y amigos operísticos, hace ya de ésto varios años. Al abrir vos la puerta, me presenté y el motivo de mi visita, informándote venir de parte de un español de Barcelona que contestaba tus S.O.S. de ayuda para el libro de Florencio Constantino, que estabas escibiendo. Te dije, -Ud escribió al señor Massisimo de Barcelona - no me dejastes terminar, y agregastes, - pase Ud. señor Massisimo, gusto en conocerlo - situación embarazosa para ambos, pero que provocó la primera carcajada de las muchas que compartimos en varios años. Aclarada la situación, seguimos por el camino de la franqueza y de las confesiones, dentro del trabajo que ambos estábamos realizando. Pocas veces en mi vida tuve un panorama tan claro de amistad espontánea que salía a raudales de tus vivos ojos. Recuerdo cuantas veces he disfrutado hojeando parte del producto de un gran bibliófilo y coleccionista como vos. Corazón grande y abierto, dispuesto a colaborar con quien estuviese necesitado de ayuda. Y de ésto, estoy seguro se acordarán muchos de tus amigos. Me viene a la mente ahora, aquella última noche mía en Buenos Aires. Después de estar tú trabajando en la oficina y yo viendo infinidad de fotografías, nos fuimos a cenar, y tu capricho fue el restaurante chino - sírvase Ud. mismo - Yo ceno poco, lo recordás?, pero me contagiastes, y nuestras visitas al expositor de los platos fue contínua. Todo nos parecía bueno, pero al final me sacastes dos cuerpos de ventaja. Sin saberlo habíamos sido observados y en el último de los platos, cuando tenías la boca llena, se aparece el viejo chino y con esa sonrisa típica en los labios, te dijo -está todo muy bueno, verdad? Me mirastes primero, luego a él, con tal cara de ingenuidad que estoy seguro, no sabías por donde iban los tiros. Yo no aguanté más y exploté con una carcajada impresionante, pero vos que tenías la boca llena y comprendistes la ironía del chino, casi te ahogaste entre el tragar y el reir. Hasta las 24 horas nos estuvimos riendo como dos niños y al salir, el viejo chino con su proverbial inclinación y educación, nos abrió la puerta, repitiendo su sonrisa mientras decía - vuelvan pronto.... - Fue sincero o había también un dejo de ironía? Fuistes siempre todo un personaje, donde fuéramos había alguien dispuesto a abrirte la puerta. Infundías respeto, pero en tu interior eras pan mojado en leche. Recuerdo como te surgió la idea de escribir la biografía del tenor español, radicado desde muy joven en Argentina, Florencio Constantino y como lo tomastes con cariño y dedicación. Estas cosas nos llevan muchos años de nuestra vida, pero que lindo es poder rescatar algo. Que será hoy después de irte, de aquel teatro de Bragado dedicado a Constantino? Crear esa Fundación y recaudar medios, fue parte de tu vida, repito parte, porque además de tu múltiple ocupación de geólogo y presidente de la Asociación Nacional en nuestro país, debemos agregar tu oficina de importaciones y tus continuos viajes a Los Andes en busca de cuevas. Te acordás hermano que tiempos aquellos? Parafraseando el tango, recuerdo bien muchas cosas. Se me escapa de la memoria el nombre de aquel taxista amigo tuyo, tan buena persona, que se ofreció a llevarme a Rosario, el mismo día que él y su familia y como último recurso, llevaban hasta Rosario a su padre, enfermo terminal, para que el Padre sanador.......(aquí falta el nombre)...que en Rosario junta multitudes, le pusiera sus manos encima. Pobre hombre, venía sobre un colchón en un furgón conducido por uno de sus hijos y acompañado de su esposa, mientras que yo y el resto de su familia íbamos en el taxi. Fuimos hablando todo el largo camino de 350 Kms. como escape de sus pesares. Pero que admirable fé la de esta gente, que sabiendo lo difícil de lo que pedían, tenían completa seguridad en el cura indú, pensando que podría aportar algo a la mala salud del padre. Merecían ser escuchados. Lo que dijeron de vos ya lo he dicho más arriba, pero sus palabras y elogios eran interminables. Estoy seguro que de estar vos presente, te hubieras sonrojado. Y que te puedo decir de la presentación de tu libro. Sensacional, muy fuerte, apoteósico, todos tus amigos respondieron con lealtad. Que espectáculo, el Salón Dorado del Teatro Colón de Buenos Aires, todito para vos. Que emoción cuando presentaron al público tu hermoso libro, biografía de Florencio Constantino, amplio, completo, un verdadero libro de consulta, tus ojos brillaban al igual que los de un niño, esperando los Reyes Magos. Fue espectacular el haber presentado un estudioso cronólogo norteamericano como el amigo Tom Kaufman. Su explicación del libro mitad en inglés y otra en un italiano....bueno dejésmolo allí....Recuerdo la cara que pusimos ambos cuando nos presentastes en su hotel. La verdad es que nos habíamos tratado a través de Internet durante unos seis o siete años, pero fue emocionante cuando nos encontramos frente a frente. Una semana los tres juntos en Buenos Aires, si casi me parece mentira. Almuerzos y cenas todos los días, que cantidad de comentarios, que preparación de tu acto, llamadas telefónicas sin fin, telegramas, visitas. Querido Julio, solo el recordar esos momentos me ponen la piel de gallina. Que buena idea fue la de esperar al tenor argentino Marcelo Alvarez a la salida del teatro Colón. Teníamos que oirlo en Rigoletto. Tu saludo directo, cuando se encontraba en el medio de un grupo de admiradores, fue lo que más me impresionó, porque decirle que yo venía desde España y había querido oirlo....vamos viejo, eso es demasiado. Pero fue efectiva la intervención, porque te acordarás que sin dudarlo nos dió la dirección de su apartamento para el día siguiente a las 17 horas. Los dos nos quedamos embelesados con la dulzura de Patricia su mujer, que buena pareja hacen. Que bien lo acompaña. Le entregamos tu libro de Constantino y yo el mío sobre Gabriella Besanzoni. Después de hora y media y en la calle, no dejamos de hacer comentarios sobre la visita. Todos estos recuerdos seguidos como las cuentas de un rosario, son las que hoy me han hecho sentirme nostálgico, y cuando me cansé de mirar por la ventana de mi estudio, me dije, no puedo dejar pasar la ocasión de ponerlos por escrito. Porque sé que donde estás, estarás viviendo conmigo estos recuerdos. Bien dijo una señora amiga una vez, que "Dios se lleva a los más buenos" y a los demás nos deja para que lo intentemos. Querido Julio, conocerte fue una experiencia irrepetible, tu amistad sincera y abierta, para mi un orgullo, he lamentado mucho que te fueras sin despedirte, si hubiera tenido que hacer los 11.000 kms. que nos separan, los hubiera hecho con mucho gusto, pero el hombre propone y Dios dispone. Que Dios te tenga en su Santa Gloria. Roberto
Di Nóbile Terré |