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| Los Contratenores |
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Es mi intención tratar de verter algo de luz sobre un tema
controvertido que tanta polémica suele suscitar y sobre el
que se escuchan tan dispares opiniones. Lejos están ya, fuera
de nuestras fronteras, las opiniones de que la voz de contratenor
es una voz de falsete, atendiendo al término falsete como algo
falso, es decir, una emisión en que no se utiliza la totalidad
de las cuerdas vocales ni los recursos plenos de la voz masculina.
En España no andamos tan en vanguardia como en otros países. Sin embargo, ¿qué es un contratenor? Desde mi punto
de vista, hoy en día el contratenor es una voz más del
espectro de las voces humanas, que está ubicada en la misma
categoría, atendiendo a parámetros físicos, que
las del alto femenino. Así pues, si clasificamos la voz humana
de agudo a grave, podemos distinguir soprano como la voz más
aguda de todas, seguida de mezzosoprano, a la cual sigue la categoría
que nos ocupa: alto femenino (lo que habitualmente denominamos contralto)
y masculino (el contratenor). Tras ellas va el tenor, seguido de barítono
y bajo, todo ello, claro está, sin atender, para no extendernos
innecesariamente, a las subclasificaciones que se podrían establecer
dentro de cada tipo de voz. Sin embargo, la voz de contratenor no ha tenido cabida en el mundo
de la ópera a lo largo de nuestra historia musical, sino en
el de la música religiosa. Y es por ello que hoy tiene tantos
detractores en su uso sobre los escenarios operísticos. Fue también en España donde, al cuestionarse la ética
de tal práctica sólo por cuestiones estético-musicales,
se desarrolló una práctica técnica paralela que
suplía la emasculación con un desarrollo del falsete
para conseguir los mismos efectos. La particularidad sonora de los castrati fue el hecho de que sus
laringes no sufrieron el descenso natural que se produce en la pubertad
de los varones por el hecho de haber interrumpido la segregación
de testosterona de los testículos, con lo cual sus cuerdas
vocales estaban mucho más cerca de los resonadores de la cara,
confiriendo un brillo a sus voces que superaba con mucho el del resto
de los cantantes, especialmente el de las mujeres, con quienes compartían
tesitura. A ello hay que añadir un desarrollo mayor de sus
cuerpos, producto de la operación, especialmente de la caja
torácica que parece ser que tendía a redondearse, ampliando
así su capacidad respiratoria, así como la suerte de
haber sido formados en los famosísimos conservatorios italianos,
que dedicaban en conjunto una labor especialmente atenta a la formación
de estos castrati, puesto que a la larga suponían una inversión
para sus arcas. Muy distantes de todo esto estaban los contratenores. La voz del
contraténor había nacido en el discantus por oposición
a la del ténor (literalmente que sostiene) o voz del canto
llano, en una relación similar a la de alto y contraalto, que
tan bien ejemplificadas están en los roles de las óperas
händelianas. La voz del contratenor fue habitualmente utilizada en el ámbito
de la música religiosa. Ya hay noticias de este tipo de cantantes,
que además eran españoles, en Munich, en la Capilla
de Orlando di Lasso, entre 1560 y 1570, así como en Portugal,
durante el reinado de Don Sebastián (1557-1578). No está claro si estos cantantes habían desarrollado
un tipo de canto similar a la de voz de falsete, o si se habían
visto "complementados" con la práctica de la castración
clandestina. Sea como sea, no eran considerados castrados. Es en pleno siglo XX, tras la extinción de la práctica
de la castración con fines musicales, cuando los contratenores
han resurgido como alternativa para los papeles escritos para aquellos
divos del bel canto que fueron los castrati. No voy a entrar en la
discusión de si son o no efectivos para "sustituir"
a éstos últimos. Los castrati fueron únicos e
insustituibles en la historia de la música occidental. Sus
voces, como he dicho antes no se pueden comparar ni a las de los contratenores
ni a las de las mujeres. La voz femenina es un buen sustituto para
ese tipo de papeles por su potencia, brillo y cualidad, pero dista
con mucho de lo que debió de ser la voz de los castrati. El
contratenor también dista mucho de la calidad de voz de aquellos
genios vocales, pero confiere por otro lado a esos papeles la magia
de volver a ver a hombres interpretando papeles masculinos con voz
femenina. Es una cuestión de gusto personal aceptar o no su
uso en los escenarios para interpretar ópera barroca o clásica.
El resurgimiento del uso de estas voces nos ha llevado a tener grandes
obras de ópera compuestas en este siglo ya para la voz de contratenor.
Tales son los casos de B.Britten (A Midsummer Night´s Dream,
Death in Venice), M.Tippet (The Ice Break), L.Berstein (Chichester
Psalms in Three Movements), A.Reimann (Lear), Ph.Glass (Akhnaten),
o entre los españoles M.Manchado (El Cristal de Agua Fría)
y Luis de Pablo (La Madre Invita a Comer). Es una voz por la que se apuesta fuertemente en muchos países,
sobre todo de habla inglesa, y ello se debe al renacimiento de una
técnica que dista mucho de la empleada hace unos decenios. En la memoria de todos están las voces de A.Deller, J.Bowman,
H.Ledroit, R.Jacobs, J.Kowalsky, etc. Son los grandes maestros, entre
muchos otros que sería injusto no citar, que han abierto camino
a los que hemos venido detrás. La formación técnica de un contratenor es fundamental,
como en cualquier otra voz, pero quizá sea especialmente importante
por lo que de delicado tiene esta voz. Antiguamente se abusaba del
uso de la voz de cabeza para todo el registro, por lo cual era necesario
"cambiar" a la voz de barítono a partir de determinada
nota del registro medio-grave. Esas voces eran delicadas, sutiles,
bellísimas, pero de poco volumen. Con el andar de los tiempos,
se ha tendido a formar a los contratenores en la escuela belcantista
tratando esta voz como al resto de las voces. Se trata de conseguir
una tesitura homogénea, sin pasos, con un equilibrio perfecto
entre los recursos de cabeza y los de pecho, ampliando su utilización
para conseguir el mayor brillo y potencia sin detrimento del instrumento. Valga para ilustrar esto último la entrevista que se hizo
a D.Daniels durante su estancia en Barcelona la pasada primavera,
en la que él mismo comentaba que quien quiera considerar la
voz de contratenor como una voz de falsete tiene perfecto derecho
a hacerlo, pero él no podía estar de acuerdo tras haber
visto a través de una cámara laringoscópica cómo
sus cuerdas funcionaban con pleno rendimiento muscular durante el
canto. Hay quien explica el fenómeno físico de la voz de contratenor,
pero como es algo que escapa a mi comprensión, prefiero recomendar
la consulta del libro de R.Regidor Arribas Temas del Canto: la Clasificación
de las Voces, Madrid 1977. No sé si la información es
contrastable o no, pero no me veo capacitado para estar ni a favor
ni en contra. Yo me he formado en Inglaterra, siguiendo las prácticas de
la escuela de Hussler, y mi voz ha sido tratada de igual forma que
las de sopranos, tenores, barítonos, etc. El tipo de enseñanza
a la que he sido sometido parte de la base de que el desarrollo de
los que ellos llaman pure falsetto contribuye en cualquier voz al
desarrollo de los músculos que soportan la laringe y con ello
al del legato, que no deja de ser la base de la escuela belcantista.
Se consigue así una voz de perfecta emisión, plena de
armónicos y que "corre" en cualquier sala, por grande
que ésta sea (sin que ello implique, obviamente, que se engorda
la voz). Poco a poco los contratenores van ganando su lugar en España. Todavía hoy, sin embargo, es frecuente oír cosas como donde esté una buena contralto, con lo cual uno se da cuenta de que aún queda mucho camino por hacer. Los contratenores son una buena opción -no sustitución- para interpretar los roles escritos para los castrati, y afortunadamente es una práctica que cada vez tiene mayor auge. Luis Calero |