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| Cerrando y abriendo los ojos |
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A decir verdad apenas sabría decir por qué hoy he decido hacer así las cosas. Lo he hecho antes de pensarlo. He cerrado los ojos para contemplar de otro modo la fotografía del teatro Campoamor rejuvenecido colgada de la pared opuesta a mi escritorio. Aunque la fotografía parece sacada más bien para mostrar la obra del alcalde de Oviedo que para el sobrecogimiento de la emoción. Pero veo la zona del anfiteatro. Me basta. Y todavía, cerrando los ojos, puedo ver, a la manera de un milagro, el pasado como la cosa más presente del mundo. Ese palco ciego se llena de luz. Siempre he tenido esta suerte: en este palco parece haberse detenido la luz. Toda visión se vuelve a aclarar. En momentos como éste, ese adolescente que acompañaba a Manolo, cerraba los ojos para ver más, para satisfacer toda fantasía, para contemplar a Gianna d´Angelo de mil maneras. O tal vez no pretendía eso en primer lugar. Pero sin duda estaba convencido de que la brillantez del Campoamor era aún mayor para Manolo, que era el más entendido de todos. " Todo hombre necesita una máscara. Los poderosos son grandes comediantes: presentan sus pertenencias, sus éxitos, o el brillo de su imagen, no su interior. Sólo los que no tienen careta, podrán encontrarse consigo mismo, o con Gianna d´Angelo". No sé por qué llamaban "ciego" a aquel palco. El adolescente aún permanece inmóvil con las manos pegadas a los ojos. Las temporadas de ópera mateínas se han alargado, es verdad. Y por eso en él aún se nota todo el frenesí de las fiestas. Dentro del treatro Campoamor es mucho más evidente el nerviosismo que estos los días le ha llevado errante. Sólo cuando todo el mundo haya encontrado el sitio, pondrá fin a ese intenso latir de su corazón. Para escuchar con qué gusto desde el mismo éxtasis de Manolo. Su amigo era un ciego que rebosaba sabiduría y pasión por la ópera. Percibía lo oculto y escuchaba lo espiritual. Delirio terrible. A su lado, el adolescente está convencido de que nadie estos días es tan feliz como él. El adolescente lleva la corbata que le ha prestado Manolo, escondida hasta las cercanías del Campoamor. Era todo un lío, pero era por otra cosa y no un engorro. Sus amigos se reirían al verle con corbata, o no darían fe a lo que veían sus ojos tan extrañados. Pero él no puede dejar a Gianna d´Angelo en mal lugar. Con la pobreza resultaba más fácil poner su yo en cada cosa, recuperar su capacidad de amor en cada instante. De ello está muy seguro. Y cuando no se encuentra capacitado para dar un nombre a un sentimiento, Manolo se adelanta a simplificar la dificultad: " No hay felicidad de siempre, que no es felicidad, sino momentos de felicidad. Pero no te quedes extasiado ante ella: sería quedarte como muerto. Nunca temas que tu pequeña felicidad de hoy no la puedas encontrar mañana en otra parte". Llegado el momento, es otro el mundo tanto en el escenario como en el palco. Desde el momento en el que Gianna d´Angelo aparece, todo danza ante los ojos del adolescente. Manolo no puede mirar alrededor y distraerse ya que va siempre a lo esencial. Está allí, quieto, silencioso, durante toda la representación. Porque para él es como estar en Misa. Pero nunca se siente aprisionado en la incomunicabilidad de la prisión de su ceguera. Y el misterio radica en que todo aquel espectáculo no es tan irreal como parece. Escuchan y callan para grabar en su interior, para poder escuchar luego a Gianna d´Angelo en su propio corazón. Pero para ninguno de los dos Gianna d´Angelo es su único mundo. Al final de cada acto, y antes de que los expertos lleguen a que Manolo les confirme en la buena marcha de la función, siempre le saca del bolso las avellanas que le llevaba y que tanto le gustan. ¿Qué puede ser el amor si nada tiene que ver con el afecto o el cariño? El amor a la música, o se transmite personalmente, no se transmite en absoluto. Como dirían los escolásticos, todo lo que escuchan es escuchado según el modo del que los escucha. Los expertos siempre son inoportunos. Y, como Gianna d´Angelo, echan de menos la sencillez y no quieren ser diletantes ni especialistas. Gianna d´Angelo huía del agobio de los expertos. En el Campoamor, sólo había para ella el lenguaje de la música, la expresividad , la emoción, la belleza. Pero es hoy la primera vez que me asombro de que el adolescente cierre también sus ojos. Es evidente de que por mí han pasado los años y que todas mis sombras se alargan. Tal vez haya acertado no reduciendo la música a una devoción privada o a un acto casi supersticioso. Gianna d´Angelo ha venido no para quedarse en el Campoamor, sino para permanecer en nuestro corazón. Estoy seguro de que este adolescente busca fuera de sí sin salir de sí mismo. Es mejor que no le moleste, pues cualquier discurso que le dijese congelaría el deseo. Mejor que siga en su emoción. Si ahora abriera los ojos, sin duda los tendría enrojecidos. Para mí, hombre mayor, Gianna d´Angelo es un don que ya en el Campoamor no me espera. Supo enfadarse ante la inhumanidad de algún genio. Bastianini lo agradece desde la otra vida, como Pavarotti lo hace en sus Memorias. Supo ser ojo atento al brillo de cada instante pero también a las carencias de ese adolescente. Disfrutaba de la música porque toda su vida era música y veía toda su vida en una sola pieza musical. El buen humor, la dulzura, la serenidad y la paz más que virtudes, eran manifestaciones de la realidad, nacían de su concordancia con la realidad. La globalización tan sólo es la de la hipocresía y de la frivolidad. La aldea global tal vez no pase de ser una frase más o menos acertada, pues lo que vemos son la incomunicación y la agresividad tan tribales en la gran urbe. No quiero que lo invisible se adueñe de mi realidad ni que la locura se instale en mi pensamiento. Es verdad que son muchos los jóvenes sensatos que hay en esta página Web La Opera y de los que tantas cosas aún tengo que aprender. Pero bueno es que vaya pensando en un pueblo de Asturias, como en Novellana por ejemplo, donde la ópera sea mi carta de navegación por el mar de mi vida. Para poder tener en mi los sentimientos que ese adolescente tiene en Gianna d´Angelo. Ceferino F. Suárez de los Angeles Cefs0000@fresno.pntic.mec.es URL: http://www.geocities.com/cefs0000 |