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| TURANDOT (1926) de Giacomo Puccini (1858-1924) |
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Turandot es una auténtica joya, pero compleja, y por ello el éxito de una grabación discográfica reside en una buena conjunción de todos sus elementos. No sólo las voces protagonistas importan, sino la teatralidad, la capacidad del director de recrear el ambiente de fábula de la ópera, el coro, los personajes secundarios... hay muchos elementos a tener en cuenta en Turandot como para dejar descuidado cualquiera de ellos. Respecto a las voces principales, es corriente que el papel de la Princesa de Hielo sea encomendado a una soprano dramática y potente que se imponga por encima de orquesta y demás voces. El acierto de las intérpretes de Turandot está en recrear algo más que una señora histérica y cruel. Para Calaf se precisa un tenor de empuje. Y es curioso cómo en Liù, el personaje bombón de esta ópera y que en principio necesita de una soprano con voz bella y emotiva, hayan pinchado tantas y tan buenas cantantes. En 1937 está registrada la primera versión completa, en directo, con Gina Cigna, Francesco Merli y Magda Olivero (FONIT CETRA). El sonido es pobre y perjudica a los cantantes, potentes y eficaces, aunque lastrando un excesivo estilo verista, en especial la Olivero con su obsesivo vibrato. De ese mismo año hay recogidos por EMI unos fragmentos de otra gran e impresionante Turandot de la época, Eva Turner, acompañada por Giovanni Martinelli y dirigidos por Barbirolli. La primera grabación en estudio (DECCA,1953) está encomendada a un insulso Alberto Erede que no sabe manejar las riendas de lo que tiene entre manos y se le acaba yendo, pese a los buenos ingredientes. Inge Borkh es una princesa algo blanda y poco inteligible. La voz de Renata Tebaldi no acaba de cuajar como Liù y queda Mario del Monaco como lo mejor de la grabación. Los ministros y el coro, muy mediocres. Maria Callas (EMI,1957), intérprete en principio ideal para el papel, deja una grabación sosa y poco matizada, por debajo de lo que cabría esperar de esta gran cantante. A su lado tiene una orquesta floja, un tenor -Eugenio Fernandi- justito y una Liù totalmente descolocada por estilo, idioma y actuación, Elisabeth Schwarzkopf. Con Birgit Nilsson se llega a otro nivel. La soprano sueca ha dejado, aparte de algunos directos, dos grabaciones en las que está antológica. Ella es la Turandot más fiera, impositiva y autoritaria que haya existido. Su primera grabación (RCA,1959) hubiera necesitado de una batuta con una visión más global que la de Erich Leinsdorf. El director no sabe agrupar sus elementos y parece más bien una sucesión de recitales aislados de la Nilsson, Björling (bella voz, pero un pelín blando) y Tebaldi (un poco justa y con una voz demasiado madura para Liù). Seis años más tarde (EMI,1965) se graba una de las mejores versiones de Turandot existentes y la más satisfactoria en el terreno vocal. Nilsson matiza y mejora su anterior encarnación y queda como la Princesa de referencia. Franco Corelli le da la réplica en su mejor momento, heroico, sólido, potente. Renata Scotto realiza una creación antológica de Liù. Francesco Molinari-Pradelli combina perfectamente orquesta, coros y solistas y el sonido es muy bueno. En 1973 llega otra versión de referencia (DECCA). De la mano de un magistral Zubin Mehta al mando de unos elementos de excepción, Joan Sutherland, una teórica anti-Turandot, compone la princesa más completa y profunda que se haya grabado. Si bien su vocalidad está alejada de lo que se espera de este papel, Sutherland consigue profundizar en el personaje y derretir el hielo que lo rodea. Es la primera vez que se deja ver la mujer que hay detrás de la cruel princesa y le da cierto sentido a su absurdo comportamiento. A su lado, Pavarotti pleno de voz y Caballé en total delirio extático como Liù (quizás no nos hayamos dado cuenta de que la pobre esclava en realidad vive en las nubes y Caballé es la que mejor nos lo hace notar. Excelentes secundarios completan esta estupenda grabación. Y a Caballé, después de cantar Liù, le dio por encarnar a la princesa. Su grabación para EMI en 1977 es muy decepcionante: ella está perdida, no le encuentra el punto al personaje y queda ampliamente sobrepasada. José Carreras canta al límite y compone un Calaf con arrojo y valentía, pero al que le falta seguridad. Mirella Freni es la única que está en su sitio como Liú. La orquesta, dirigida por Lombard, de pena, y el coro, con acento francés y totalmente desubicado, de juzgado de guardia. Sin embargo, de ese mismo 1977 nos llegó una grabación en directo (LEGATO CLASSICS), difícil de encontrar, que es una auténtica perla, bajo la batuta "a toda caña" de Riccardo Chailly. Caballé canta una Turandot magistral, llegando sin problema alguno a los agudos y consiguiendo ser princesa autoritaria cuando se precisa y mujer enamorada y débil cuando se desmorona. El que una soprano lírica se atreva con este papel ya es mérito, pero es que en esta ocasión Montserrat Caballé aprueba con sobresaliente, todo lo contrario que en su grabación de estudio. A su lado, Leona Mitchell y un sorprendente y valiente Luciano Pavarotti. El disco se completa además con fragmentos de La Bohème. Von Karajan dirige la grabación más decepcionante de todas. Empeñado en encontrar siempre el matiz musical jamás escuchado, una sonoridad única y particular, deja una versión lenta y pesada (DG, 1981). Katia Ricciarelli es inaceptable como Turandot, sencillamente no puede con este papel. Su escena de los enigmas es como para desesperarse. Barbara Hendricks y Ruggiero Raimondi tampoco dan la talla en Liù y Timur. Haber contado con el buen Calaf de Plácido Domingo en esta grabación es haberlo desperdiciado. Ghena Dimitrova, imponente Turandot en escena, protagoniza una menos que discreta versión (ARTS,1989) de penoso sonido y mediocre orquesta y coros. Le acompañan Cecilia Gasdia y Nicola Martinucci, siendo los resultados bastante pobretones. Y Eva Marton, la otra gran Turandot de los últimos tiempos, grabó demasiado tarde el papel (RCA, 1993). Chillona y calando los agudos, es preferible buscarla en vídeos o grabaciones en directo de la década anterior. Lo mismo si hubiera encontrado un director con algo más de garra que Roberto Abbado y que le hubiera dado emoción escénica a la ópera las carencias vocales se hubieran suplido con la teatralidad de esta gran profesional, pero no es así. Ben Heppner es toda una agradable sorpresa como Calaf y Margaret Price una elegante y sentida Liù, pero la versión global no acaba de cuajar. Ya en vídeo, es muy destacable la grabación desde a Arena de Verona a cargo de Murizio Arena, con Ghena Dimitrova, Gasdia y Martinucci, el mismo elenco que en le disco de Ars, pero con mucho mejores resultados. La fastuosa representación de Zubin Mehta desde la Ciudad Prohibida de Pekín (RCA,1998, en vídeo, también en CD), tiene como aliciente la localización y la recreación histórica a cargo del director de cine chino Zhang Yimou, pero los resultados musicales no llegan a satisfacer del todo. Giovanna Casolla tiene una voz potente, pero estridente y fea. Sergej Larin es demasiado tosco y Barbara Frittoli se limita a cumplir como Liù. Puestos a hacer un resumen, recomendaría la segunda versión de Nilsson, con Corelli y Scotto junto a la de Mehta/Sutherland/Pavarotti/Caballé como referencias, cada una en su estilo. Y como joya rara y para quien tenga ganas de buscar joyas raras, el de Chailly/Caballé/Pavarotti/Mitchell. |