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Estrenos Verdianos en México

A un siglo de su muerte, el mundo musical ha de recordar aun con mucho más ahínco a Giuseppe Verdi (1813-1901) montando, si no la totalidad de su producción operística, sí la mayor parte de las 26 que escribió. La obra verdiana llegó relativamente pronto a México, tomando en cuenta que los estrenos de sus óperas fueron siempre en Europa, Italia principalmente. El 15 de mayo de 1850 el teatro Nacional presentó al público mexicano Ernani con la Compañía de Ópera Valtellina-Duvercy que cantaron Clotilde

Barilli de Thorn (Elvira), Attilio Arnoldi (Ernani) y Taffanelli (Don Carlos), bajo la dirección musical de Antonio Barilli. De esta primera ejecución de una ópera de Verdi en México,

Olavarría y Ferrari en su RESEÑA HISTÓRICA DEL TEATRO EN MÉXICO escribe: “(...) y como faltase la partitura completa de orquesta, el señor don José Bustamante, muy elogiado por Galli y muy orgulloso de ese elogio, instrumentó, parece que con mucho acierto, los dos primeros actos”. Para 1852 la Compañía de Ópera Maretzek estrenó I Lombardi el 8 de julio que cantaron Balbina Steffennone (Giselda), Giuseppe Forti (Arvino) y Federico Beneventano (Pagano); Attila el 19 de diciembre con el célebre bajo, mismo que la estrenó en Venecia, Ignazio Marini en el papel protagónico, la Steffennone (Odabella), Forti (Foresto) y Beneventano (Ezio); I due Foscari el día 21 con Beneventano, Lorenzo Salvi, Marini, Steffennone y la mexicana Eufrasia Amat. El 15 de noviembre de 1855 la Compañía de Ópera Italiana de Amilcare Roncari estrenó Luisa Miller que cantaron Constanza Manzini, Leonardo Giannoni, Edward Winter, Carlo Carroni y Felicita Vestvali. Del SIGLO XIX (nov. 16, 1855) extraemos esta crónica del estreno: “Debemos a nuestra conciencia de periodistas imparciales declarar que la función de anoche no nos ha dejado satisfechos. La ejecución de Luisa Müller (sic) no ha sido buena. La Srita, Manzini y el Sr. Winter, que debutaban, estaban demasiado conmovidos. El Sr. Giannoni estaba enfermo. En la orquesta no había aquella seguridad ni aquel aplomo que otras veces hemos aplaudido. Sólo podíamos tributar elogios al Sr. Carroni y el cuerpo de coros que lo hicieron muy bien, así como la Srita. Vestvali con su condescendencia en haber aceptado un papel tan corto que sólo pudo lucir en él durante unos cuantos minutos, no su innegable talento, sino su gallarda persona. Por tanto, ni podemos ni queremos juzgar la ópera nueva ni los artistas después de esta primera representación: Lo haremos cuando por segunda vez se ofrezca al Público (...)”. Il Trovatore llegó en 1856, escenificándose el 27 de enero, patrocinada por la Compañía de Ópera Roncari e interpretada por Marietta Almonti (Leonora), Luigi Ceresa (Manrico), Felicita Vestvali (Azucena), Edward Winter (Conde de Luna), Carlo Carroni (Ferrando), José Moreno (Ruiz) y Annetta Garofali (Ines); ese mismo año, el 15 de noviembre se cantó por primera vez Rigoletto con Ettore Barilli, Giuseppina Landi, Luigi Steffani, Enrico Casali, Enrichetta Ziglioli-Fattori, Ignacio Solares y José Moreno. C. Laugier escribió en EL MONITOR REPUBLICANO (nov. 17, 1856) de este estreno: “Esta ópera ha tenido un éxito brillante. La música es magnífica y profundamente filosófica. El señor Barilli ha demostrado en el papel del bufón que no es tan solo un buen cantante sino un excelente actor. El señor Steffani cuya voz es pura y sonora, fue muy aplaudido. De la señorita Landi, lo menos que podemos decir es que cantó y se presentó como nunca. El público probó a estos tres artistas que los había comprendido, llamándolos varias veces a escena. Por su parte algunos versistas mexicanos hicieron llover sobre la señorita Landi multitud de versos a su entrada en el segundo acto (...)”. Una semana después se representó Nabucco con Alessandro Ottaviani en el protagónico, Giorannina Casali Campagna como “Abigaille”, Eugenio Bianchi en el rol de “Ismaele”, Annetta Garofalli en el de “Fenena” y Eugenio Linari Bellini como “Zaccaria”. I Masnadieri, la onceava producción de Verdi, se estrenó en el Nacional el 4 de diciembre con Enrico Casali (Massimiliano), Luigi Steffani (Carlo), Alessandro Ottaviani (Francesco), Giuseppina Landi (Amalia), Giovanni Zanini (Arminio) y José Moreno (Rolla). Nuevamente C. Laugier, en EL MONITOR (dic. 13, 1886) da sus impresiones sobre este estreno: “Diremos sin contradicción que la ópera I Masnadieri es de todas las de Verdi en la que los cantores tienen más necesidad de fuerza y energía. El Sr. Steffani comienza la ópera y podemos decir, valientemente. Cantó su trozo coreado con perfección admirable y gran exactitud de entonación; el dúo con la soprano estuvo también bueno; no se comprende cómo el Sr. Steffani puede tener un volumen de voz tan grande al mismo tiempo que la conserva fresca. Cantóse la segunda escena por el Sr. Ottaviani que necesitó desarrollar mucho talento para producir efecto después del tenor, porque la escena de éste tenía el poder de los coros, en toda su duración; lo que contribuye considerablemente al efecto musical. La Srita. Landi es la graciosa cantatriz que el público aprecia cada día más; cantó admirablemente su papel de Amelia (...) En general, el conjunto de la ópera estuvo bueno; pediremos, sin embargo, al Sr. Fattori que haga ir acorde el segundo clarinete porque produce malísimo efecto en la armonía”. A finales de ese mismo año de 1856, se estrenó La Traviata que interpretaron Landi, Steffani y Ottaviani. Macbeth se conoció a inicios de diciembre de 1857 en las voces del barítono Ettore Barilli, la soprano Adelaida Cortesi, el bajo Girolamo Gariboldi y el tenor Eugenio Bianchi, lo mismo que Giovanna d´Arco. El 17 de agosto de 1864 se estrenó con gran éxito Un ballo in maschera que cantaron Adelina Murio-Celli en el papel de “Amelia”, Francesco Mazzoleni como “Riccardo”, Alessandro Ottaviani que encarnó a “Renato”, Henriette Sulzer como “Ulrica”, Marietta Pagliari como “Oscar”, Giovanni Maffei en el rol de “Sam” y Giuseppe Ippolito en el de “Tom”, bajo la dirección musical de Jaime Nunó. Aroldo que es la versión revisada de su Stiffelio, se cantó por vez primera en nuestro país el 23 de septiembre del mismo año de 1864 con Mazzoleni, la Murio-Celli, Ottaviani y Maffei; I Vespri Siciliani se representó el 27 de noviembre con Antonietta Ortolani (Elena), Francesco Mazzoleni (Arrigo), Andrea Orlandi (Roberto), Henriette Sulzer (Ninetta), Annibale Biacchi (Giovanni) y Giovanni Zanini (El conde). El teatro Nacional ofreció al público mexicano en 1872 La Forza del Destino por la Compañía de Ópera Italiana Ángela Peralta cantada por Cornelia Castelli (Leonora), Ippolito D´Avanzo (Don Alvaro), Enrico Storti (Don Carlos) y Paolina Verini (Preziosilla). Aida se representó el 1° de septiembre de 1877 con Ángela Peralta en la protagonista, Augusto Celada como “Radamès”, Fanny Natali en la “Amneris” y Giuseppe Villani como “Amonasro”. En 1886 se conoce el Don Carlo que en ese estreno interpretaron Rosina Aimo (Isabel), Pietro Lombardi (Don Carlo), Vincenzo Quintili Leoni (Rodrigo), Paolo de Bengardi (Filippo II), Palmira Rambelli (Eboli), Fernando Fabro (El gran Inquisidor), Giovanni Masin (El conde de Lerma) e Isabel Svicher (Tebaldo). Un año después, en 1887, a nueve meses de su premier en Milán, se presenta al público mexicano una versión adulterada del Otello. Don Enrique de Olavarría y Ferrari, en su RESEÑA HISTÓRICA DEL TEATRO EN MÉXICO (Porrúa, 1961), nos da cuenta de ello: “Pero la novedad máxima, el éxito de la temporada, fueron el estreno y presentación de la grandiosa ópera de Verdi, Otello, estreno y presentación muy celebrados, más que por la ópera misma, porque se satisfizo la vanidad de muchos con el hecho de que el Gran Teatro conociera la obra antes que los de Europa, con excepción del de Milán, donde pocos meses antes habíase estrenado. Lo que no decían ni la Empresa ni los que de aquellos se envanecieron, es que el Otello oído aquí era una grosera falsificación, pues la partitura de orquesta no fue la original, que por entonces no estaba disponible para ningún teatro excepto el de la Scala: la oída en EL NACIONAL de México fue exclusiva invención de un profesor de poca conciencia artística, cuyo nombre no debe consignarse, en castigo a su superchería censurable. El público de México fue el primero que no oyó la verdadera obra de Verdi. Por tal razón no me detengo más en este asunto, limitándome a decir que aún así falsificado el Otello gustó de un modo extraordinario, por sus hermosas decoraciones y por el desempeño que obtuvo por parte de la Cerni y de Giannini”. El Otello original se estrenó en 1888 por la Compañía de Ópera de Napoleone Sieni y cantado por el tenor Carlo Pizzorni, la soprano Adela Gini y el barítono Enrico Pogliani. Sobre el Otello y su estreno en nuestra ciudad, Olavarría y Ferrari dice: “..pudo gozar el público en esa temporada con más justicia que en la anterior, en cuanto que la instrumentación fue la original y no la audaz falsificación que se le hizo oír el 18 de noviembre de 1887; pero el desempeño por parte de los artistas fue sumamente mediano y hubo sobrados motivos para extrañar a Giannini; la Gini y Pogliani estuvieron bastante bien en Desdemona y en Yago; el alto primer tenore Pietro Osti, por poco se gana un meneo en su secundario papel”. La última composición operística de Verdi, Falstaff se estrenó la noche del 7 de octubre de 1893, es decir el mismo años de su estreno en la Scala de Milán. Esta representación contó con la participación de Pietro Ughetto (Falstaff), Alessandro Modesti (Ford), Augusta Cruz (Alice Ford), Giuseppe Moretti (Fenton), Anna Maria Pettigiani (Nannetta), Maria Franchini (Mrs. Quickly), Maria Svetade (Mrs. Meg Page), Alessandro Nicolini (Pistola), Arturo Ferraresi (Bardolfo) y Vincenzo Bieletto (Cajus). 93 años después de su premier en La Fenice de Venecia, Simon Boccanegra se estrenó en México, en el Palacio de Bellas Artes el 1° de julio de 1950 con un elenco integrado de esta manera: Simon Boccanegra: Leonard Warren, Amelia: Celia García, Jacopo Fiesco: Roberto Silva, Gabriele Adorno: Mario Filippeschi, Paolo: Carlo Morelli y Pietro: Ignacio Ruffino, dirigidos musicalmente por Renato Cellini. Todavía faltan por conocer en la escena de México óperas como Oberto Conte di San Bonifacio, la primera obra de Verdi, lo mismo que Un giorno di Regno, Alzira, Il Corsaro y La Battagglia di Legnano, aunque en la Sala Chopin de esta ciudad hace algunos años se dieron ¡¡¡pomposas!!! audiciones de algunas de estas composiciones. Seguramente alguien que lea este artículo recordará con la sonrisa a flor de piel aquellos entremeses llenos de algo que pretendía compararse con el canto y la música, desgranando inconmensurable ansiedad y toneladas de risotadas. Pues valga todo esto como preámbulo a las próximas, deseamos que sean muchas, celebraciones en honor de Giuseppe Verdi.

José Octavio Sosa