|
|
| En la muerte de CARLO GALEFFI; sus últimos días de vida |
|
Aunque no corresponda, ya que éste es el libro de LA LIRICA EN ROSARIO (Argentina) 1885-1910, recuerdo con dolor y nostalgia los últimos días de vida de uno de los más famosos barítonos de la historia lírica, Commendatore Carlo Galeffi. En muchas temporadas actuó en los teatros argentinos, incluyendo entre ellos los de la ciudad de Rosario. Lo conocí en la tienda del antiquario Pietro Petrosémolo alrededor del año 1959, cuando venía de cumplir un contrato como profesor de canto en el Conservatorio Nacional de Ankara, Turquía. Alto, delgado, de aspecto fuerte, cabellos blancos y lisos, era muy poco partidario de la publicidad. Hijo de un suboficial del ejercito italiano de origen florentino, nació en Malamocco, Venezia, el día 4 de Junio de 1884. Presenciando la ópera "L'Africana" sintió que su amor por la música no sería completo sin la ópera. Cuando solo tenía 15 años actuó como comparsa en el Politeama Adriano, en la ópera de Verdi, "La forza del destino", el 1º de Octubre de 1899. Su sencillez, no le permitía aceptar que los amigos del grupo lo llamáramos por su título honorífico. En el momento de ser presentado y manifestando mi nacionalidad, se estableció una simpatía mutua, ya que El siempre recordó los amigos y los buenos años y la cantidad de temporadas pasadas en Argentina. Esta amistad fue acrecentándose a medida que fue conociendo a mi familia, demostrando debilidad por mis pequeños hijos, especialmente por Adriana de cinco años, a la que llamaba "farfallina". Me conmovió su extrema soledad y necesidad económica, por lo que las invitaciones a comer en nuestra casa fueron muy asiduas, siempre fue lento y silencioso hasta los postres, momento en el que comenzaba a bromear con los chicos. Su forma de responder fue la de traer unos paquetitos de caramelos para ellos. Siempre me dió la impresión de una persona tímida, pero sumamente educada y afable. La primera vez que cantó en Rosario, fue en Junio de 1910 en el Teatro Colón con la compañía de los maestros Barone-Padovani e interpretando las óperas, "Aida", "Rigoletto", "Trovatore", "Tosca", "Norma" e "I Pagliacci". Unas dos y a veces tres días por semana nos reuníamos en la tienda de Pietro Petrosémolo, en Roma, donde sin que nadie se lo hubiera propuesto, se organizaban unas tertulias por demás interesantes. Reuniones bohemias.... puramente bohemias....¡Que lindas e interesantes....! En una de las visitas que realicé a su casa, en Via Margutta, descubrí un cuadro de tamaño natural donde Don Carlo fue pintado con la vestimenta del Barbiere di Siviglia. Trabajo me costó convencerlo para que posara junto al cuadro, mientras yo le hacía una fotografía. Hoy la guardo como un preciado tesoro, publicada en este libro. El Sábado 16 de Septiembre de 1961, me llama Pietro Petrosémolo para informarme que Galeffi había sido internado en el Hospital San Giacomo, que no dejara de visitarlo ya que su estado era malo y los médicos daban pocas esperanzas. Supuse que por ser Domingo lo visitarían sus familiares, por lo tanto dejé mi visita para el Lunes, pero con tan mala suerte que equivoqué el horario y llegué tarde. El Martes y dada la gravedad del enfermo no me dejan entrar, pero expuse la sugerencia de Petrosémolo afirmando ser un pariente de provincia, convenciendo con este argumento a la Jefa de Recepción que permitió la visita. En la habitación ya se encontraban sus sobrinos Riccardo y la hermana de éste y el Dr. Vianello, amigo de la familia. Los hermanos estaban trenzados en una conversación por demás animada, que se oía desde fuera. Los temas eran variados y versaban alrededor de su tío, incluyendo la parte económica. La conversación fue convirtiéndose en discusión. Llegó Dobrovich, amigo de Galeffi y asistente a las tertulias, quien por la confianza con los hermanos puso un poco de orden. Riccardo se me acercó en plan justificatorio y sin que yo abriera boca, comenzó a contarme los antecedentes de la enfermedad de Don Carlo y el anterior internamiento en el hospital San Camilo. Posteriormente la hermana de Riccardo continuó hablando con Dobrovich, con el General Menozzi, también del grupo y con los que llegaron más tarde Giorgio y Gilberto Mazzi, actor de teatro y que en su juventud, dejara sus estudios para hacer de secretario a Galeffi. Al atardecer volví nuevamente al hospital y se encontraban el General y un cuñado de Galeffi, quienes le hacían compañía. Aunque Don Carlo no puede hablar sé que me ha reconocido, vi en sus ojos un brillo que no es el de una persona perdida. Hay que adivinar lo que desea, agua, hacer una necesidad o que lo cambien de posición. Todos nos esmeramos por atenderlo. Su cuñado se queda esta noche. El Miércoles muy temprano estuve en el hospital, y ya se encontraba el Dr. Vianello, quien le sostenía el brazo evitando lo moviera después de la colocación del suero. A media mañana lo hizo el General, detrás Giorgio, Mazzi, Bea y un compañero de Galeffi de cuando hicieron el Servicio Militar juntos, llamado Salvatore. A las 11 hrs. uno vestido de blanco, vocifera sin la menor consideración para los enfermos, "todo el mundo fuera", orden prepotente expresada por uno de los ayudantes de su "excelencia", ya que efectuaba la visita a los enfermos el "todopoderoso" Primario, Dr. Sposito. Las pocas palabras exprimidas lo demostraron pedante, engreído, mal educado y prepotente. Terminada la visita de muy pocos minutos, el Dr. Vianello alcanza en el pasillo al Dr. Sposito y le pregunta por su tío. Le contestó poco menos que a los gritos sorpresiva e inesperadamente, tanto que Vianello no llegó a reaccionar. Mientras Sposito llamaba a su asistente decía, "yo no estoy aquí para explicar a los parientes uno por uno la enfermedad o el estado de cada paciente, no puedo perder el tiempo con estas cosas", para terminar su odioso gesto con una frase sentenciosa "a ese es mejor darle la extremaunción". Jamás había oido semejante cosa y eso que todos estábamos dentro de la habitación. Desgraciadamente Galeffi estaba mal, pero no era sordo, lamento que lo haya oído. El Jueves 21 llego y veo que en la habitación no hay nadie, evidentemente los parientes no se habían puesto de acuerdo. Aparentemente dormía, me enteré que la noche anterior le habían hecho una transfusión de sangre. Al poco tiempo despierta y de los escasos movimientos que podía hacer, destacaban sus ojos. Parecía querer algo. Tenía deseos de beber. Intento darle un vaso de leche que vi en la mesita y el enfermo de al lado me avisa de que es del día anterior. . Le doy un zumo de frutas que bebió con avidez. Tuve la impresión de que sus ojos sonreían. Me invadió una gran sensación de dolor, de solo pensar que posiblemente no bebía nada desde ayer. En el interín llegó su amigo Salvador. cuya conversación siempre versaba sobre lo mismo, el agradecimiento hacia Don Carlo por su amistad y las veces que lo había ayudado. Debo irme, ya no puedo esperar a alguno de sus parientes, se queda Salvador. Le cojo una de sus manos a Don Carlo, mientras como siempre y en broma le digo "hasta luego Commendatore". Con gran sorpresa de mi parte y esfuerzo por El, observo que saca la mano derecha de la cama y la levanta hasta donde puede en señal de respuesta. Cuando salía, no se me ocurrió pensar que Salvatore y yo seríamos los últimos en verlo con vida. Por la tarde ya no conocía a nadie, estaba en coma. El Viernes por la mañana encuentro en la habitación a la señora Batisti, amiga de la familia, quien demostró mucha práctica en tratar enfermos. Más tarde llegaron el Dr. Vianello, la sobrina, el General y Mazzi, quien se retiró impresionado por el estado de Galeffi. La resistencia ya no existía. Nos retiramos con el General con la intención de volver pronto y relevar a los que se quedaban. Esto fue sobre las 15 horas, el barítono Commendatore Don Carlo Galeffi había dejado de existir a las 14,20. El Dr. Vianello y Riccardo se dedicaron a los trámites relacionados con el fallecimiento. Mientras su sobrina siguió comentando pasajes de la vida de su tío, cuando lo cogió el bombardeo de Nápoles, la operación del año 1954, su internación en el manicomio, como en el San Pietro della Cassia. Cuando se lo llevaron los sobrinos fueron a la empresa fúnebre, mientras el General, yo y Mazzi fuimos a Correos para mandar varios telegramas, incluyendo uno para el Teatro Colón de Buenos Aires. El Sábado 23 nos encontramos varios en la capilla, allí había dos personas que yo no conocía. Don Carlo tenía puesto un traje de calle, sobre una simple camilla. Lo rodeaban seis candelabros de una bombilla cada uno, enfrente del altar. Todo de una simplicidad y pobreza franciscana, que golpeó a nuestra vista. Pensar que así terminó en muerte, quien en vida disfrutó de gloria. No le quedó nada, miseria, muy pocos parientes y algunos amigos incondicionales. El Domingo 24 a las 10 de la mañana se celebró el funeral con misa en la Iglesia de San Giacomo al Corso. En la capilla nos encontramos los de siempre, pero en la iglesia con el agregado de varios más. Con el cortejo delante y a pié dimos una vuelta a la manzana hasta la iglesia. En total unas 40 personas. El sacerdote dijo unas muy bonitas palabras sobre Don Carlo y en la puerta y delante del cajón, el tenor Manurita en nombre del ambiente lírico, leyó una breve serie de elogios sobre la vida artística y valores humanos de Galeffi. Una vez el féretro en el furgón, comenzaron los comentarios y las excusas. Unos por tener compromisos, otros por falta de medios para desplazarse. Verdadera desolación me produjo, el ver que ni siquiera la mitad de los presentes lo acompañaríamos hasta su última morada. Giorgio no iría porque estos actos lo deprimen mucho, demasiadas veces lo dijo como para no ser oído, De Michelis no podía ir, Petrosémolo no tenía con quien ir, aunque tampoco hizo mucho esfuerzo por conseguirlo. Finalmente accedió a acompañarme, encontrándonos allí con el disminuído grupo bohemio. Escribo estas líneas con mucho dolor, gran decepción y mayor disgusto, al comprobar lo poco que se valora al ser humano, cuando ha pasado la gloria, se es viejo, pobre y casi sin familia. ¡Que ingratitud!..... ¡Como se les llenaba la boca a todos....! ¡Como se hinchaban de vanidad....! recordando mil detalles que pudieran demostrar a los demás, esa "amistad" en vida con Galeffi! Así desapareció el que fuera una de las más grandes glorias de la lírica. Olvidado por aquellos a quienes honró con su amistad y ayudó economicamente, mientras pudo. Recordado por aquellos a quienes deleitó durante tantos años con los brillantes sonidos salidos de su garganta. Descanse en paz querido amigo. "Consolatevi con me voi tutti che me eravate tanto cari. Io lascio un mondo di dolore per un Regno di pace".(Santa Caterina da Siena) "¡Cuan poco tiempo basta para cambiar todo! ¡Naturaleza de serena frente, como sembráis en todo el olvido!" (Victor Hugo) "Ingrato es quien niega el beneficio recibido; ingrato quien lo disimula; más ingrato quien no lo devuelve; y más ingrato que todos, quien se olvida de él". (Séneca) Roberto Di Nóbile Terré |