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| Una tarde con el tenor GIOVANNI MARTINELLI |
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Serían más o menos las 19 horas. Tarde calurosa en Roma por la que se podía caminar solo después de esa hora. En el local habitual de nuestras reuniones o sea la tienda del anticuario Pietro Petrosemolo, más bohemio que comerciante, éste se encontraba hablando por teléfono cuando yo llegué, mientras sentados y a la espera del final de la conversación se encontraban Fernando De Michelis, otro asistente a las tertulias gran coleccionista de discos de ópera y el bersaglieri Recchia, joven suboficial del cuerpo, estudiante de canto. Por aquello que muchos llaman intuición y yo percepción a través de los iones del espacio, supe instantaneamente que algo fuera de lo normal ocurría o estaba por ocurrir. Ninguno de los dos me dijo nada, pero se notaba un brillo especial en sus ojos. Demasiadas veces estuvimos juntos como para no imaginar algo anormal. Vuelve Petrosemolo sonriente, feliz, casi como un niño en
Día de Reyes Magos. Lucía esa bata de costumbre, de
color poco definido por el uso, pero que en algunas partes lo había
perdido ya casi del todo y que le servía para cubrirse del
polvo que había sobre los muebles. Los otros dos no articularon
palabra, pero los gestos con las manos y el interés reflejado
en sus rostros, eran demasiado evidentes. Petrosemolo solo dijo -
"hecho". Simultaneamente Fernando y Recchia se ponen de
pie y entre las exclamaciones de los tres, yo seguía sin enterarme
de nada. Recchia, impaciente por soltarlo, se dirige a mí -"Vamos
a ver al tenor Giovanni Martinelli, aprovechando su visita de varios
días en Roma. Petrosemolo consiguió una entrevista." En ese momento Martinelli tenía 75 años. Y surgió la pregunta obligada -"Quien más, agregó De Michelis"- a lo que Petrosemolo sugirió-"Podría ser la pianista.....( y dijo su nombre que lamento no recordar ahora) y el General Menozzi". Con la noticia me había olvidado de mis obligaciones, tanto de estudio, como la asistencia casi obligatoria a la claque del Teatro Opera. Aunque asistía todos los días de espectáculo, mi entrada en el grupo había sido practicamente pactada, es decir mi asistencia debía ser para estudiar. Y en esto había tenido una participación directa la Besanzoni, la que se ocupó de averiguar quien podría hacerme entrar, ya que se trataba de un grupo limitado. Ella Habló con Bea hermano de su sombrerera, quien a su vez era conocido de Auckner el "capo claque". Y simultaneamente fue el mismo Bea quien me introdujo en el grupo de Petrosemolo. Esta aclaración surgió a raiz de la mirada que me lanzó
Recchia, quien preguntó -¿"No tienes que ir mañana
a ver la Boheme"?-"Sí -contesté - pero es
una ópera que he visto ya varias veces, es un reparto de secundones,
no es una prima"- agregué -"Y además el estudio
es mañana por la mañana". La conversación siguió más o menos por los mismos derroteros, el entusiasmo se reflejaba constantemente en que cualquiera de los argumentos expuestos, siempre nos llevaba a Martinelli. Todos deseábamos conocer finalmente a un divo, aunque yo ya llevaba varios en mi haber. Nació el 22 de Octubre 1885 en Montagnana, Italia y falleció en Nueva York el 2 de Febrero de 1969, o sea nueve años después de haberlo conocido. Fue el mayor de 14 hermanos, su padre Antonio y su madre Lucia Bellini. Los distintos escritos sobre Martinelli nos informan que desde muy joven sintió su inclinación por la música estudiando clarinete, mientras ayudaba a su padre en el oficio de ebanista, como varios de sus trece hermanos. Ingresó más tarde en la banda militar de Tortona a la vez que comenzaba sus estudios de canto. Gino Monaldi en su libro "Cantanti celebri"(Roma,1926) dice que, "el inicio de su brillante carrera se lo debe al empresario Poli, el que supo descubrir el tesoro que encerraba su garganta y de inmediato comenzó la educación musical en la seguridad de conducir su protegido a la gloria". Gino Monaldi agrega diciendo reconocer "el raro mérito de poder, con sus magníficos medios vocales, responder a las varias exigencias del repertorio tanto lírico como dramático. Y eso es por mérito de una voz robusta, dúctil, espontánea, de un timbre armonioso y expresivo". Posteriormente en Milán perfeccionó sus estudios con el maestro G. Mandolini y bajo la protección del maestro Tulio Serafín. Su debut teatral, según Paolo Padoan en su libro "Profili di cantanti lirici veneti", (Bologna,1978), "Martinelli debutó en el teatro Dal Verne de Milán, el 3 de Diciembre de 1910, con el "Stabat Mater" de Rossini y luego siguió con"Ernani" de Verdi. William J. Collins, nos aclara con más detalle, en la revista "The Record Collector" que, "Areste Poli, manager del teatro Dal Verne ofreció al joven tenor su debut para el 10 de Diciembre de 1910 con el "Stabat Mater" de Rossini, acompañando a Celestina Boninsegna, Ladislava Hotkowska, Angelo Riccieri y Giuseppe Sala. Sala no pudo cantar el "Cujus animan" y lo hizo Martinelli. Su debut fue un éxito y tres semanas después, el 29 de Diciembre realizó su primer papel protagónico en "Ernani". Es interesante reflejar un artículo aparecido hace algunos años, en la revista "Radiocorriere TV", donde la periodista Laura Padellaro lo entrevista y Martinelli detalla lo ocurrido en su debut, "el día del debut en el Dal Verne, con la ópera Ernani, me sucedió de todo, perdí la espada, se me cayó la pluma del sombrero, soltaba gallos a todo poder (nota falsa de cantantes) y yo no me enteraba, si bien el maestro con quien había repasado la partitura, me gritaba desde la boca del apuntador, -¿pero que haces?, yo te disparo, yo te mato...." El mismo artículo menciona una anécdota del cantante.
Daba la impresión de que para El no pasaran los años,
vigor físico, vitalidad. Aproximadamente a sus 83 años,
recibe una llamada de Seatle en los Estados Unidos, solicitándole
su asistencia sobre una Turandot que iban a montar. "Yo voy".
El cantante que debía hacer la parte del Emperador Altoun,
era un verdadero desastre. Telefonadas tras telefonada, sin resultados.
A un cierto punto alguien sugiere, -"Martinelli, ¿porqué
no cantas Tú?" "Parecía una broma, pero al
fin acepté" Se casó el 7 de Agosto de 1913 con Adele Previtali con la que tuvieron tres hijos, Bettina, Antonio y Giovanna. Su carrera fue meteórica ya que dos años después de su debut se presentó en el Covent Garden de Londres y un año después en el Metropolitan de Nueva York. Su actividad se prolongó por unos 35 años, si bien como ocurre con muchos cantantes se incluyen sus últimos años, los que dedican a conciertos o actuaciones radiales. Otro juicio sobre su voz aporta Giacomo Lauri Volpi, en su libro "Voci Parallele", "ragazzone veneto, rubio de abundante cabellera, cordial, poseedor de una voz dura como el diamante y resistente a la fatiga, la que muy pronto se rebeló imitadora del método y de los modos de aquella voz triunfante. Por decenas de años, durante la vida y después de la muerte de Caruso, fue inamovible, siempre ufano y sintiéndose como el pez en el agua, amado y reverenciado. Por lo tanto reales dotes debe haber tenido su voz para que realizara solo esporádicas apariciones en su país. La cercanía de Caruso y su obsesión imitadora le hicieron perder la simplicidad originaria de su emisión. Buscando de reflejar los sonidos oscuros del modelo, Martinelli comenzó a "tubare" e "imbottigliare" las notas, no percatándose que lo que en Caruso era natural, en El se convertía en artificial". A las siete, más puntuales que un ferrocarril inglés, según decían los antigüos, nos encontrábamos los seis en la puerta del apartamento de Martinelli. El en persona nos abrió y el primero en entrar, será porque realizó el contacto o por ser el más viejo, fue Petrosemolo, detrás la pianista, el General Menozzi, Recchia, yo y Fernando De Michelis, cerrando el desfile. No sé si Don Giovanni habrá reparado en los nombres durante la presentación, pero si fijó su atención, aunque por unos breves segundos, en nosotros dos, cuando Petrosemolo nos presentó como estudiantes de canto. Nos acomodamos mientras Martinelli comenzó a preguntar que deseábamos beber. Y luego vino ese silencio brevísimo, pero que da la impresión de no romperse nunca, donde unos miran las fotografías, otros el techo, mientras otros sonríen sin saber de que ni porqué. El más centrado y tranquilo, imagino que por encontrarse en su casa y ser el divo visitado, fue precisamente Martinelli. Por eso rompo el fuego y pregunto sobre lo único que se me ocurrió en aquel momento, aún hoy tengo la duda de si fuí o no oportuno. "Tengo en casa el libro de Lauri Volpi, donde hace un paralelo
entre Ud. y Mario del Mónaco" -insinué - "Pero
también afirma que Ud. intentó imitar a Caruso, ¿está
de acuerdo?". Sentí sobre mis dos sienes el cruce de las
miradas de mis compañeros de visita, con toda la potencia de
un rayo laser. Pero estaba muy seguro de que había conseguido
romper el hielo. La respuesta fue de manual. Había obtenido lo que buscaba, pero me dejó perplejo. ¿Que hacía Recchia a todo ésto? Su cara reflejaba
la atención que había puesto durante el diálogo.
Supongo que esperaba su oportunidad de preguntar o hacer algún
comentario, pero se adelantó De Michelis abriendo el largo
paréntesis sobre los discos. Disponía de una buena colección,
de la que en una oportunidad me facilitó un par de ellos para
estudio. Manifestó sus gustos, expuso comparaciones, buscó
explicaciones. Habló de lo que tenía y de lo que desearía
tener. En este plano participaron tanto Petrosemolo, como la pianista
y el General. Aunque no fue tema de conversación ese día, sí
creo que debo reflejar cierto detalle sobre los cabellos blancos de
Martinelli que relata Eugenio Gara en uno de sus libros, "El
se ambientó muy bien en el Metropolitan y entre aquella gente.
El tenor de los grandes agudos y los cabellos blancos se hizo en poco
tiempo muy popular. Esta cabellera precozmente blanquecina fue el
fruto de un susto. Sus actuaciones sólo en el Metropolitan de Nueva York, son extraordinarias. "Aida", de Verdi la representó en 123 ocasiones; "Carmen" de Bizet, 74; "Trovatore" de Verdi, 69; "I Pagliacci" de Leoncavallo, 68; "Fausto" de Gounod, 56; "Boheme" de Puccini, 39. Y así con todas las óperas de su repertorio. Yo según mi buena costumbre, había llevado mi máquina de fotos y se presentó la oportunidad. Fueron seis las obtenidas, hoy en mi archivo, cuatro hice yo, una De Michelis y otra Recchia. Roberto
Di Nóbile Terré |